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Rol Pirata: Season 2

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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por Ayashi el Sáb Jul 30, 2016 12:20 am

Zeink liberó a Luka de su agarre tan pronto como estuvieron fuera de la habitación, analizando al resto detenidamente y tomando notas internas del cambio de ánimos de todos. Se retuvo de hacer una mueca al ver el estado en que se encontraba Kaoru, habiendo confirmado sus primeros temores de que el albino no podría soportar bien toda la situación y que, literalmente, se estaba derrumbando. Sin embargo, ahora era muy tarde para echarse hacia atrás y no podían simplemente tomarse el tiempo para sacarlo de ahí.
Su atención se volvió a Isabel tan pronto la escuchó hablar más no tuvo tiempo en decirle nada.
-¿Y exactamente como pretendes terminar todo? -escupió Luka con evidente sarcasmo -. A menos que mágicamente sepas como derribar la maldita barrera…
El neko sabía que era la rabia y el miedo lo que hacían hablar al rubio, la enorme frustración que le embargaba en aquel momento de extrema necesidad, y por eso mismo le hizo callar con la mirada antes de que siguiera despotricando sin parar.
Luka cerró la boca en el mismo instante en que notó la advertencia silenciosa de Zeink, soltando un bufido exasperado pero obedeciendo sin más mientras apartaba la vista. Entendía perfectamente que la situación era apremiante y que no podían perder el tiempo discutiendo, pero eso no controlaba ni calmaba la furia que sentía.
-Esa barrera y la imagen deben de tener algún punto débil, un desperfecto que los haga distinto del original –dijo Zeink, mirando al resto -. Piensen ¿Notaron algo extraño mientras estaban dentro? ¿Alguna disparidad? –frunció el ceño mientras hablaba, escuchando lo que sucedía dentro de la habitación.
El rubio resumió brevemente lo que había visto antes de guardar silencio nuevamente y concentrarse a media en lo que decían los demás, parte de su atención puesta en la habitación. Percibía las voces en el interior y, aunque apenas podía distinguir lo que decían, lograba reconocer a quien le pertenecía cada una.
Por eso, cuando minutos después escuchó a Haniah gritar desde el interior, no lo pensó siquiera dos veces antes de apresurarse de vuelta en la habitación, ignorando el llamado de Zeink de que permaneciera donde estaba.
La imagen que vio entonces terminó por hacerlo estallar.
-¡MALDITO COBARDE! ¡ALEJATE DE ELLA! –gritó golpeando con todas su fuerzas la barrera mientras veía como se desarrollaba todo frente a sus ojos.
Los golpes contra la barrera se sucedían uno tras del otro, los músculos del brazo del hombre tensos por el la fuerza infringida. La mirada del rubio estaba fija directamente en aquel pirata que atormentaba a Haniah, siendo centro y origen de toda la furia que le carcomía por dentro.
En aquel momento nada más le importaba.
-¡Voy a matarte, hijo de perra!

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Ayami se detuvo al borde del bosque en cuanto tuvo la casa en su campo de visión, sus ojos morados repasando rápidamente en sus alrededores como para asegurarse, instintivamente, de que no hubiese nadie cerca para verla aparecer junto con la enorme esfera de fuego.
El lugar estaba tan desierto como lo imaginaba.
Se apoyó entonces de un árbol mientras visualizaba mentalmente todo lo que estaba ocurriendo en el interior de la casa gracias a Hiei. La mera imagen de lo que aquel rubio pirata le estaba haciendo Haniah le daban náuseas.
“Tu colega pirata parece divertirse mucho…”
Ayami golpeó el tronco del árbol con fuerzas.
-Ahórrate tus malditos comentarios –exclamó.
Tan solo recibió las macabras risas del demonio como respuesta. Decidió ignorarlo y concentrarse en lo que sucedía dentro, pensando con rapidez en la mejor manera de hacerles saber al resto cual era la habitación donde se encontraba Haniah.
Se fijó nuevamente en la esfera a su lado, sintiendo el calor emanar de ella mientras figuraba su siguiente paso, sabiendo que si quería alcanzar a Shisui antes de que fuese demasiado tarde, debía de decidirse ya.
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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por Akane el Sáb Jul 30, 2016 11:09 pm

Se estaban quedando sin tiempo. Si no era que ya lo habían perdido.
Parecía una maldita broma. Como si lo hubiesen hecho a propósito solo para seguir jugando con ellos.
Isabel no llegó a responderle a Luka cuando le habló de esa manera, terminando por tener que tragarse el comentario que había estado a punto de soltar. Pero sin poder evitar una profunda mueca de disgusto mientras fruncía el ceño.
El ruido del interior de la habitación la tentaba a volver adentro. A voltear, dejar a Kaoru con el resto y volver. Y más soportaba no hacerlo, más inquieta se encontraba. Sabía que hacer ello no iba a traer ningún resultado, solo satisfacción a sus enemigos. Intentó concentrarse en la pregunta que Zeink les había hecho, pensando en algo que tal vez ella había logrado notar.
Bajo la mirada por un momento, casi cerrando los ojos para poder concentrarse mejor.
Kaoru seguía llorando a su lado, y se encontraba realmente nervioso y confundido. Se sostenía de Isabel para no caerse, y simplemente porque no tenía mucha idea de qué más hacer. Los miraba a todos una y otra vez, sin nada qué decir y pidiendo ayuda con la mirada. Ni siquiera él sabía sobre qué estaba pidiendo ayuda.
El ruido del interior lo hizo sobresaltarse, y no entendió ninguna palabra de lo que se estaba diciendo en las habitaciones. Miró hacia Matt una vez más, y el hombre de nuevo no le devolvió la mirada. Por un lado, parecía estar más concentrado en el suelo que lo que sucedía a su alrededor. Mientras que por otro, realmente parecía estar pensando en una solución.
Y luego ocurrió el grito.
Matt alzó la cabeza de inmediato, mirando a los demás y llegando a ver cómo Luka se apresuraba a volver a entrar al cuarto. Y escuchando levemente cómo Kaoru gritaba casi al mismo tiempo que Haniah, llevándose las dos manos a los oídos. Pero como con los segundos pasando, empezaba a mirar a todos con una ligera sorpresa y terror en sus ojos.
Kaoru se apartó un poco torpe pero rápido de Isabel, quien no tardó en mirarlo al no entender qué era lo que pretendía. Pero el hombre no tuvo en mente dar una explicación o siquiera avisar sobre qué era lo que quería hacer. Reaccionó casi al mismo tiempo de Luka, tardando un poco más gracias a sus movimientos lentos y nerviosos. Con un distinto objetivo, pero aun así yendo a enfrentarse a la misma imagen.
- ¡HANIAH!
Su nuevo grito apareció al mismo tiempo que entraba de nuevo al cuarto, comenzando a correr hacia dentro. Solo quería llegar hacia ella. Pero su corrida pasó a ser más rápida hasta ralentizarse cada vez más cuando sus piernas no quisieron seguir haciéndole caso. Flaquearon, y Kaoru intentó mantenerse parado y continuar con su camino, pero no pudo seguir más.
Cayó de rodillas al suelo, y nunca paró de llamar a su amiga.
Pero aun ahora que podía ver directamente que Haniah seguía viva, no creía que iban a poder salvarla.
Su llanto se hizo más fuerte, y sollozaba entre las llamadas hacia su mejor amiga. Ya no podía más.
La tenían tan cerca, pero a la vez tan lejos.
El llanto y los gritos de Kaoru llegaron a los oídos de Isabel perfectamente. Estuvo a punto de seguirlo y detenerlo, pero hacer eso solo iba a hacer que perdieran más tiempo. Profundizó su mueca que no había podido abandonar, y mostró levemente los dientes para intentar contener un nuevo gruñido.
Pero con el tiempo corriendo, se obligó a suavizar la mirada y a cerrar los ojos. Inhalo profundo, y contuvo el aire. Tan solo les debía de quedar segundos.
Intentó pensar y escuchar con atención. Tenía que haber algo.
Alguna diferencia en el sonido. Que se escuchara más fuerte en una habitación que en otra.
Una distorsión en la imagen. Tal vez el movimiento era más lento en una habitación que en otra.
Algún reflejo. Algún borde.
Por más mínimo que sea, debía de haber algo.


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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por susie el Dom Jul 31, 2016 7:55 am

Max sentía que las emociones negativas que habían terminado por sofocarlo desde hace unos minutos ahora habían pasado a formar parte de él. Pálido como el papel y sudando debido a los nervios que se habían disparado tras las palabras de Bleef, Max miró a Shun.
Si Matt había sido el primero en aquella casa en negar lo que Bleef había dicho, Max había sido el primero en negarlo acá en la posada. Max, sin duda alguna, pensaba que Bleef trataba de hacerlos perder la cordura o, en cualquier otro caso, utilizaba la palabra hija de la misma manera en que utilizaba la palabra chiquillos para referirse a personas que no cumplían, en lo absoluto, con esa característica.
Envuelto en pensamientos que giraban dentro de su mente con rapidez, Max tardó un poco en procesar la información que Midori les había proporcionado a tan sólo unos segundos de que Bleef guardase silencio. Max se percató de un breve y fugaz alivio asomándose en su interior gracias a la idea de esos horribles piratas siendo abandonados a su suerte por alguien en quien habían confiado sus vidas, mas esa sensación se apagó con la misma rapidez con la que se presentó al ver la expresión de Shun.
De no haberlo conocido tan bien como lo hacía, o de haber tardado unos pocos segundos más en voltear a mirarlo, Max no habría podido notar nada en él.
Tan rápido como la llegada y marcha de su propio alivio, las facciones del rostro de Shun se habían tensado.
Un breve instante que dejó saber a Max la sorpresa que la revelación de Bleef había provocado en su hermano, pero que le permitió saber cuál era el origen de esa sorpresa. La noticia en sí no lo había afectado, y no era porque no creyera en ella. Era porque ya sabía aquello pero no había esperado que los demás se enterasen.
La expresión de su hermano aclaró todas sus dudas, pero él se negó a reconocerlo.
Max lo miró girarse hacia él y recuperar un rostro tenso por la situación en sí y no por las palabras de Bleef.
Entonces escuchó a Jade, y se percató de que ella los veía atónita.
—¿Haniah es hija de Cuello de Or… Bleef?
Max tenía su ceño fruncido, Shun parecía no saber qué decir.
Ambos hablaron al mismo tiempo.
—No —dijo Max.
—Sí —dijo Shun.
Y Max escuchó a uno de los agresores seguir hablando, dirigiéndose esta vez hacia su hermana. No respondió a King de la misma manera en que no había respondido a Midori.
Max miró a Shun, y después a la ventana.
Hirvió en furia de una manera en la que jamás pensó que pasaría.
Deja de tocar a mi hermana, pensó, déjala en paz.
Avanzando con torpeza, Max estuvo a punto de tirar por error a Midori del marco de madera que envolvía a la ventana. Negó en su interior tanto como pudo.
No pudo oír a Shun estallar como pensó que habría hecho en esa situación, pero no tuvo que pensarlo más de una vez para darse cuenta de que su hermano estaba envuelto en una situación que no le permitía reaccionar.
Para Max, Shun no sabía si tenía que hacer algo para calmarlo a él ahora que no podía hacer nada por su hermana.
La impotencia que Max supo que se había apoderado de su hermano mayor, del hermano que siempre le había brindado una solución o un consuelo en cada situación de su vida, hizo que él se sintiera al borde de la desesperación.
Bleef volvió a hablar, y la noticia que Max se había negado a reconocer incluso después de la afirmación de Shun finalmente se volvió real para Max. Real no porque se sintiera como tal, sino real porque la estaba reconociendo.
Max notó por el rabillo del ojo a unas personas abandonar sus hogares para ver el espectáculo macabro, no encontraba otra manera de llamarlo, para poder mirar mejor. Un instante después, el pelirrojo giró de golpe hacia Shun, apartando brusca e inmediatamente la mano que este justamente había colocado sobre su hombro.
—Shun, por favor, explícame qué está sucediendo —exigió, sus grandes ojos brillando por el llanto contenido—. ¿Por qué ese hombre dice que Haniah es su hija? ¿Cómo puede decir eso de nuestra hermana? ¡No tiene ningún sentido!
Si el menor de los pelirrojos había asegurado que la impotencia estaba abrazando a su hermano, ahora mismo podía verla.
—Max…
—No es lógico —siguió él—. ¿Mamá estuvo con Bleef? ¿Estuvo con él mientras estaba con nuestro padre? ¿Se enamoró de ese asqueroso pirata? —Max no quería hablarle de esa manera, pero no pudo hablarle de otra forma—. ¿Por qué no luces sorprendido? ¡¿Haniah y tú sabían sobre esto?! —se alejó involuntariamente y terminó dirigiéndose hacia el extremo opuesto de la habitación, los gritos de Haniah helándole la sangre y haciendo que se detuviera y regresara rápidamente—. Por el amor a Dios, Shun, ¡explícame cómo nuestra hermana puede ser la hija de ese monstruo!
Max iba a continuar hablando incluso después de llegar al sitio en el que había estado antes, pero fue detenido por Shun, quién liberó nuevamente un brazo del agarre de Kyo para poder dirigirlo hacia él.
Max miró a su hermano mayor, pero no encontró al hombre que tanto admiraba.
—Max, no es lo que tú piensas, puedo jurarte que nuestra madre jamás traicionó a nuestro padre.
—¿Entonces cómo es posible?
Jade soltó una exclamación en ese momento, entendiendo por completo lo que había sucedido.
—Bleef la obligó —murmuró, soltando de golpe sus palabras, sin poder sacarlas exactamente de la forma en que se habían originado dentro de su cabeza por la cruda realidad que representarían para el menor de los pelirrojos.
Aun así, Max entendió al cabo de unos segundos.
No apartó la mirada de su hermano, pero escuchó la voz del pirata rubio humillando a su hermana.
Una sonrisa llena de amargura e ira se instaló en su rostro.
—Eso no puede ser cierto…, ¿o sí, Shun?
Shun, al verlo, entendió perfectamente porqué toda su familia le había ocultado la verdad a su pequeño hermano menor.
Shun creyó que habría dado su vida con gusto para evitar que él se enterase.
Pero ahora, gracias a esa estúpida situación, no podía negarle lo que hasta el Aurum entero había escuchado.
Shun no lo soltó, pero tampoco lo abrazó aunque quiso hacerlo.
—Lo lamento, Max —dijo—. Es cierto.
Max finalmente entendió la razón por la que su familia siempre había odiado a los piratas.
Y aunque quería obtener todas las respuestas en ese momento, se interrumpió al escuchar la estruendosa voz del pirata rubio.
Girando la cabeza con lentitud, observó hacia la escena que se desarrollaba en el cielo.
Miró a Bleef y después a Kaoz.
Sólo Dios supo cuánto quería, cuánto necesitaba, verlos muertos.

:::::

Esta vez Haniah pudo reconocer perfectamente las voces que se producían en aquel oscuro lugar. Escuchó también los golpes que parecían impactarse contra una pared o algo bastante sólido y sintió el nudo apropiarse de su garganta.
Mirando solamente un poco más arriba, Haniah vio a Kaoz tomar la pequeña bolsa en la que ella había guardado casi todos los obsequios que Luka le había dado. Giró la cabeza porque no quiso ver cuando el pirata comenzó a destrozarlos.
Entonces finalmente vio a los dueños de aquellas voces.
Luka ardía en rabia, creyó, y Kaoru estaba aterrado.
Los miró tan cerca de ella y a la vez tan lejos como lo habían estado Max e Isabel en aquella calle del pueblo donde Bleef y Daván la habían dejado inconsciente.
Haniah no pudo sentirse culpable por llorar esta vez, y simplemente sintió que comenzaría a llorar más.
Quiso preguntar por Shisui, y quiso que le dijeran que lo habían encontrado. Pero también quiso encontrar las palabras adecuadas para calmarlos.
A su manera, ambos estaban fuera de sí.
Y ella también lo estaba.
Escuchó la voz de Kaoz haciendo una referencia hacia la tiara que había encontrado dentro de su bolso. Después lo escuchó hablar, provocar prácticamente, a Luka.
—Manos filosas, no deberías amenazarme cuando soy yo y no tú quien está tan cerca de Haniah. Podría lastimarla más, incluso matarla, sólo para hacer que te tragues tus palabras.
Haniah no notó a Bleef acercarse a Luka hasta que no logró verlo parado frente a él.
Separados por tan sólo unos centímetros.
—Estoy un poco decepcionado… —dijo Bleef sin la usual sonrisa en su rostro—. No estás furioso porque hemos herido tu orgullo como pirata al tomar a alguien de tu tripulación. Estás furioso porque aprecias a tu tripulación; porque la quieres —aseguró—. Después de enseñarte especialmente a ti a no interesarte y a no confiar en tus compañeros, vienes aquí a perder los estribos porque estamos jugando con la mujer que…, intuyo, probablemente amas —se aventuró a decir, guiándose completamente por el instinto de un pirata que había aprendido con los años a reconocer los sentimientos y emociones en los demás con tan solo mirarlos. Finalmente sonrió, pero no había aprobación en la curva que sus labios formaron—. La ironía es grande y frustrante, te has enamorado de la hija de aquella mujer de la que te conté: De la perra que me mandó a prisión con ayuda de su esposo.
Haniah recibió aquellas palabras como un nuevo dolor y como una voz en su cabeza alertándola. Ella no sabía que Luka conocía a Bleef, no lo sabía… Y el rumbo de aquella conversación lo vio tan claro como el agua.
Bleef continuó hablando.
—Te has enamorado de mi hija. De la pequeña bastarda que esa mujer se atrevió a tener después de que yo…
—¡Por favor, para! —le interrumpió Haniah, negándose a dejar que terminara su frase y aterrada por el simple hecho de haber escuchado que la llamase su hija frente a Luka y, ella no lo olvidaba, frente a Kaoru.
Bleef, esperando que ella le detuviera, finalmente demostró cierta satisfacción en su sonrisa.
—Puedo concederles cinco minutos más, he notado que no han podido organizarse —añadió él. Lo miró un instante más antes de apartarse y dirigirse hacia Haniah—. Si nadie adivina en los próximos minutos, será mejor que pienses en tus palabras de despedida.
Raphael, todavía quieto en su lugar, la miró temblar. Se mordió el labio con impaciencia y retrocedió un poco más hasta que su espalda finalmente tocó el lugar donde las dos paredes formaban su esquina.
Los minutos pasaban y sentía que Daván no aparecería jamás y, aun peor, sentía que el Aurum no iba adivinar exitosamente el paradero de Haniah.
Y él no sabía qué hacer, porque sabía que si él creaba una barrera más pequeña y la dejaba a ella afuera, sería el mismísimo Kaoz quien le matara. Pero, si dejaba que Kaoz o Bleef mataran a Haniah, el Aurum acabaría con él.
Sin la ayuda de Daván, Raphael no creía que fuese a encontrar la manera de salir vivo de allí.
Raphael miró hacia la pared, asustado, y alcanzó a ver de reojo a Kaoz dirigirse hacia Luka.
Raphael sabía que el rubio y Bleef sabían quién estaba realmente frente a ellos porque los había visto detenerse delante de la barrera, apenas separados por unos pocos centímetros.
Incluso si no hubiesen tenido el olfato de un neko ayudándoles, al estar dentro y tan cerca del invisible muro, ambos ya deberían haber reconocido la silueta de alguien más clara que la de los demás.
Raphael supo que podría invertir esa cualidad y hacer que el Aurum, estando afuera, también pudiera notarlo si se acercaba lo suficiente.
Todos, menos quién estuviese frente a ellos, los vería ligeramente borrosos, como si ellos realmente no estuviesen allí.
—Así que tú también estás enamorado de esta mujer —escuchó a Kaoz, provocando nuevamente a Luka, irritado ligeramente por la amenaza que le había hecho—. Al parecer mi princesa es un poco popular entre los piratas… Shisui nos abandonó porque estaba enamorado de ella y…, ¿has leído la carta de ese hombre llamado Alex? —hizo una mueca que pretendió demostrar el lío en el que Luka se había metido—. Me pregunto si alguien le habría escrito tremenda idiotez si la hubiese visto justo ahora —le sonrió de manera cómplice mientras la señalaba—. Sinceramente, una mujer que, si es que logra sobrevivir, tendrá cicatrices tan horribles en todo su cuerpo ya no debería ser considerada una mujer… Sabes algo, manos filosas, deberías marcharte, estás a tiempo de abandonarla aquí y buscar mujeres que sigan siendo hermosas.
Kaoz se alejó de Luka, ignorando cualquier cosa que él podría decirle ahora y manteniendo su mirada únicamente en Kaoru mientras se acercaba a Haniah nuevamente.
—¿Estás asustado, hombre? ¿Eres un pirata? Porque no lo pareces —admitió—. Estás llorando por una mujer como si su vida fuese valiosa para ti. Ni siquiera estoy seguro de que puedas ser considerado un hombre.
Raphael miró a Kaoz agacharse frente a Haniah.
Ella lo miró como si le faltara aire en sus pulmones.
—Princesa, quizás deberíamos… —Kaoz realizó una pausa, mirándola con una sonrisa mientras le tomaba la barbilla para alzar su rostro. Haniah sintió una punzada en su pecho y notó sudor frío recorrerle el cuerpo. Tan mal como se sentía ahora, ver los ojos de Kaoz fue como mirar los ojos de la muerte— matarte.
Si bien ella no lo quiso, su llanto se intensificó al punto de que lo poco que lograba ver se encontraba borroso.
Kaoz soltó una carcajada, como si hubiese tenido la mejor idea que a alguien se le podría ocurrir.
—Sí, hay que matarte, ¿por qué seguir prolongando tu agonía? Bleef ha parecido piadoso al darte cinco minutos, pero creo que cinco minutos más son como el infierno para ti, ¿no es así?
Kaoz la soltó y se apresuró a retirar los cuchillos que había colocado sobre las piernas de ella.
Entonces la alzó con ambos brazos.
Si Bleef pareció querer hablar, fue Raphael quien le quitó la palabra.
—Kaoz, no les has dejado adivinar —intervino el moreno rápidamente, mirando asustado la forma en que la empujaba y la colocaba de espalda contra la barrera.
—Pero yo he sido claro desde el inicio. Y pasaron cinco minutos y no todos volvieron a sus habitaciones. Bleef, con todo respeto, no me importa si les concediste cinco minutos más. Tú inventaste el juego pero yo dije las reglas, y ellos no las han seguido.
Haniah sollozó, cansada y aterrada, sintiendo la mano de Kaoz sostenerla exactamente por el cuello.
Haniah sintió como si todo el mundo estuviese gritando en sus oídos mientras cerraba sus ojos. No pudo emitir palabra alguna mientras era asfixiada.
Entonces él la soltó y la obligó a girar sobre sus tobillos, colocándola de frente contra aquel muro invisible, que sintió tan sólido contra su frente como si fuese realmente una pared.
Haniah se sintió desesperada.
Raphael se acercó a ellos sintiéndose igual.
—¡Kaoz, déjala, por favor! —gritó.
Kaoz alejó un brazo de Haniah y unas finas líneas comenzaron a envolver ese brazo junto a un sonido eléctrico.
—Recuerdas que una vez atravesaron tu corazón… —murmuró él al oído de ella, ignorando a Raphael.
Su oración inconclusa fue terminada por Haniah en su propia mente, y pensó en la peor situación dentro de su imaginación .
Haniah abrió los ojos.
Miró a Kaoru ligeramente borroso.
Y después a Luka, tan claro como si estuviese allí, delante de ella.
—Luka, por favor, ayúdame —rogó.
A pesar del ruido, Raphael la escuchó.
Y guiado por todo su miedo, actuó automáticamente.
A su manera, ella había dado la respuesta, y ella era parte de la tripulación.
Tal y como había dicho Kaoz que debía suceder.
Raphael movió un brazo.
Y, justo cuando las tiras que había creado Kaoz terminaban de engrosarse, la barrera desapareció.


Última edición por susie el Lun Ago 01, 2016 8:42 am, editado 1 vez
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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por Ayashi el Lun Ago 01, 2016 5:21 am

Luka se detuvo apenas vio a Bleef acercarse a él. Sus ojos azules se clavaron con frialdad en su antiguo maestro mientras lo escuchaba hablar, sus manos apretando los cuchillos con furia y rabia contenida. Mantuvo la boca cerrada en todo momento sin querer contestarle o siquiera dirigirle la palabra a su viejo mentor.
Poco le importaron sus palabras o la relación que aseguraba tener con Haniah. En aquel preciso instante si eso era real o no ya no tenía mayor importancia para él, tan solo quería terminar con todo, sacar a Haniah de ese lugar.
Logró mantenerse en silencio incluso cuando notó entonces a Kaoz dirigirse directamente hacia él por igual, aspirando profundamente por la nariz en un intento por no perder nuevamente la cordura mientras le escuchaba referirse a la pelirroja de semejante manera.
No iba a darle el gusto a ese desgraciado de verlo debilitarse o de demostrar miedo.
Claro que, controlarse se volvió aún más complicado cuando se dio cuenta de lo que pretendía Kaoz.
Sus ojos se abrieron ligeramente en cuando lo vio alzar a Haniah, su mano apoyándose instintivamente en la barrera cuando intentó infructuosamente avanzar nuevamente para llegar a ellos. Escuchó un ruido detrás de él y no tuvo que girarse para saber que se trataba de Zeink, sintiendo la presencia del neko con facilidad a pesar de que su concentración estaba puesta por completo en Haniah.
Zeink, al escuchar lo que sucedía dentro entendió inmediatamente que ya se les habían agotado las oportunidades. Se había apresurado a meterse en la habitación detrás de Luka, importándole poco las malditas reglas impuestas, ya el mismo Kaoz había dicho que no valían nada ya.
Observó a la pelirroja ser apoyada bruscamente contra la barrera y su mente de inmediato comenzó a buscar soluciones que sabía no funcionarían. Las cosas simplemente no podían terminar así.
Fue en ese instante cuando notó por el rabillo del ojo al hombre castaño al fondo de la habitación, alcanzado a notar como agitaba su brazo.
Luego de eso, todo sucedió con demasiada rapidez.
-¡Haniah! –escuchó el grito de Luka con claridad.
El rubio golpeo instintivamente la barrera, solo para darse cuenta que su mano pasaba de ella y daba solo en el aire. Apenas y se permitió sorprenderse de este hecho, siendo que al segundo siguiente ya había empuñado con maestría su cuchillo en una mano y, en un fluido movimiento, dirigió su ataque a Kaoz, cortando el brazo del pirata en dos.
Lo golpeo entonces en el rostro con todas sus fuerzas, apartándolo bruscamente de Haniah e interponiéndose entre ellos dos. Volteó a ver sobre su hombro, aliviándose de que Zeink ya había comenzado a moverse al mismo tiempo que él y había atrapado a Haniah en sus brazos antes de que cayese al suelo.
Sabiendo que el neko la mantendría segura se concentró enteramente en Kaoz, tomándole por el cuello de la camisa y estrellándolo con brusquedad de la pared, clavando dos cuchillos en sus piernas de la misma manera en que él había hecho con la pelirroja.
-Intenta matarme a mí ahora –escupió, mirándole a los ojos.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Ayami se sorprendió enormemente por la manera en que se desenvolvieron las cosas.
La peliplateada miró la casa con los ojos abiertos de par en par, como si realmente estuviese la escena frente a frente cuando en realidad estaba a metros de la situación. Tardó unos segundos en recomponerse por completo de la impresión, cerrando la boca de golpe en cuando notó que la tenía abierta.
“Bueno, eso fue rápido…”
La voz del demonio le sobresaltó, obligándola a enfocarse nuevamente en la hoja envuelta en llamas que tenía en la mano, la cual soltó inmediatamente, dejando que se extinguiera.
En medio de su desesperación había implorado a Hiei que creara alguna manera en que pudiese enviar un mensaje a los demás, una forma en que se dieran cuenta de cuál era la habitación correcta. El demonio pronto había cumplido con su pedido pero cuando se estaba preparando para enviar la hoja, Raphael dejó caer la barrera.
Que aquel hombre hiciera eso fue lo que más le descolocó, no habiendo esperado semejante movimiento de alguien parte de sus enemigos.
Sin embargo, ahora los demás tenían pase libre para encargarse de la situación, y Haniah estaba relativamente a salvo con Zeink. Se debatió el que hacer por unos segundos antes de decidir que ya había perdido suficiente tiempo en sitio sin hacer nada.
Esperó a que la esfera de fuego volviera a retomar nuevamente su camino hacia Shisui antes de apresurarse a seguirla.
Esperaba con todas sus esperanzas que los demás pudieran manejar la situación.
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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por Akane el Mar Ago 02, 2016 3:59 am

Las palabras de Kaoz habían sido como una daga.
No por lo que había dicho, o por el significado que podrían traer. Si no por quién lo había dicho.
Él no era valiente. Lo sabía, y lo había asimilado desde hace demasiado tiempo atrás como para que le doliera si alguien venía a confirmárselo burdamente. Pero aquella situación era diferente. Muy diferente. Y que le dijeran tal cosa, por un pirata que tenía en sus manos a Haniah, le hacía ver las cosas de una manera completamente diferente.
Él tenía miedo. El suficiente miedo como para ni siquiera poder pararse. El suficiente miedo y dolor como para no poder parar de llorar.
Realmente era un cobarde. Realmente no podía considerarse un pirata. No podía hacer nada para salvar a su mejor amiga.
Y le dolió en el alma.
Intentó subir la mirada para mirar a Haniah, pero sus lágrimas le borronearon la visión y no lo dejaron ver bien. Oía lo que sucedía y aquello solo lograba hacerlo temblar. Por un momento, sintió que estaba por desmayarse. No podía detenerse, y se volvía un peso insoportable.
Había vuelto a gritar. Y se había encontrado rogando para que no le hicieran más daño a Haniah.
Pero lo que había ocurrido a continuación, había sido demasiado rápido como para que pudiera asimilarlo. O incluso darse cuenta. Demasiado ensimismado en el terror que parecía estar a punto de ocurrir. Gritó con todas sus fuerzas y echó la cabeza hacia adelante cuando creyó que iba a pasar lo peor, sujetándose la cabeza y ocultando su rostro empapado en lágrimas.
Si el silencio había vuelto a ese cuarto, y el ruido se había concentrado en otro lado, Kaoru no se dio cuenta. Sus gritos se volvieron más fuertes y su llanto empeoró, sentía que se lastimaba la garganta y le ardían los ojos, pero eran solo una molestia desinteresada que se había colado en su dolor.
No quiso subir la mirada para ver qué había ocurrido. No quiso moverse de su lugar ni callarse. Estaba convencido que todo estaba perdido. Que la habían perdido.
Sintió cómo alguien lo empezaba a sujetar por los hombros a su lado, y se reincorporó enseguida, queriendo apartarse de inmediato. En su mirar estaba el simple terror que podía ser Kaoz. Si ya había acabado con Haniah, ahora iba a querer continuar con acabarlos a todos. Y él era una presa fácil con la que podía seguir y quitarse del camino rápidamente.
Sin embargo, en vez de encontrarse con aquellos ojos eléctricos, se encontró con unos ojos azules. Abrió levemente la boca, pero el llanto no le permitió hablar.
Matt lo miró sin saber demasiado qué hacer, pero aun teniendo en mente que al menos debían ir con el resto. Se inclinó un poco, y apartó la mirada por un momento hacia la pared cuando escuchó el ruido que estaba ocurriendo en la habitación de al lado.
- Kaoru – lo volvió a mirar, concentrándose en él al menos un instante -, tenemos que ir al cuarto de al lado. La barrera acaba de romperse – explicó, aunque dudando en su interior que el albino estuviera entendiendo alguna de sus palabras –. Hay que sacar a Haniah de aquí. Y todos nosotros tenemos que irnos. Pronto.
Kaoru no respondió enseguida. Mirándolo confundido e igualmente dolido, pero también un poco incrédulo.
- P-pero, - tartamudeó, demasiado alto por cómo se encontraba y dificultándose en encontrar las palabras para decir – si H-han…
- Recuerdas la adivinanza, ¿verdad? – lo interrumpió – Haniah está en el cuarto de al lado. Los demás deben de estar haciéndose cargo, pero tenemos que ir ahora con ellos.
El albino frunció el ceño levemente por la incomprensión. Por el ida y vuelta en sus emociones. Por no terminar de entender realmente qué era lo que ocurría.
- Vamos. No perdamos más tiempo – Matt habló de nuevo, y le frotó la espalda un poco como una consolación silenciosa antes de terminar de reincorporarse.
Kaoru lo miró, y luego a la pared que estaba en dirección a la otra habitación. Aun no lograba entender qué era lo que había ocurrido. No podía pensar con claridad. Pero se había empezado a dejar llevar por la idea y la última esperanza de llegar con Haniah.
Se limpió las lágrimas que todavía caían, y se levantó con un poco de torpeza del suelo ante una mirada sigilosamente atenta de Matt. Y los dos salieron del cuarto a un paso apresurado.
En la habitación de al lado, Isabel había entrado sin esperar mucho más tiempo cuando escuchó todo lo que estaba ocurriendo. Empuñando su cuchillo en una mano, y manteniendo en un puño cerrado la otra. Avanzaba hacia la barrera a paso firme, mirando hacia todos lados en la búsqueda de un maldito hueco. Cada vez más furiosa por cómo se había desarrollado todo. Y ansiosa por encontrar una solución en el último segundo.
Entonces lo que sucedió frente a ella pasó demasiado rápido, pero su instinto la hizo reaccionar al mismo tiempo que sus compañeros. La desaparición de la barrera fue clara frente a sus ojos una vez vio a Luka inclinarse levemente más hacia delante de lo que había estado hasta ese momento. E Isabel no tardó en empezar a correr hacia adelante, con un solo objetivo en la mira.
Saltó poco antes de llegar a Bleef, notando por el rabillo del ojo cómo Haniah caía en los brazos de Zeink.
Y con un menos peso de encima sobre ella, no fue lenta ni perezosa en dar una vuelta en el aire y golpear en dirección al pirata. Empujó las ondas que se encontraban en su camino con rapidez, incrementándolas y dirigiéndolas únicamente hacia el pelirrojo. Abriendo levemente el piso por la presión.
Al mismo tiempo que las ondas lo empujaban hacia atrás hasta golpearlo contra la pared, Isabel aterrizó en el suelo y corrió hacia él. Sin querer darle tiempo para reaccionar, se movió rápido y saltó a los pocos metros hacia él, para clavarle con fuerza el cuchillo en el pie y alzar su pierna para presionarle la garganta contra la pared.
Soltó un sonoro gruñido gatuno, y lo miró con furia. Escuchando solo a la lejanía la llegada de Kaoru y Matt, los dos apresurándose en llegar con Zeink y Haniah. El primero llorando a mares, llamando por su amiga nuevamente.
Isabel frunció aún más el ceño, y apretó con aun más fuerza la garganta de Bleef contra la pared.
- Llegó tu hora, - habló - asqueroso parásito.


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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por susie el Miér Ago 03, 2016 6:48 am

Shisui sólo escuchó el sonido del agua correr en el río, pero sintió como si estuviese siendo sumergido dentro de ella sin oportunidad de tomar aire antes de hundirse. Sólo así podía explicar la asfixia que sentía después de lo que había sucedido.
Shisui, en ese preciso momento, supo que había apostado ciegamente en un juego en el que sólo estaba destinado a perder.
Mirando fijamente a Zero, finalmente entendió que lo había dado todo a cambio de nada.
Lleno de incredulidad, el albino sonrió amargamente y se apartó de su hermano mayor. Sus ojos del color de una flama se sentían amenazados por la tonalidad marina de los de su hermano. El agua parecía querer apagar el fuego.
—Tienes que estar bromeando —Shisui se detuvo a unos metros de él y se creyó un estúpido al ver que la situación se había salido de control.
Shisui sintió que comenzaría a llorar de coraje, recordando las palabras que tan ilusamente había dicho a Ayami: «Puedo arreglar esto, puedo arreglarlo…»
Ahora sabía que no iba a poder hacerlo.
Y ante esa revelación, sintió que se hundía.
Shisui giró torpe y desesperadamente sobre sus talones para buscar a Daván, pero ya sabía que no iba a encontrarlo. Él los había abandonado minutos atrás, desapareciendo de un segundo a otro, dejando a sus propios compañeros a merced del Aurum y a Haniah a merced de unos monstruos.
Shisui casi pudo escuchar nuevamente a Daván retando a Zero antes de marcharse. Su voz, una vez más carente de cualquier clase de emoción, culpando a su hermano mayor por lo que iba a sucederle a Kaoz, a Bleef y a Raphael.
—Eres tú quién los está abandonando, no yo. Ellos están esperándote a ti, no a mí —había contestado Zero con tono firme.
—Sabías que esto sucedería. No eres estúpido —Daván no parecía interesado en decir aquello, pero aun así lo hacía—. Eres meticuloso, planeas cada pequeño detalle. Por supuesto que habías reparado en la posibilidad de que Kaoz se molestara, de que Raphael sucumbiera ante el pánico y de que Bleef ideara algo para mantenerlos unos minutos más con vida —sus palabras aseguraban un hecho mas no le recriminaban por ello—. Y escucharme decir todo esto tampoco es una sorpresa para ti. Ya sabías que yo no volvería para salvarlos.
Shisui había mirado a Zero fruncir el ceño antes de hablar.
—Tú lo has dicho, conocía esa pequeña posibilidad —declaró—. Sin embargo, decidí confiar en Kaoz. Al parecer, cometí un error.
Shisui sabía que él era sincero, pero aun así sintió la necesidad de golpearlo por haber vislumbrado esa idea y no haber hecho nada para evitarla.
Un grito había sonado en el cielo, y él reconoció la voz de su amiga.
A punto de marcharse sin importarle nada más, Shisui escuchó a Zero volver a hablar, formando rápidamente un plan que permitiría a Kaoz y a los demás abandonar ese lugar. Solamente necesitaban que Daván volviera, era lo que había dicho, oculto por sus poderes, y encontrara en algún integrante del Aurum la menor herida, el más pequeño rasguño, para hacerle perder la conciencia. Le había pedido a Daván que le hiciera eso a todo aquel al que pudiera para crear una distracción. Zero, al parecer, estaba seguro de que Bleef entendería que esa era la manera en que los ayudarían a escapar. Bleef sabría que deberían aprovechar ese momento para romper la barrera, crear un corte en aquel que tuviesen enfrente y, entonces, correr mientras Daván le dejaba también inconsciente.
Shisui sabía que eso podría funcionar, sabía que si Kaoz y los otros lograban dejar la casa serían protegidos por Daván mientras escapaban, pero la idea de que le hicieran algo así al Aurum le provocó escalofríos.
Antes de que él pudiera intervenir, Daván se había negado.
—Estoy cansado de usar mis poderes —había sido su excusa, tan pequeña como el interés que él tenía en ellos—. Escucha, Zero, esto se ha vuelto el desastre que sabíamos que iba a ser —continuó—. La mitad de nosotros terminará muerto, pero no seré yo uno de ellos. Te seguí hasta este punto porque me mantuve leal a ti y porque eras un buen líder. Pero ya no lo eres. Has destruido años de compañerismo y lealtad en cuestión de días. Y todo por el hermano que no pudo ni quiso mantenerse a tu lado.
Daván se alejó dichas esas palabras, y sólo se detuvo segundos después al escuchar a Zero hablar con un tono tan frío como el hielo.
—Tú no me seguiste por lealtad. Lo hiciste porque me encontraste enfermo, insano, mentalmente inestable después de perder a Shisui. Sabías que te permitiría hacer tu voluntad en un sitio donde nadie se atrevería a lastimarte y te colgaste de mí luego de eso.
Daván se quedó allí por un momento y, cuando giró a verlo nuevamente, Shisui casi juró que sus labios habían demostrado una pequeña pero maliciosa sonrisa.
—Sí —dijo Daván—, tienes razón.
Y después desapareció.
Ahora, sin encontrarlo alrededor, Shisui se vio en la necesidad de volver a avanzar, de cortar la distancia entre él y Zero, y tratar de evitarlo.
—Tú y yo tenemos que irnos, entiéndelo —exclamó el rubio cortando su paso nuevamente—. No estoy bromeando, Shisui —aseguró—. Sin Daván de nuestro lado, no puedo hacer nada para ayudarlos.
Shisui sabía que el hielo que todavía había en la voz de su hermano no era para él, sino para Daván por obligarlo a tomar una decisión entre abandonar a sus compañeros o ir a ayudarlos y arriesgarse a ser abandonado por él.
Pero aun así, no pudo tolerar recibir esa frialdad de su parte.
Escuchó a Kaoz elegir terminar con ese juego y finalmente estalló.
—¡Jamás me marcharé contigo! ¡Mira el lío en el que nos has metido a todos!
Gritó tan fuerte como su garganta se lo permitió y, aunque sintió que su rabia haría que realmente le diese un buen golpe a su hermano mayor, se limitó a rodearlo, sin querer lastimarlo.
A pesar de todo, no quería lastimar a Zero.
—Shisui —le llamó él, deteniéndole por los hombros apresuradamente, su mirada buscando la del menor—. Shisui, mírame.
Shisui esta vez sintió que comenzaría a llorar por el simple hecho de tener que evitarlo.
Luchó por un momento; el enojo lo incitaba a apartarlo pero la tristeza le impedía hacerlo.
Sus ojos finalmente encontraron los de su hermano.
—No puedes solucionar esto —Shisui lo culpó, y se sintió como el hermano menor que había sido alguna vez—. Prometiste que Haniah no moriría, mentiste.
Zero habló casi en un susurro, pero fue firme.
—No está muerta —aseguró—. No escuchamos a Kaoz, no escuchamos a Haniah, no escuchamos a nadie, ¿no te das cuenta? Raphael ha roto la barrera. Quien sea que haya estado frente a ellos, la ha salvado —continuó sin ningún rastro de duda—. El Aurum los masacrará, Shisui. Y harán lo mismo conmigo si me encuentran. Por eso debemos irnos, ahora. No puedes dejar que maten a tu hermano mayor, ¿o sí?
Shisui pasó saliva.
—Estás manipulándome. Me has manipulado desde que nuestros padres murieron. Jamás cambiarás —escupió la verdad—. Y yo volveré a irme.
—No, Shisui —dijo él sin perder la calma, pero el albino notó desesperación debajo de su tono—. Si nos vamos ahora, si te vas conmigo, seré el hermano mayor que fui antes de todo esto. Seré bueno. Lo prometo. Y no volverás a irte porque no te daré motivos para hacerlo.
Shisui le miró por unos segundos antes de apartarse tan bruscamente que terminó tambaleándose.
Zero se mordió la mejilla, y Shisui supo que nunca antes había sido tan sincero.
—Antes no fui quien esperabas que fuera, pero lo seré. Lo prometo —se acercó a él —. Sólo debemos irnos.
—Lo lamento —Shisui negó—. Debes irte. Tienes razón, ellos no te perdonarán.
La expresión de Zero se volvió gélida ante la mención de la tripulación por parte de él.
—No necesito su perdón.
—Te asesinarán.
—Por eso debemos irnos, juntos.
—Yo tampoco te perdonaré, Zero —las cejas de Shisui se alzaron—, jamás —sentenció, y supo que sus palabras le golpearon con más fuerza que cualquier golpe que hubiese podido darle—. Lo lamento, pero has lastimado a mi familia.
Zero lo analizó por un instante, observando los colores que se habían desatado alrededor de Shisui. Al cabo de unos segundos mordió de nuevo su mejilla, y supo que no estaba sorprendido, pero sí dolido.
Ojos en llamas chocaron contra ojos que tenían la profundidad del mar en ellos.
—¿Tu familia? —dijo, y el hielo en su voz fue más potente esta vez—. Niño estúpido, yo soy tu familia.
Shisui no pudo responder al escuchar la manera en que le había hablado.
El mar podía acabar con un incendio.
—¿Quieres irte con ellos? ¿Te quieres marchar de nuevo? Bien, pero esta vez no será tan fácil. Si quieres pasar, tendrás que matarme —dijo, y la orden sonó como una maldición para el albino—. Será sobre mi cadáver la única manera en que podrás volver con ellos, Shisui.
El agua finalmente apagó el fuego.

:::::

Raphael estaba sumamente aterrado.
Y el miedo creció tanto en tan poco tiempo que ni siquiera pudo darse cuenta del momento en que había retrocedido hasta chocar nuevamente con una pared.
Sus dorados ojos miraron con terror a Luka y a Isabel tan pronto como la barrera cayó, sin poder creer lo rápido que ambos habían actuado.
Sin poder asimilar la velocidad con la que habían atacado a Kaoz y a Bleef.
Raphael notó por el rabillo del ojo a los últimos dos integrantes del Aurum que faltaban entrar a la habitación y, presa del pánico, olvidó que al observarlos antes había deducido que ellos no formarían parte de los que atacarían. Simplemente lo olvidó y juró que irían por él tal y como el rubio y la neko lo habían hecho con los dos antiguos piratas.
Raphael pudo percibir una diminuta sensación de alivio cuando ambos se detuvieron alrededor de Haniah y no fueron tras él. Sin embargo, esa sensación se borró cuando miró el brazo de Kaoz en el suelo, a tan sólo unos pocos metros de ellos.
En su mente se reprodujo nuevamente el grito que Kaoz había soltado cuando, sin que él lo esperara en absoluto, la barrera cayó y Luka le cortó la extremidad.
Raphael apenas había tenido tiempo de apartarse en ese momento, totalmente seguro de que Luka encontraría la manera de atacarlo a él también si permanecía tan cerca.
Raphael se sintió sumamente desconcertado cuando volteó y, a pesar de la situación en la que se encontraban, vio a Bleef sonreír.
—¡Maldito hijo de…! —la voz de Kaoz le hizo regresar la mirada, notándolo gruñir con furia e interrumpiéndose a sí mismo al sentir el dolor en sus piernas.
Raphael estuvo a punto de moverse, pero entonces quedó paralizado al ver al rubio desaparecer de un segundo a otro.
Kaoz apareció en el extremo contrario de la habitación, cerca de la puerta.
—¡Desgraciado! —gritó, arrancándose con rapidez los cuchillos que Luka le había clavado—. ¡No tenías por qué reaccionar así, pensé que nos estábamos divirtiendo! —sostuvo ambas armas con la mano y volvió a desaparecer, apareciendo en otra parte de la habitación y lanzando los cuchillos, uno tras otro, impactándolos directamente en los brazos de Isabel para obligarla a soltar a Bleef.
Si Bleef estuvo agradecido por esa ayuda, no lo demostró.
Pero sí aprovechó la oportunidad para atacar a la neko.
Raphael lo miró moverse con agilidad y pudo jurar que no parecía tan cansado como debería estarlo después de lo que había hecho con Haniah minutos (¿o habían sido horas?) atrás. Por supuesto, él no había conocido la destreza con la que el antiguo pirata solía moverse en condiciones normales.
Raphael casi ahogó un grito cuando Bleef golpeó a Isabel con tal fuerza y velocidad que logró que, en el momento en que la mujer cayó al suelo, los cuchillos terminaran de atravesar su piel, saliendo por el lado contrario de los brazos.
Bleef, a pesar de la herida en el pie y el anterior golpe que la mujer le había dado, pareció estar completamente sano.
Tomó el mango del arma que ella le había incrustado y la sacó con un solo movimiento.
Esa arma fue a parar al brazo de Matt.
Kaoz rió, estando ahora en otra parte de la habitación.
—¡Eso sí es diversión! —y apareció nuevamente en la puerta—. Claro que sería más divertido si tuviese ambos brazos. Gracias por eso, manos filosas.
Kaoz desapareció y apareció en diferentes partes en cuestión de segundos, casi sin dejarse ver, dejando un pequeño rastro de sangre allá a donde iba.
Finalmente se mantuvo quieto en la puerta, y unos hilos como los que había usado para coser la boca y los brazos de Shun con anterioridad ya habían cerrado la herida de su brazo.
—Hombre, me debes un brazo.
Raphael lo miró enfocar su vista en los compañeros que rodeaban a Haniah, y después lo vio a pocos metros detrás de ellos.
Kaoz lanzó dos rayos, uno por cada hombre que estaba de pie al lado de la mujer.
Raphael alzó una barrera justo delante de ellos, y esta se rompió tan pronto como los rayos se impactaron.
Entonces miró a Bleef de reojo, quien en aquellos pocos segundos había, literalmente, clavado a la mujer neko al suelo. Un cuchillo por cada extremidad, atravesándole e incrustándose en el frío y sucio piso.
Raphael sintió una arcada nacer en el interior de su garganta y creó otra barrera cuando lo miró apartarse un poco de ella, la barrera lo empujó y le impidió el paso.
Sin embargo, eso lo obligó a dejar de estar alerta a Kaoz. Y eso le costó.
Raphael no logró protegerse, y sintió una descarga eléctrica mandarlo a otra parte de la habitación, rodeándolo de chispas.
Raphael cayó cerca de Haniah, exactamente sobre Kaoru, y lo derrumbó.
Se quejó en el suelo, sintiéndose adolorido, pero antes de que pudiese hacer algo, miró a Kaoz sobre ellos.
—Traidor, traidor, traidor —cantó.
Raphael logró percatarse de que Kaoz había huido todo ese tiempo de Luka. Al saber que Luka también podía desaparecer y aparecer a voluntad propia, no le había dado tiempo de alcanzarle, evitando permanecer en el mismo sitio por más de dos segundos.
Kaoz apareció nuevamente cerca de la puerta, y tiras eléctricas, potentes pero no tanto como un rayo, se dispararon en dirección a todo el mundo.
Sólo evitó tocar a Bleef.
Y Raphael sólo logró proteger a Kaoru.
Luka, Isabel, Matt y Zeink fueron alcanzados por el poder de Kaoz, al igual que él.
Raphael soltó un grito y no pudo levantarse del suelo.
Pero miró a Kaoz atacar nuevamente a Luka, atacarlo de la misma manera en que lo había atacado a él.
Lo envolvió en chispas, y el pirata terminó golpeando la pared.
Entonces volvió y atacó a Zeink, atraído hacia él por verlo con Haniah.
Todo había pasado tan rápido. Hace un minuto la barrera y las esferas todavía habían estado protegiéndolos…
Ahora la habitación parecía ser el centro de una masacre.
Raphael se levantó como pudo, y alcanzó a ver de reojo a Kaoz mandar a Zeink a otra parte de la habitación, no sin antes clavar una flecha de luz en la espalda del hombre, tan potente y firme como una espada.
Raphael logró llegar a la puerta de la habitación en medio de aquel desastre, casi rezando para que el neko hubiese logrado proteger a Haniah a pesar del ataque.
Y logró escuchar a Bleef reír mientras salía.
—Chiquillos, venir a matarnos es la peor decisión que han tomado. Si logran salir de aquí, será el pueblo entero el que los perseguirá.
Raphael no lo dijo, pero supo que las palabras de Bleef se habían vuelto una total mentira después de que él les mostrara su verdadera naturaleza.
Raphael esperó que el Aurum lograra salir de ese lugar.
Pero él no se quedó para averiguarlo.
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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por Ayashi el Miér Ago 03, 2016 9:08 pm

De ser porque sabía que era prácticamente imposible, Midori pudo haber jurado que la cabeza le iba a explotar en cualquier momento.
Su expresión en si no denotaba demasiado dolor, más que el ceño fruncido y la mueca en sus labios, cualquiera podía pensar que solamente pasaba por un momento de enojo, lo cual estaba muy lejos de la realidad.
Ni furiosa o enojada, tan solo enormemente frustrada.
Apretaba sus manos con fuerza alrededor del abundante pelaje de Akamaru mientras el perro se desplazaba a toda velocidad por las calles del pueblo, dejando atrás a docenas de personas desconcertadas que se apartaban con brusquedad para dejar al enorme animal pasar. La gente tan solo veía un borrón blanco y verde antes de que se perdieran entre la multitud y el sin fin de casas, abriéndose paso con agilidad hacia los límites del pueblo.
La gitana había terminado por entender, momentos atrás, que nada hacía quedándose con los hermanos Stallone y Jade. Había tomado su decisión casi al mismo tiempo en que había tenido que reaccionar para no caer por la ventana cuando Max la empujó en medio de su desesperación. Después de eso la mujer no se había quedado a presenciar como desenvolvía la situación entre ellos, decidiendo marcharse sin más en cuanto notó a Akamaru moverse inquieto a las afueras de la posada, claramente confundido y ansioso por la escena que se estaba desarrollando en el interior de la esfera.
No había tenido que decir mucho para convencer al perro de partir a auxiliar al resto, teniendo que saltar con prisas sobre él para no quedarse atrás cuando este pasó de cero a cien en velocidad en un tan solo un segundo.
Y mientras ambos se apresuraban en salir del pueblo, la peliverde mantenía parte de su atención puesta en las mentes de quienes permanecían en el interior de la casa, haciendo su mayor esfuerzo por ignorar las voces del resto de los pueblerinos. El pequeño susto que había sentido cuando escuchó que Kaoz iba a matar a Haniah, fue reemplazado por un irremediable alivio en cuanto notó las dudas y la consternación en aquel hombre, Raphael, entendiendo al instante que este iba a derribar la barrera de un monto a otro.
El hombre no la decepcionó, y justo cuando ella y Akamaru alcanzaban los límites y se adentraban en el oscuro bosque, la barrera simplemente cayó…

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Zeink había tenido que maniobrar con rapidez para evitar caer de bruces contra la pared cuando sintió el impacto del ataque de Kaoz en su espalda.
El dolor de la agresión apenas y fue una molestia para el neko, quien en medio del aire logró girar sobre sí mismo, logrando recibir el golpe detrás de sí, protegiendo a Haniah con su propio cuerpo en el proceso.
Sabía que debía de haber estado mucho más pendiente de lo que ocurría a su alrededor, más aun estando en medio de un campo de batalla. Sin embargo, su concentración había estado mayormente puesta en la pelirroja en sus brazos, enfocándose mayormente en detener el sangrado de sus heridas puesto que no estaba seguro de cuánto tiempo tendría que pasar para poder atenderla bien.
Al segundo siguiente en que se recuperó de la caía, alzó la cabeza tan solo para ver a Luka levantarse del suelo con cierta lentitud, algunas tiras de electricidad volviéndolo en ciertas partes antes de terminar de desaparecer. El rubio le miró directamente a los ojos, el color azul centellando con furia.
-¡Zeink! –gritó.
El neko entendió que más que un aviso, era una advertencia.
Tenía que sacar a Haniah de ahí.
El capitán se puso de pie al instante, captando a Kaoru en el suelo a pocos metros de él. En un abrir y cerrar de ojos estuvo junto al albino, logrando tocarlo lo justo para llevárselo consigo fuera de la zona de batalla.
Aparecieron los tres nuevamente a metros fuera de la casa, ocultos ligeramente entre varios árboles y arbustos. Zeink se giró para ver sobre su hombro, pensando aceleradamente que hacer en aquel momento. Recordó entonces que Matt también se encontraba en el interior, lo cual solo le hizo soltar un gruñido exasperado, sabiendo que el hombre no haría más que lograr que lo mataran si permanecía allí.
Miró a Kaoru.
-Quédate con ella –dijo, o más bien ordenó, pasándole con cuidado a la mujer.
Una vez la pelirroja estuvo en brazos del albino, Zeink se devolvió a la habitación. Apareció justo en la puerta, logrando ver con rapidez donde estaba Matt. Se apresuró a llevárselo consigo, justo al mismo tiempo que un cuchillo pasaba rozando a su lado después de haber sido lanzado por Luka, en un vago intento por darle a Kaoz.
Cuando volvió a aparecer junto a Kaoru, se sorprendió enormemente.
-¿Pero qué…? –exclamó incrédulo.
Justo en frente vio a Akamaru acercarse a toda velocidad hacia donde estaban ellos, sus enormes patas creando sonidos sordos contra la tierra y las ramas mientras corría. Sobre él, Midori ya se había comenzado a levantar.
-¡Nekito gruñón! ¡Quédate con ellos! –gritó la gitana, saltando de Akamaru una vez estuvo cerca.
Para impresión del hombre, la hábil neko no tardó en sacarles sus dos espadas de encima y sin decir nada más se había apresurado hacia la casa con sus dos armas. Zeink nunca creyó que la pequeña gitana fuese tan rápida.
Midori no perdió tiempo en ingresar al interior de la casa, dirigiéndose directamente hacia donde escuchaba las voces con mayor intensidad.
No se sorprendió de ver en su camino a un hombre castaño y claramente asustado, ir en dirección contraria a ella. La gitana tan solo le dirigió un rápido vistazo, reconociéndolo enseguida.
-No vayas por ahí o te mataran –le avisó, antes de pasar de largo.
En cuanto llegó a la habitación, supo que las cosas estaban un poco fuera de control.
-¡¿Midori?! ¡¿Qué mierdas estás haciendo aquí?! –el grito de Luka casi le hace rodar los ojos.
En cambio tan solo sonrió, moviéndose por la habitación como si un gato se tratase, sus ojos mirando a todos lados como intentando obtener un indicio de donde aparecería Kaoz.
-Preguntas luego –dijo, una vez estuvo cerca de Luka. Le dio las espadas de Zeink mientras le guiñaba un ojo -. Tú sígueme.
El rubio frunció el ceño.
-¿Qué…?
-Te puedo dar solo una oportunidad, después será más complicado para mí –hablaba aceleradamente, y al hombre le costó entender un poco a que se refería.
No fue sino hasta que miró a la gitana saltar por distintas partes de la habitación, con segundos de diferencia de donde aparecía Kaoz, que entendió que es lo que estaba haciendo.
Podía adivinar los movimientos del pirata.
Con una nueva resolución, Luka empuñó ambas espadas con firmeza. Su habilidad con las mismas no era ni de cerca la que poseía Zeink, pero para lo que iba a necesitar le venía perfecto.
Lo que al rubio se le figuró una completa eternidad resultaron tan solo meros segundos. Miró como Midori se abalanzaba hacia una esquina de la habitación, justo cuando Kaoz aparecía brevemente. La peliverde logró darle alcance y cayó sobre él, haciéndole perder el equilibrio. Luka se movió al instante, apareciendo a su lado.
Con un gruñido de rabia le clavó una espada en ambas piernas, sintiendo como la misma atravesaba piel y músculos. Midori saltó hacia un lado, alejándose de Kaoz, al tiempo que Luka terminaba de clavar la segunda espada en las piernas del pirata, terminándolas de unir una contra otra, como si se tratasen de un solo miembro.
-Vaya, justo había pensado eso ¡Me leíste la mente Lukitas! –habló Midori desde atrás.
Luka sonrió amargamente.
-Gracias, Midori –respondió.
No había terminado de hablar cuando un primer puñetazo impactó contra la cara de Kaoz, seguido de otro más que pronto encontraron su camino también en el pecho y estómagos del pirata. Luka continuó golpeándolo con todas sus fuerzas, descargando toda la rabia contenida durante horas.
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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por Akane el Jue Ago 04, 2016 3:57 am

Todo había pasado como un rápido borrón frente a sus ojos.
No había podido terminar de identificar a quién le pertenecía cada voz. No había podido descifrar qué era lo que le estaba sucediendo a sus compañeros, o qué era lo que estaban haciendo.
Era un terrible mareo que no parecía querer apaciguarse pronto.
Y tal vez el haber estado tan cerca de Haniah, ver con sus propios ojos que estaba a salvo en los brazos de Zeink, le hubiese podido haber traído una felicidad innata y un alivio eterno. Pero no la vio más de un momento a otro, y fue cuando su aturdimiento empezó a apoderarse por completo de él.
No se levantó del suelo cuando fue derrumbado por alguien. Miró hacia la persona y no supo de quién se trataba. No lo identificaba. No sabía por qué estaba allí. No lo había visto acercarse. Pero realmente no había podido ver demasiado.
Sus ojos habían ido de un lado a otro. Sintiendo nauseas, y viendo todo como si no fuese realmente real, demasiado aturdido. Queriendo aferrarse a la incredulidad que quería sentir con todo lo que estaba ocurriendo. Queriendo creer que lo que estaba viendo era solo una cruel mentira, como un simple acto o hasta una malvada pesadilla.
Y tan pronto había caído, sus ojos se habían abierto y se dirigían fijamente hacia arriba. Sus lágrimas seguían cayendo, y no había podido moverse en ningún instante. Escuchó con claridad el grito que había venido después, pero ni aun así había podido hacer algo. Ya no ubicaba más a nadie, y la paz que traía el techo no parecía concordar con todo lo que oía a su alrededor.
Se quedó allí, quieto en su lugar. Pálido y sudando en frío. Sin pestañar, a pesar de que las lágrimas continuaban cayendo sin parar. Con muchas ganas de vomitar y sintiendo como poco a poco se le bajaba la presión.
Pero para el momento en que se pudo dar cuenta, ya se encontraba en el bosque. Y realmente no pudo reaccionar. Por un instante, pareció todavía creer que estaba tirado en el suelo en medio de la batalla que se había estado desarrollando alrededor suyo hasta ese momento.
Su mirada no se había movido de lugar, ni para ver dónde estaba o con quién.  Se sentía ausente. Como si hubiesen tenido la piedad de matarlo sin dolor y ahora se encontraba en otro mundo. Y cuando Zeink le habló, ni siquiera pudo saber bien de qué estaba hablando y por qué parecía estar tan apurado.
No tuvo tiempo de responder. Ni tampoco de reaccionar. Pero a pesar que su mente parecía estar demasiada ida como para poder hacer algo, su inconsciente parecía saber que en realidad todavía no había acabado nada y aún faltaba mucho por hacer.
No se había quedado quieto a pesar del aturdimiento que lo carcomía. Había recibido a Haniah con cuidado y con mucho cariño. La sostuvo en sus brazos, mirándola con un profundo dolor en sus ojos grises por verla en ese estado, y su llanto ahora convirtiéndose en uno demasiado aniñado. Sus ojos se habían suavizado de a poco, abandonando la tensión que habían mantenido durante tantas horas. El dolor de verla de esa manera era mucho más grande que la conmoción que sentía.
Quería abrazarla… quería volver a hablar con ella como siempre lo había hecho, quería que todo volviera a la normalidad. Él sólo quería que su amiga estuviera bien. Que no estuviese tan lastimada. Que no hubiese pasado por todo lo que tuvo que pasar. Por toda una situación que iba más allá de lo que su imaginación le podía brindar.
Quería poder pedir un deseo. Al menos un deseo, para poder evitar la crueldad que Haniah y Shun habían tenido que soportar.
No podía verla así. No quería verla así. Parecía que si hacían cualquier movimiento brusco, podía terminar de romperse.
La sostuvo un poco mejor en sus brazos, acomodándose con demasiada lentitud y cuidado. No quería soltarla, no quería que aquellos piratas volvieran por ella.
La miró a la cara, queriendo apartarle el cabello de los ojos pero con demasiado miedo de moverse mal y caerse con ella como para hacerlo.
Cerró la boca para intentar contener aquellos sollozos que lo estaban atormentando. Y no se dio cuenta que a la lejanía se habían empezado a escuchar los pasos veloces de Akamaru. No fue hasta después de que Zeink y Matt aparecieran, y Midori siguiera su camino a toda prisa, que Kaoru volvió a subir su mirada.
Se notaba todavía un gran aturdimiento en sus ojos. A pesar que parecía estar completamente consciente sobre lo que le había ocurrido a Haniah, y en el estado en el que ella se encontraba, no parecía entender qué era lo que estaban haciendo sus compañeros. O en qué situación se encontraban en ese momento. Parecía estar atascado en una escena que ya había pasado, moviéndose y actuando ante el miedo o la visión y simple mención de Haniah.
Miró hacia donde se iba Midori por solo un momento, pasando a ver a Matt y Zeink por el mismo corto segundo antes de volver a ver hacia su amiga.
Matt le había devuelto la mirada, se sostenía la herida del brazo con una mano mientras respiraba pausado. De ver a Kaoru, le había echado un vistazo a Haniah, tan solo para ver cómo se encontraba. Pero pronto pasó su mirada al cuchillo que sostenía en la mano y se había llevado con él.
Frunció levemente el ceño y volteó la cabeza en dirección a la casa. No podía sacarse de la mente la imagen de su hermana clavada en el suelo. Después del impacto eléctrico que habían recibido, y de notar que Zeink lograba irse con Haniah y con Kaoru, él había tardado un poco en reaccionar. Sintiendo todavía las cargas eléctricas por todo su cuerpo, y el dolor que le había dejado el cuchillo en el brazo a pesar de habérselo sacado para ese instante. Pero finalmente la situación lo había obligado a reaccionar, habiendo empezado a avanzar hacia su hermana hasta que fue retirado él también del campo de batalla.
Había sido demasiado rápido. Y no había alcanzado a ver lo que había ocurrido. No todo. Él había reaccionado instintivamente, sorprendiéndose levemente de ello ahora que se encontraba en una extraña calma en el bosque.
Le costó apartar la mirada de aquella dirección. Pero se obligó a hacerlo, al igual que apartar aquella tenebrosa imagen de su mente. Volvió a mirar hacia el resto, echándoles un rápido vistazo a los tres. Aunque aun así no dijo nada. Manteniéndose en silencio, y sujetando con fuerza su herida y el puño del cuchillo.

_____


No había gritado. No había ni cerrado los ojos.
Ni cuando los cuchillos habían llegado hasta sus brazos, o cuando Bleef le pegó con tanta fuerza para tirarla. Ni siquiera cuando sintió cada cuchillo perforarle la piel hasta clavarla al suelo con rapidez. E incluso siguió apretando los dientes con fuerza cuando sintió la electricidad recorrer por todo su cuerpo.
Se negó a gritar y de perder a sus enemigos de vista. Cualquier dolor que podía sentir en su cuerpo no se comparaba con la ira que sentía. Toda la furia de la que había sido obligada contener durante todas esas horas la manejaba en ese instante.
No dejó de apretar los dientes con fuerza. Le echó un vistazo a los cuchillos que tenía en los brazos, pero su mirada había pasado por un breve momento hacia Bleef, habiéndolo seguido con la mirada en un primer momento y sabiendo dónde se encontraba.
En ese instante, no le importaba qué le podía pasar a ella en esa pelea. Lo único que quería, lo único que tenía en mente era acabar con ese maldito bastardo.
Apartó su mirada de nuevo hacia uno de los cuchillos mientras lo escuchaba reír y hablar tan confiado de sus palabras. Pero al mismo tiempo que lo oía, inhaló profundo y contuvo la respiración.
Y empezó a contar.
Uno.
Movió el brazo que estaba del lado contrario a Bleef hacia arriba con velocidad e impulso, chocando con el mango pero sin inmutarse de ello, terminando por lograr liberar aquel brazo del suelo.
Dos y tres.
Se volteó y agarró por el mango al cuchillo del otro brazo, sacándoselo de un tirón para luego retirar el cuchillo que todavía tenía incrustado en el otro al mismo tiempo que se reincorporaba.
Cuatro.
Agarró cada cuchillo de la pierna con una mano y se soltó. Se levantó del suelo pero no terminó de reincorporarse, habiendo empezado a ir directamente hacia Bleef con velocidad, ignorando cualquier dolor que pudiera sentir en sus extremidades al correr.
Cinco y seis.
Se terminó por deslizar hacia él, con un cuchillo en una mano, otros dos en la otra y el último entre los dientes. Y con un rápido pero fuerte movimiento al llegar a una corta distancia, le corto la pierna en dos por arriba de la rodilla.
Siete.
Sin darle tiempo a reaccionar, se había alzado hacía arriba pegándole un puñetazo en la mandíbula al mismo tiempo que ella se reincorporaba.
Ocho y nueve.
Le pegó una fuerte patada en el pecho, ayudándose con las ondas al volver a incrementarlas, pero sabiendo que Bleef las iba a recibir desde más cerca y el impacto iba a ser mayor. Y logró empujarlo de nuevo hacia la pared al mismo tiempo que corría hacia él.
Diez.
Clavó los cuatro cuchillos en cada lado del pecho de Bleef, incrustándolo en la pared y mirándolo fijamente a los ojos.
- Entonces, - habló con fiereza y casi con repulsión, al mismo tiempo que sacaba un cuchillo de cada lado para clavárselos en los brazos hasta llegar a la pared – espero que disfrutes morir.
Se alejó solo un paso de él, y en un rápido pero ágil movimiento le dio una patada a un costado de la cabeza.


Última edición por Akane el Mar Ago 09, 2016 12:54 am, editado 1 vez


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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por susie el Lun Ago 08, 2016 7:50 am

Jade no supo qué hacer para detener el caos que se había desatado en aquella habitación después de que la esfera en el cielo desapareciera. Aunque, claro, ella ni siquiera creyó que existiera algo que pudiera calmar el desastre que se había formado dentro y fuera de esas cuatro paredes.
Segundos atrás, Jade había visto a Max alejarse de Shun y acercarse apresuradamente a la ventana tras haber escuchado al pirata con líneas azules en su rostro decidir arrebatarles la oportunidad de recuperar a Haniah.
Y, acto seguido, había mirado a Shun soltar a Kyo al mismo tiempo en que Max aferraba sus manos a la parte inferior del marco de la ventana.
Jade sintió a Joda removerse bajo sus brazos y también lo soltó, notando inmediatamente al pequeño castor huir a esconderse debajo de una de las camas, claramente asustado por la escena que estaba observando.
Ella no trató de ir por él y, en cambio, miró a Shun dirigirse velozmente hacia su hermano menor.
Jade no se acercó, pero logró mirar a Haniah desde el lugar en el que ella se encontraba.
Por un momento, la mujer notó que su corazón se aceleraba ante la sensación que le provocó escuchar a su amiga llorar y suplicarle a Luka que le ayudara. Tan aterrada y desesperada como estaba la pelirroja en ese instante, logró hacerla sentirse de la misma manera.
Ante sus ojos, Shun y Max se sintieron igual.
Jade escuchó a Max susurrar, una y otra vez, que aquello no podía estar pasando.
Y cuando la imagen se borró del cielo, la habitación estalló en gritos.
Max olvidó su temor a las alturas, olvidó el detalle de que no conocía el lugar en el que el resto de la tripulación se encontraba, y trató de saltar por la ventana.
Cuando Shun lo detuvo y lo rodeó con sus brazos, Max comenzó a llorar.
—¡Suéltame! —gritó y forcejeó para separarse de su hermano—. ¡Tengo que ir por Haniah!
Shun parecía estar al borde de una crisis.
—¡Max, ni siquiera sabes dónde está!
Max llevó ambas manos a su estómago, justo donde las muñecas de Shun se enlazaban para sostenerlo, y trató de deshacerse de los brazos del mayor.
El más pequeño de los Stallone gritó algo que nadie logró entender, y Jade se acercó a los dos para tratar de intervenir.
Shun logró apartar unos cuantos pasos a Max, y entonces ella cerró la ventana.
Al girarse y encontrarse directamente a los rojizos ojos del muchacho, ella pudo asegurarlo.
Finalmente lo habían destrozado.
Antes de que Jade pudiese tratar de hacer algo, Max se movió bruscamente en un intento de separarse, mas sólo consiguió que él y Shun terminasen en el suelo. Shun, tal y como lo había hecho siempre, protegió a Max. Fue el único que recibió el golpe de la caída.
Respirando agitadamente, el pelirrojo soltó a su hermano menor, el cual voluntariamente rodó hacia un costado para apartarse. Al separarse, Max mantuvo el peso de su cuerpo en sus rodillas y codos por un corto momento, negándose a alzar la mirada.
Una respiración agitada y un fluido llanto se convirtieron en los únicos sonidos presentes en la habitación.
—Shun, ¿qué vamos a hacer? —Max sollozó, y Jade sólo pudo ver a Shun cerrar sus ojos—. Papá confió en que íbamos a cuidarnos entre nosotros. Fue lo primero que nos pidió. Fue lo que me dijo cuando decidí quedarme…
Shun apretó sus labios, pero Max no pudo verlo.
Jade quiso pedirle a Max que se detuviera.
—Por favor —continuó—, dime que la escena se desvaneció porque el Aurum logró llegar a Haniah… Por favor, dime eso…
El pecho de Shun se alzó como si hubiese tomado una gran cantidad de aire.
—Estoy poniendo toda mi fe en ellos pero… sabemos que la fe no puede solucionarlo todo —Max cerró sus puños, tan concentrando en su llanto que no se percató de nada más—. Nuestra fe no salvó a nuestra madre.
El pecho de Shun bajó y subió constantemente.
Jade se asustó y llamó a Max.
Él no la escuchó.
—¿Qué haremos si no logran salvarla? ¿Qué le diremos a papá? ¿Cómo vamos a superar esto? —su voz comenzó a elevarse, las lágrimas que cayeron le permitieron ver claramente por unos segundos—. ¿Se supone que debo soportar perder a mi hermana cuando todavía sigo llorando por mi madre? ¡Shun, no puedo con esto…!
Y se calló abruptamente al ver a su hermano justo al terminar esa oración.
Max lo miró demasiado agitado, su pecho subiendo y bajando al inhalar y exhalar por la nariz con tanta rapidez.
Jade estaba arrodillada a su costado, y Max supo que ella lo habría tomado en sus brazos si él no se hubiese incorporado repentinamente.
Max imitó a Jade y se arrodilló.
—Lo lamento —Shun habló atropelladamente, como si no tuviese el suficiente aire para hablar correctamente—. Lo lamento…
Shun se inclinó hacia adelante y utilizó sus manos para sostenerse en el suelo.
Max y Jade no pudieron saberlo, pero la falta de aire por la agitación, sumada a la horrible imagen de su hermana siendo herida, le hizo recordar.
Él recordó con terror la pequeña visita que Bleef les había hecho a él y a su hermana horas atrás, cuando había hablado con ellos sólo para confirmar que Haniah era su hija.
Shun recordó los golpes, recordó la manera en que había estado ahogándose después de que Bleef le atacase. Recordó la forma en que su boca no había podido abrirse y la forma en que sus fosas nasales no habían conseguido el oxígeno que necesitaba.
Recordó a Haniah confesar después de escuchar sus desesperados intentos de respirar bien. La recordaba complacer a Bleef con la verdad sólo para conseguir que a él lo ignorase.
Recordó a Bleef hiriéndola, marcando su espalda con dos manos que hervían como si estuviesen recién sacadas del fuego.
—Lo lamento —había querido decir él en ese entonces, y ahora lo estaba diciendo a pesar de que ella no podía escucharlo.
No sabía si debía disculparse con su hermana por no haberla protegido, con su hermano por no haber evitado que la mirase sufrir de esa forma, con su padre porque no los había cuidado como había prometido que lo haría, o consigo mismo porque había fallado.
Jade lo miró preocupada. Acarició su espalda tratando de calmarlo y, cuando iba a decir algo, el sonido de la puerta los interrumpió.
Todos, incluido Shun, voltearon apresuradamente hacia la fuente del repentino ruido.
Tres ceños se fruncieron al ver al dueño de la posada en la entrada.

:::::

El dolor en sus piernas era insoportable y los puños llovían sobre su cuerpo con fuerza sobrenatural.
Kaoz no podía reconocer si el sonido de los huesos rotos era el eco de las espadas atravesándolo o era producto de la paliza que el hombre encima de él le estaba dando.
De cualquier manera, no le importaba.
Era un sonido encantador.
Doloroso, sí, pero también encantador.
Kaoz atrapó una mano de Luka justo antes de que el golpe lograra impactarse nuevamente sobre su cara. Una sonrisa cubrió su sangrante rostro cuando le miró directo a los ojos. Su sonrisa tan angelical como la de un niño no logró combinar con la mirada diabólica de un despiadado.
—¿Es correcto sentirse furioso y glorioso al mismo tiempo?
Kaoz convirtió las puntas de sus dedos en finas cuchillas de luz y, sin darle tiempo a Luka de apartarse o desaparecer, atravesó la palma de su mano con un dedo. Los otros dedos se enrollaron alrededor de la mano antes de alzarla y, tan rápido como pudo, apartó al pirata, enviándolo hacia un costado y soltándolo en el proceso.
Kaoz giró rápidamente, rodando por el suelo mientras las cuchillas se alargaban y se volvían tiras similares a ramas, rompiéndose por aquí y allá, yendo en diferentes direcciones.
El rubio ignoró la molestia que las espadas le provocaron cuando se clavaron más en su piel gracias al tacto del piso que el girar le provocó.
Kaoz no se dio cuenta, y ni si quiera fue su intención hacerlo, pero cuando dejó de girar, se percató de que sus ramas de luz habían golpeado con fuerza a la neko de cabellos verdes.  
Kaoz entonces sonrió, y en un único segundo enrolló a la gitana en las delgadas pero potentes tirillas. Acto seguido la alzó en el aire y la tiró con brusquedad contra la pared, lastimándola principal e intencionalmente en la cabeza antes de dejarla caer al suelo, justo por encima de manos filosas. No le importó si el rubio la atrapó o no, y sólo se permitió dejar las tiras cubriéndola por el tiempo suficiente como para lograr que el pirata también pudiera sentir aquellas descargas sobre su cuerpo.
Kaoz observó de reojo a Isabel y, mientras pensaba en lo estupendo que habría sido haber destrozado la cabeza de Midori, movió la única mano que tenía funcionando y llevó hacia ella las tiras que antes habían sostenido a la gitana.
Logró atrapar a la mujer en el momento exacto para evitar que pateara al pirata.
—Disculpen, pero… ¿no creen que es un poco injusto tres personas luchando contra dos pobres hombres sin… —miró a Bleef y formó una sonrisa— una pierna y un brazo? Además que… ¿alguien aquí realmente cree que yo vaya a poder mover mis piernas en los próximos días? —apartó a Isabel y la envió directo hacia sus dos compañeros.
Kaoz dejó de mirarlos por un breve momento después de que la neko cayó sobre ellos y movió ligeramente su brazo, atrayéndolo hacia él pero sin permitir que sus dedos se desviasen lo suficiente como para que parasen de enrollar a los tres piratas en las ramas.
Finalmente el dedo pulgar se movió en dirección a él y, con un fino y limpio movimiento, cortó la parte de las espadas que sobresalían por el costado de su pierna derecha. Un instante después cortó en el lado contrario, justo en su pierna izquierda, y después, con sumo cuidado y estrechando la tira, cortó en el escaso centímetro de espacio que había entre sus dos piernas, separándolas.
Kaoz ni siquiera hizo el intento de levantarse, sabiendo que no iba a poder hacerlo. En cambio, dejó de dirigir la atención de su mano a los piratas y la envió a Bleef, quien ya había imitado las acciones de Isabel y había conseguido zafar ambos brazos de las armas.
Kaoz logró coser la pierna del pirata en el justo momento en que este sacaba con sus propias manos los cuchillos que rodeaban su pecho.
El rubio se detuvo al verlo caer sobre la única pierna que tenía y aprovechó para recargar brevemente su brazo en el suelo.
Entonces desapareció.
Bleef miró con desprecio a las dos mujeres y después a Luka.
Kaoz apareció justo a su costado, utilizando ahora su mano para sostener todo el peso de su cuerpo.
—Cuando Zero me dijo que debería aprender a caminar con las manos, pensé que era una estupidez para entretenerme y dejarlo de molestar por un rato, pero ahora entiendo que él siempre tuvo todas las posibilidades cubiertas.
Bleef estuvo a punto de rodar los ojos.
—Kaoz, él realmente quería que te entretuvieras y lo dejases de molestar.
Kaoz giró su cabeza para verlo ligeramente. Hizo una mueca mientras que en su brazo seccionado aparecía una réplica hecha con luz de la parte de la extremidad que le faltaba.
—Oh bien, entonces no me equivocaba…
Kaoz creó una réplica para la pierna faltante de Bleef y sonrió inocentemente cuando supo que la electricidad que corría en ella lograría lastimar al neko segundo tras segundo mientras estuviese conectada a él.
Kaoz pensó que, inclusive, podría matarlo en ese momento si decidía ser un poco menos cuidadoso y aumentar la potencia que utilizaba en esa falsa extremidad que, a diferencia de él, Bleef no podría mover.
Bleef, de cualquier manera, avanzó. Fue Kaoz quien se encargó de que esa pierna se moviera junto a él como si fuese parte de su cuerpo.
Bleef no soltó ni una queja, ni siquiera pareció sentir dolor.
Kaoz sabía que sí lo sentía.
Bleef extendió el brazo hacia un costado, como si estuviese a punto de hacer algo pero, en realidad, sólo giró su puño cerrado e hizo tronar el hueso de su muñeca.
Kaoz sonrió incluso más, notando la señal en su movimiento.
El brazo que había creado se movió hacia arriba.
Y los rayos atravesaron el techo.

::::

Raphael sabía que iba a morir si permanecía en ese lugar.
Pero también sabía que iba a morir si abandonaba la casa.
De pie en una de las habitaciones del último piso del hogar, Raphael estaba a punto de llorar por el miedo. Pero más que nada, por la ironía.
La ironía de que había terminado en ese sitio, colaborando en ese retorcido plan, sólo para no morir.
Y ahora era exactamente lo que iba a sucederle si no encontraba la manera de escapar de sus enemigos. Pero, ¿por y para dónde podía huir en ese momento si todos eran sus enemigos?
Raphael logró notar a un grupo rodeando a Haniah cuando se acercó a la ventana, así que corrió hacia otro extremo de la casa, recordando inmediatamente la advertencia de la neko de cabellos verdes.
—Por favor, Daván, tienes que venir.
Raphael se encontró a sí mismo rezando, rogando prácticamente, para no ser abandonado a su suerte en ese preciso momento.
Y en ese instante, el suelo se partió.
Los rayos comenzaron a atravesarlo y abrieron el techo del lugar, obligándolo a retroceder bruscamente.
Raphael logró evitar estar en el camino de los rayos únicamente por unos pocos centímetros. Todo pareció temblar cuando se vio acorralado contra el marco de la ventana de la nueva habitación en la que se había metido.
Raphael pensó, fugazmente mientras giraba sobre sus tobillos para encarar el cristal, que si lograba escapar, el pueblo no lo ayudaría.
Y, mientras abría apresuradamente la ventana, supo que ese sería su castigo.
Saltó desde un segundo piso, sin tener la agilidad de los nekos, y se recordó que había asumido ese hecho desde el momento en el que había decidido, por un impulso, mostrarles a todos la verdadera naturaleza de Bleef.
Raphael cayó con las piernas preparadas para recibir el golpe del suelo, pero aun así le dolió como el infierno.
Trató de soportarlo con un único pensamiento, un consuelo que aun así no podía evitar que se quejara mientras se levantaba y comenzaba a correr con sus piernas pidiéndole que parase.
Ese consuelo, esa pequeña cosa que le impidió empezar a llorar mientras se alejaba de aquel hogar, fue la idea de que el pueblo no buscaría al Aurum cuando se enterasen de lo que le habían hecho a Bleef, a su supuesto salvador. El Aurum podría quedarse, si así lo quería, al menos hasta que Haniah y Shun estuviesen mejor.
Y eso, la idea de que algo había podido hacer por ellos al final, fue suficiente para que Raphael soportase, al menos por un momento, el hecho de que, si es que no moría en los próximos minutos, estaría completamente solo.
De nuevo.

:::::

Si no le hubiera resultado doloroso, Haniah se habría encogido en los brazos de Kaoru para tratar de resguardarse del sonido que hacían los rayos al destrozar algo cerca de ellos. El ruido eléctrico la asustaba como si todavía estuviese envuelta en él.
Haniah apretó sus labios, sintiendo el dolor que cada movimiento, incluso la más pequeña agitación, por parte de Zeink y Kaoru le había provocado.
Y trató de no temblar, aunque no lo consiguió, cuando sintió su piel arder en una extraña desproporción de temperatura al hacer contacto con la piel de quien la estaba cargando. Un cuerpo estaba muy frío, y otro muy caliente, pero ella no sabía cuál era el suyo.
Haniah notó la brisa matutina golpear ligeramente su rostro, y se negó a abrir los ojos.
No sabía en qué brazos se encontraba, y no sabía en qué parte se encontraba. Pero estaba segura de que el llanto que escuchaba era de un amigo y que ya no estaba encerrada en aquella habitación.
Haniah trató de enlazarlo todo, pero había sucedido tan rápido que apenas había podido percatarse de algo.
Lo único que realmente había percibido había sido el inicio de una batalla a su alrededor.
Y después, ante el inminente mareo que el desaparecer y aparecer sin previo aviso le había provocado, Haniah logró entender que estaba en los brazos de Luka o Zeink. Pero después alguien más la había cargado, y ese alguien lloraba como un niño.
Haniah se dio cuenta, entonces, de que ella seguía llorando, pero su llanto era silencioso, a diferencia de segundos (¿o minutos?) atrás cuando Kaoz había jurado asesinarla.
Y lloraba porque se sentía segura ahora, pero a la vez porque sentía que el dolor la mataría. Ella no estaba acostumbrada al dolor, jamás había tenido que soportarlo como lo soportaba ahora.
Haniah, en contra de su voluntad, y porque sentía demasiado frío, se encogió un poco.
Y ante la sensación que eso le provocó, quiso decirle a alguien, a quien fuera que estuviese allí, lo que no pudo decirle a su hermano en todas esas horas.
Quiso decir que dolía, y que dolía mucho.
Pero en cambio, preguntó en un leve susurro.
—¿Dónde está Shisui?
Y esperó estar lo suficientemente consciente como para escuchar la respuesta.

:::::

Shisui había tratado de detenerlo. Él sabía que había tratado.
Pero no había dado ningún resultado.
El mar se había desbordado y realmente estaba apagando el fuego.
Zero simplemente no quería escuchar.
Shisui se arrastró en el suelo con desesperación y dolor cuando los pasos de su hermano mayor fueron hacia él. Su mirada se enfocó rápidamente en el cuchillo que se encontraba a pocos centímetros de él y estiró la temblorosa mano sin perder el tiempo. No quería herirlo, no quería, tan sólo quería alcanzarlo antes de que el rubio lo hiciera. Rozó el mango del arma, pero al segundo siguiente sintió un fuerte tirón en su pierna que lo alejó de su objetivo.
—¡Eres un imbécil! ¡Echaste a perder todo por lo que luchamos! —la voz de Zero estalló y resonó en los oídos de Shisui antes de que fuese girado bruscamente para quedar mirando hacia arriba.
El albino no podía creer la facilidad con la que su hermano había perdido los estribos después de referirse al Aurum como su familia. La facilidad con la que lo había amenazado tras rogarle que le dejara marchar, tras decirle que no quería hacerle daño.
—¡Todo lo que hicimos para mantenernos juntos! —Zero se colocó sobre Shisui. Sus ojos emanaron una fuerte rabia que asustó al menor y sus puños se aferraron a la camiseta de este. Los nudillos no tardaron en mancharse del color rojizo de la sangre que emanaba la herida en el estómago del albino.
Shisui no supo qué hacer.
Jamás había pensado que su hermano se atrevería a herirle.
Jamás había pensado que se dejaría llevar por un impulso.
—¡Zero, por favor, suéltame! —sus manos agarraron las de su hermano a la vez que rogaba. Sus ojos suplicaron mientras portaban un brillo que disfrazaba las lágrimas que intentaba reprimir.
No quería pelear, no quería ser herido y no quería herir.
—¡¿Qué crees que dirían mamá y papá, Shisui?! —los reclamos de Zero hablaban sobre el pasado, ninguno hablaba sobre el presente—. ¡Estarían orgullosos de la mierda en la que nos convertimos? ¿De lo qué me convertí por tu culpa? —su voz tronó nuevamente, y Shisui creyó que sus tímpanos le matarían. Sólo podía escuchar la voz de su hermano—. ¡Estúpido niño, todos estos años intenté protegerte, me embarqué a una maldita aventura que nunca quise para regresarlos a la vida, más por ti que por mí! ¡Maté y luché para que nadie te hiciera daño! —su agarre en la camiseta de su hermano se volvió más fuerte, aunque sus manos temblaron. Shisui jamás pensó que llegaría a escuchar a su hermano reprocharle aquello. No podía culparlo en lo absoluto—. ¡Vi las cosas más terribles que tenía este maldito mundo para poder seguir protegiéndote! —a pesar de la rabia que estaba demostrando su rostro se contorsionó en uno que indicaba lo mucho que aquello le estaba doliendo. La manzana en su cuello resaltó cuando se calló y pasó saliva, mirando con un furioso reproche a los ojos de Shisui.
El albino sintió su pecho doler mientras bajaba y subía ante la agitada aceleración de su corazón.
Era la primera vez que Zero perdía la compostura.
No podía evitar que, en algún lugar de su mente, hubiese una voz preguntándole cuánto tiempo su hermano mayor habría callado cada reclamo.
Se sintió como basura por haberlo hecho explotar de esa manera, por haber hecho que la puerta que cerraba sus emociones se abriera y se desbordara.
—Imbécil, después de todo lo que pasé por ti te atreviste a abandonarme…
Se sintió como escoria por haber provocado todo ese dolor en su hermano.
Pero aun así no podía perdonarlo por haber herido a las personas que amaba.
—Zero…, por favor…, suéltame —repitió, esta vez apenas pudiendo pronunciar sus palabras—. Lo lamento, por favor, no quería lastimarte… Pero no quiero hacer esto, no puedo hacer esto —su rostro se contorsionó en una dificultosa sonrisa—. No quiero hacerte daño, no quiero… No podría hacerte daño —comenzó a hablar involuntariamente con el nudo en su garganta aumentando en cuestión de segundos y finas hileras apareciendo en los bordes de sus ojos—. Zero, eres mi hermano, jamás quise lastimarte. Lamento tanto haberlo hecho… Cuidaste de mí cuando nuestros padres murieron… Cuidaste de mí durante años y jamás te agradecí por ello… Lo lamento —su voz tembló al decir aquello y sus ojos se entrecerraron—. Yo jamás te pedí que me cuidaras, jamás te pedí que hicieras algo por mí… Pero aun así lo hiciste.
Shisui sentía que se había quebrado tan rápido como su hermano lo había hecho.
La mirada de Zero cambió por unos breves segundos, sus ojos sorprendidos se abrieron un momento antes de que se cerraran casi por completo mostrando toda la rabia que venía arrastrando.
—Estúpido… —un puño abandonó la camiseta de Shisui y se dirigió hacia su rostro—. Lo hubieses pedido o no, eras sólo un niño que no sabía cuidarse por sí mismo. ¡Era tu hermano mayor, debía cuidarte sin importar qué! ¡De no haberlo hecho mamá y papá se habrían retorcido en su tumba!
—Zero, no me importa si lo hiciste por obligación o porque querías, lo hiciste.
El rubio se levantó y alzó al albino de un solo jalón.
Shisui quedó de rodillas mientras que él se mantuvo de pie.
El albino no podía descifrar lo que su hermano estaba pensando.
No sabía qué podía decir para calmarlo ahora.
O qué podía hacer para calmarse él mismo.
Las respiraciones y el ruido del agua fluyendo en el río fue el único sonido antes de que la voz del mayor sonara en el lugar.
—Imbécil…, y a pesar de todo tratas de marcharte de nuevo. Sabes que si te vas con el Aurum y ellos jamás me encuentran, significa que tú tampoco lo harás. Puedes aceptar no volver a verme para mantenerme alejado de ellos pero…, no puedes aceptar no volver a verlos para mantenerlos alejados de mí.
Shisui comenzó a negar con la cabeza mientras se levantaba, sosteniendo la mano que su hermano todavía mantenía en su pecho.
La duda que lo recorrió antes de hablar fue totalmente visible para el mayor.
—Zero…, yo…
Y eso fue todo.
Antes de que pudiese terminar su frase, fue atravesado.
La espalda entró cerca de su pecho y salió por el costado contrario, y Zero lo llevó hacia atrás hasta clavarlo contra el tronco de un árbol.
Shisui sintió que iba a desmayarse cuando su cabeza golpeó en la madera.
Pero supo que era la conmoción la que lo llevaría a perder la conciencia, no la herida.
Una espada se clavó en su cuerpo detrás de otra, sin darle tregua alguna.
—Jamás quise herirte, jamás quise que nadie te hiriera. Pero yo no te he importado. Entonces, ¿por qué deberías importarme tú a mí?
La mirada furiosa y llena de rencor de Zero hizo creerle a Shisui que su corazón iba a ser atravesado.
Pero no por una espada.
Shisui escupió sangre y, justo cuando su mirada se nubló, algo que realmente no esperaba sucedió.
Zero se apartó de él.
O más bien, fue apartado.
Hubo un ligero chillido, y Shisui pudo reconocerlo inmediatamente.
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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por Ayashi el Lun Ago 08, 2016 9:20 pm

En aquellos momentos no estaba del todo atento a lo que ocurría a su alrededor, incluso le costaba enfocarse del todo en Kaoz, la rabia y la ganas de matarlo consumiendo sus pensamientos por entero.
No prestó atención incluso cuando el pirata le habló directamente, logrando captar lo que había ocurrido segundos después.
Luka apretó los dientes con fuerza al sentir el punzante dolor en la palma de su mano, negándose a emitir sonido alguno que indicara su malestar, y en cambio miró a Kaoz con un profundo odio antes de que este lo derribara hacia otra parte. A duras penas logró caer de rodillas al suelo, evitándose llevarse un golpe mayor en el proceso. Miró rápidamente su mano, sabiendo que le costaría un poco empuñar sus cuchillos con aquella herida.
Sin embargo, su atención se desvió tan pronto como escuchó un indiscutible quejido de dolor. Alzó la cabeza en el acto, encontrando a Midori envuelta en un sinfín de tirillas eléctricas. La expresión de la gitana en si no expresaba otra cosa más que un profundo estrés, pero era claro que el ataque le estaba afectando.
Un profundo miedo se instauró en él cuando vio a la mujer ser lanzada con la pared.
-¡Midori! –el grito salió al mismo tiempo que escuchó el fuerte golpe que causo el impacto de la cabeza de la gitana contra la dura superficie.
Ignorando el dolor de su mano, Luka reaccionó a tiempo para atrapar a la mujer en sus brazos, abrazándola contra sí mismo en un vago e infructuoso intento por alejarla de las descargas eléctricas que ahora también le afectaban. Cuando las tiras comenzaban a desvanecerse, el rubio hizo un gran esfuerzo en llevar su mano sana a la frente de la gitana, donde resaltaba una herida abierta que había comenzado a sangrar, sangre que él intento apartar.
-Mido…
-Estoy bien –interrumpió ella, sonriendo levemente a pesar del dolor -. Isabel…
Al escuchar el nombre de la neko, el rubio se puso alerta nuevamente, buscando a la pelirosa con la mirada hasta lograr verla siendo también víctima del ataque de Kaoz. Notando lo que el pirata pretendía hacer, Luka se encargó de sujetar a Midori con un solo brazo antes de estirarse a atrapar a la neko con el otro cuando fue lanzada contra ellos.
La espalda del rubio golpeó con rudeza la pared en cuanto logró sujetar a Isabel contra sí al igual que Midori. Soltó un leve quejido que no tardó en convertirse en un leve gruñido de frustración cuando sintió la intensidad de las tiras eléctricas incrementarse nuevamente alrededor de los tres.
Respirando con dificultad, puso su mayor esfuerzo y concentración en canalizar su poder. Tenía que sacarlos a los tres de ahí.
Cerro los ojos un momento, lo suficiente para imaginarse el otro extremo de la habitación, y pronto dejo de sentir la electricidad a su alrededor. Al abrir los ojos nuevamente vio a Kaoz y Bleef desde otra posición, notando de inmediato que estos hablaban entre sí.
Aprovechando la oportunidad, el rubio soltó a las dos mujeres y se levantó, no sin cierta torpeza. Pero antes de que siquiera pudiese dar tres pasos, Midori le tomó del brazo. Volteó a verla, notando que se recostaba de la pared y llevaba una mano a su frente, intentando detener la hemorragia.
-Necesitarás esto –murmuró la gitana, extendiéndole algunos cuchillos con su mano libre. Cuchillos que había logrado recuperar segundos antes de que Kaoz le atacase.
Luka sonrió brevemente, tomando los cuchillos y se giró justo al tiempo para ver a Bleef realizar aquel extraño movimiento con su mano. Decidió que su oportunidad era esa en cuanto notó a Kaoz lanzar aquellos rayos hacia el techo.
Empuño los cuchillos y entonces desapareció.
Re apareció en su lugar entre Kaoz y Bleef, dirigiéndose hacia el rubio antes de que terminara de lanzar los rayos.
Lanzó una patada a su estómago con todas sus fuerzas, derribándolo contra la pared, para luego sujetarlo de la camisa y alzarlo. Sintió un profundo dolor en su mano herida pero lo ignoró por completo, incrustando dos cuchillos a lo largo del brazo sano del pirata, y otros dos en el hombro contrario, clavándolo a la pared.
Se alejó un paso, antes de apuntar su ultimo cuchillo a la frente del pirata, hundiéndolo levemente tan solo para que un hilo de sangre se desprendiera de la punta de este.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Zeink ignoró por completó los rayos destruir la casa a sus espaldas y continuó concentrado en Haniah, sabiendo que de haber sido alguna clase de ataque hacia ellos, Akamaru los hubiese alertado.
El enorme perro estaba agazapado cerca de ellos, gruñendo sin cesar a la casa, mostrando sus dientes con rabia, listo para saltar a cualquier movimiento o con una orden de alguno de los hombres a su lado.
A pesar de que había cierta seguridad en la presencia del canino, Zeink no estaba dejando nada por sentado. Sus manos se desplazaban con rapidez por el cuerpo de Haniah, sanando a su paso con la mayor rapidez posible las heridas que podía notar superficialmente en ella, intentando estabilizarla lo mejor que podía antes de poder llevársela a otra parte.
El neko tenía los hombros tensos y su mandíbula fuertemente cerrada en una expresión de absoluta concentración, teniendo que repartir su energía entre curarse a sí mismo y la pelirroja. En su interior, su preocupación iba dirigida a Isabel, Luka y Midori, preguntándose cómo estaban.
Sentía la imperiosa necesidad de devolverse y ayudarlos, protegerlos incluso, pero se obligaba a sí mismo a permanecer donde estaba. Maldecía profundamente el no poder estar con todos por igual.
Luego de lo que pareció una eternidad, alzó la cabeza, mirando a Kaoru y Matt con el ceño fruncido antes de dirigirse al perro.
-Akamaru, intenta localizar a Shisui –pidió
Sabía que Ayami había ido en búsqueda del albino desde el inicio, por lo que, si lograban encontrar el paradero del hombre o mínimo hacia donde había ido, sabía podría localizar a la peliplateada también.
El perro se giró a mirarlo entonces, confuso por un momento por aquella orden, pero asintió sin poner objeción alguna. Soltó un ladrido antes de alejarse al interior del bosque.
Cuando ya no lo vio más, Zeink se giró hacia los demás. Sujetando a Kaoru por un brazo y Matt por el otro. Sin más, desaparecieron de aquel lugar.
Pronto, los cuatro estuvieron de vuelta en la habitación de la posada.


Última edición por Ayashi el Miér Ago 10, 2016 5:32 am, editado 2 veces
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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por Akane el Mar Ago 09, 2016 7:17 am

El rayo traspasó la casa. Y Kaoru se inclinó levemente hacia adelante al mismo tiempo.
Giró su cabeza, para encontrarse con una imagen que tal vez en un momento habría creído que solo la iba a ver en sueños. Pero cualquier increíble espectáculo que pudiese parecer aquello, se vio apaciguado por el temor de lo que podía significar.
Lo primero que vino a su mente fue que los enemigos estaban por irse. Que iban a ir a buscarlos en ese instante después de haber acabado con los que habían permanecido en el sótano. Y tuvo miedo que fuera cierto. Mucho miedo.
Tuvo miedo por Haniah, e inconscientemente la sujetó mejor.  
La desesperación y el horror se vieron reflejado en sus ojos grises. Notando el temblor de su cuerpo, a pesar de estar intentando controlar sus movimientos para no hacerle más daño a Haniah.
Por un momento, se le nubló la vista por las lágrimas. Y en ese corto segundo, se sintió aun peor. Sintiéndose perdido, sin ver dónde se encontraba y quiénes estaban a su alrededor. Preguntándose si en ese instante aquellos piratas habían aparecido.
Tan pronto recobró la visión, su mirar fue hacia Matt. Pero parecía estar concentrado en algo muy lejano a lo que él estaba pensando. Y si en realidad era algo parecido, no lo pudo distinguir.
Matt miraba fijamente hacia la casa, tenía un extraño brillo que se había colado a sus ojos azules, y fruncía leve pero involuntariamente el ceño. No se dio cuenta que Kaoru lo había mirado, y el albino giró a ver hacia Zeink esta vez. Pero el resultado pareció ser muy parecido al del menor.
Kaoru no entendía. Y no sabía qué hacer.
Estaba desesperado y cada vez más aterrado. Se sentía aturdido, pero al mismo tiempo demasiado consciente sobre la situación por la que Haniah estaba pasando.
Volvió a mirar hacia Haniah, y notó las lágrimas de su amiga.
Una pequeña mueca apareció en el rostro de Kaoru, una mueca que tan solo era para poder intentar dejar de llorar y moverse.
Tan pronto la había visto llorar, él quiso llorar con ella. Y lloró con ella. Verla de esa manera le había roto el corazón.
Subió la mirada levemente hacia Zeink cuando este habló. Llevando su mirar hacia Akamaru al final, llegando a verlo tan solo un instante antes de perderlo de vista entre los árboles.
Y una vez más, se encontró en un nuevo lugar tras pestañar. No había llegado a reaccionar, ni siquiera a darse cuenta de la intensión del neko de llevarlos de vuelta al cuarto. De nuevo, le costó entender qué era lo que había ocurrido, e incluso dónde se encontraban a pesar de encontrarlo tan familiar.
- Kaoru, es mejor que acuestes a Haniah en una de las camas.
La voz de Matt a su lado lo había sobresaltado. No lo había visto acercarse, y cuando lo vio, por un momento creyó que era un extraño. Le mantuvo la mirada por unos instantes, sintiéndose tenso y asustado. Pero el peso de Haniah en sus brazos hizo que volviera a ver hacia abajo, y las palabras del menor cobraron sentido.
Tragó saliva, y ni siquiera dudo en hacerle caso, llevándose nuevamente un golpe de la realidad. Se acercó con lentitud a la primera cama que había visto, y se inclinó de a poco hacia adelante, acostando a Haniah con mucho cuidado, y sobre todo con cariño. Pero no se movió de su lugar.
No pudo apartarse. Tan pronto la había dejado, la fuerza que le había quedado lo abandonó, y el temblor y el llanto que había intentado controlar mientras cargaba a Haniah en brazos, lo terminó por controlar.
Tal vez debía estar aliviado. O al menos feliz porque Haniah estaba de nuevo con ellos. Pero cualquier lógica que hubiera en ello estaba muy lejos de comprenderla en ese momento.
Sentía un gran dolor en su pecho. Un dolor insoportable que había terminado de estallar luego de atormentarlo durante todo ese día.
En un principio, había agarrado con las dos manos las mantas de la cama. Pero pronto había caído arrodillado al suelo y las manos habían ido a parar frente a él, sosteniéndose levemente para inclinarse hacia adelante. Su cabeza se había mantenido hacia abajo, con el cabello tapándole su lloroso rostro.
Matt lo miró durante todo ese momento. Desde la extraña mirada que le había devuelto, hasta que se derrumbó en el suelo. No se acercó a él, pero si pasó a ver hacia Kyo. El gato se había acercado corriendo hacia su dueño al segundo que habían aparecido en el cuarto, lo miraba con las orejas a lo alto realmente alarmado y preocupado.
Aunque Kaoru ni siquiera pareció haberse dado cuenta de su presencia, o siquiera de su existencia, lo siguió desde cerca. Y se mantuvo junto a él, intentando llamar su atención al darle torpes cabezazos en la pierna, a pesar que el hombre estaba siendo consumido por un horrible sufrimiento.

_________


No había podido moverse. No había tenido el suficiente tiempo como para intentar esquivar el ataque.
La electricidad le había envuelto el cuerpo de nuevo, y había detenido cualquier movimiento que había intentado hacer. Se encorvó levemente hacia atrás de manera involuntaria, y apretó los dientes con fuerza mientras escuchaba a Kaoz hablar detrás del dolor y el ruido que podía oír provenir claramente de la electricidad.
Y cuando se dio cuenta, la habían apartado en contra de su voluntad y había caído contra Luka. No alcanzó a mirarlo, y tampoco a Midori. Su mirada se había mantenido directamente hacia los dos piratas frente a ellos.
Y pronto la dirección de su mirada tuvo que cambiar. Y ya no tuvo que seguir soportando las tiras eléctricas en su cuerpo. Miró de soslayo a Luka y Midori, pero tan solo les echó un vistazo al ya haber sido soltada por el pirata y liberada de la electricidad.
Se reincorporó del suelo, sintiendo todavía las secuelas de las tiras eléctricas, y las punzadas en sus piernas cada vez que hacia presión en el suelo para pararse y caminar. Pero eso no la detuvo de avanzar, dejando que sus brazos colgaran a cada lado de su cuerpo para no tensarlos, y sin apartar su mirada del pirata pelirrojo. Lo miraba con frialdad mientras gruñía por lo bajo, mostrando sus dientes levemente.
Se quedó quieta a los pocos pasos, observando y prestando atención a cada uno de sus sentidos, llevada completamente por su instinto. Vio cómo Bleef decidía por avanzar, y su mirada se afiló.
Tensó un poco los músculos de sus manos, alzándolas levemente desde la muñeca y doblando los dedos. Respiraba lento y pausado, concentrándose en lo que sentía y sabiendo de sobra lo que tenía que hacer a continuación.
Echó levemente la cabeza hacia atrás, pero no dejó de mirarlo. Y tan pronto notó cómo Luka desaparecía y reaparecía cerca de Kaoz, hizo su primer movimiento.
Se movió rápido. Ignorando las heridas, e ignorando las secuelas de electricidad.
Había contenido el aire y corrido hacia Bleef de nuevo. No esperó a que él hiciera el primer movimiento. Y no dejó que lo hiciera.
Saltó a los pocos metros de llegar a él, y en el aire tan solo acomodó su posición. Imitó el mismo golpe que había dado cuando la barrera había desaparecido, pero en vez de golpear en el aire, terminó de llegar hacia él para darle un puñetazo en el rostro.
Y antes de que el pirata pudiera reaccionar, Isabel pisó el suelo al mismo tiempo que extendía sus dos puños hacia adelante y golpeaba hacia dentro. Cada puño deteniéndose a pocos centímetros de los oídos del neko.
El sonido fue silencioso para cualquier otro que no haya sido Bleef. Las ondas habían sido dirigidas directamente hacia sus oídos, y habían sido demasiado fuertes como para que cualquier tímpano pudiera resistirlo.
Isabel no esperó a que reaccionara a su nueva sordera. Y dio una media vuelta con rapidez para darle una nueva patada en el centro del pecho, volviéndolo a empujar hacia la pared y corriendo hacia él al mismo tiempo que el pirata chocaba contra el muro.
Su mano había ido directamente hacia el cuello de Bleef, sujetándolo con fuerza y presionándolo aún más contra la pared. Mientras que con la otra agarraba por el mango un cuchillo que había alzado en el camino.
Lo miró fijamente a los ojos por tan solo unos segundos, soltando un fuerte gruñido que resonó contra las paredes. No hubo necesidad para que la escuchara para entender la amenaza y todo el odio y furia que había transmitido. Su mirada hablaba aún más que aquel gruñido.
Se había dejado llevar por su instinto y el odio. Por la ira y el desprecio que sentía hacia él.
En ese momento, Isabel solo pensaba en Haniah. En su mejor amiga. En todo lo que Haniah había tenido que sufrir. En todo lo que había tenido que pasar gracias a ese hijo de puta. Gracias a esos desquiciados. Y eso solo hacía que se enfureciera cada vez más.
No habló y tampoco hizo una mueca. Su ceño fruncido se mantuvo como estaba, y su mirada no se apartó del rostro de Bleef. Había estado clavando las uñas y los dedos con fuerza en su garganta desde antes de haber soltado el gruñido. Sin dejar que pasara el siguiente segundo, tensó los músculos del brazo y se paró aún mejor para jalar la mano y tirar el brazo hacia atrás.
Desprendió la garganta con rapidez. Apartándose solo un paso por el impulso que había tomado, y sin inmutarse por la sangre que había caído sobre ella tan pronto había atacado.
El cuerpo cayó con un golpe seco.
E Isabel retrocedió solo unos pasos para recuperar el aliento. Respiró pausado y profundo un par de veces, y bajo su mirada hacia Bleef mientras se limpiaba un poco de la sangre que había llegado a su mentón.
Hizo una mueca, apretando los dientes disgustada y volviéndolos a mostrar levemente. Apretó las manos en un puño, y arrojó a un lado el resto de la garganta que le había quedado en la mano, al mismo tiempo que se acomodaba levemente en el lugar. Lo miró de reojo, respirando lento y notando cómo su ceño fruncido se profundizaba un poco más. Y en un rápido pero corto movimiento, lanzó el cuchillo hacia el cuerpo dándole directamente en la entrepierna.
No relajó su expresión, y pasó su mirada hacia el costado. Mirando hacia Luka, y viendo hacia Kaoz.


Última edición por Akane el Lun Sep 19, 2016 8:23 am, editado 2 veces
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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por susie el Lun Ago 15, 2016 1:42 am

A diferencia de su hermano mayor, Max reaccionó impulso tras impulso.
Mirando al dueño de la posada justo por encima de su hombro, no pudo ocultar la rabia que el encontrarlo allí, dentro de la habitación, le provocó.
En ese preciso momento, el hombre no representaba más que a un vil intruso para él.
Un desconocido que no debería estar en ese lugar.
Max se giró sobre sus talones, y se levantó con rapidez al verlo cerrar la puerta detrás de él y avanzar levemente hacia ellos.
Cortó la distancia entre ambos en un breve instante.
El menor de los pelirrojos, sinceramente, no quería verlo.
Y tampoco quería que se acercara a Shun.
—Usted no debería estar aquí —se apresuró a decir—. Esto es culpa suya y del maldito pueblo.
Max no lo pensó, simplemente actuó y, tras sus palabras, trató de empujar al hombre para hacerle salir de la habitación. Sin embargo, este último atrapó sus brazos antes de que él pudiera tocarlo e, involuntariamente, le hizo moverse hacia un costado.
Entonces Max fue capaz de mirar por el rabillo del ojo a Shun, y lo notó levantándose junto a Jade, ambos girando al mismo tiempo para encararlos mejor.
La mano de Jade logró permanecer sobre la espalda de su hermano mayor.
—Muchacho —escuchó al dueño y automáticamente volvió a verlo—, mi pueblo y yo no podemos hacernos responsables de lo que acaba de suceder…
Max no lo supo, pero Shun sí: el hombre tenía la intención de seguir hablando. Sin embargo, la repentina aparición de una parte del grupo lo obligó a guardar silencio.
A pesar de que las miradas cayeron por igual sobre los recién llegados, fue Max el primero en reaccionar ante esa inesperada interrupción.
Aun así, le costó un momento lograr que su cuerpo le respondiera.
Max, desde el ángulo en el que se encontraba, pudo ver a la perfección a Haniah en los brazos de Kaoru.
Sus músculos se tensaron inmediatamente, y sintió irreal el hecho de que, hace apenas unos minutos, ella había estado demasiado lejos, fuera del alcance incluso de aquellos que estaban frente a ella.
Los ojos de Max recorrieron el cuerpo de su hermana, percatándose superficialmente de que había menos, muchas menos, heridas ahora que antes, pero su atención terminó concentrándose en el rostro de ella.
Entonces finalmente consiguió apartarse del dueño de la posada, enviando su presencia hacia la última parte de la lista de sus prioridades.
Dos sensaciones chocaron dentro de él, y fueron tan diferentes la una de la otra que consiguieron provocarle un sentimiento estremecedor.
Mirando a Haniah, Max creyó que jamás la había visto tan frágil. Y ese pensamiento le hizo verla como una niña y no como una adulta, como una hermana menor y no como una hermana mayor.
Pero, muy en contraste con ello, Max sintió que el parecido con su madre era tanto que podía visualizarla perfectamente y confundirla con ella. Después de todo, la diferencia más notoria entre una y la otra era el color de sus ojos, y Max no era capaz de ver los ojos de su hermana en ese momento. Por ende, verla llorar hizo que Max imaginara la manera en que su madre había llorado en algún momento de su vida. Y el primer momento que su mente pudo procesar fue lo que Bleef le había hecho.
Max se dio cuenta de que él volvía a llorar.
Y no pudo identificar si era por alivio o porque su madre, su hermana e incluso su hermano, habían sido heridos por la misma persona.
Creyó, sinceramente, que era por ambas razones y por muchas más.
Max miró a Kaoru dejarla sobre una cama, y aunque escuchó un leve quejido abandonarla, quiso agradecerle a él por el cuidado y cariño con el que la trataba. Y quiso agradecerle a los demás por haberla traído de regreso, pero se percató de que Midori, Isabel, Luka y Ayami faltaban en ese lugar.
Max se asustó, llegando a pensar lo peor, pero la expresión que logró identificar en Matt y Zeink le indicó que los demás volverían pronto. Porque si no fuesen a volver, ninguno de los dos podría simplemente permanecer allí más de dos segundos, ¿cierto? Matt no habría podido siquiera dirigirle la palabra a Kaoru si a Isabel le hubiese pasado algo, ¿verdad?
Max finalmente avanzó, y cruzó la habitación con rapidez hasta terminar de llegar a un costado de la cama en la que Haniah estaba ahora.
El pelirrojo supo que, en otra situación, se habría abalanzado sobre ella y la habría abrazado hasta que sus huesos dolieran, pero esta vez no fue capaz de hacerlo.
Max miró a Kaoru, y se sintió mal por él, pero luego miró a su hermana, y se sintió aterrado por ella.
Se arrodilló en el contrario opuesto al del albino, y con voz temblorosa la llamó.
Notó los dedos de ella aferrados a la sábana debajo suyo y volvió a llamarla al no tener respuesta.
Max no podía explicar la alegría que el tenerla frente a él le provocaba, pero tampoco podía explicar el dolor que sentía al verla de esa manera.
El pelirrojo llevó una mano a la de ella, y la hizo soltar la sábana sólo para que pudiera sostener la mano de él.
Max sintió los dedos de su hermana dudar como si no le reconocieran y como si el tacto le asustara, y eso le causó más dolor a él, porque parecía que ella estaba tan cansada y desconcertada que ni siquiera podía percatarse de lo que sucedía verdaderamente a su alrededor.
Pero después llegó a pensar que todo era parte de su imaginación, porque los dedos de ella cedieron y se enlazaron con los de él.
Max sonrió involuntariamente, y se percató de que el llanto había cubierto su rostro de la misma manera en que había cubierto el de su hermana antes de que el Aurum la regresara a ellos.
Con la mano que no sostenía la de ella, Max limpió su propio rostro.
—Haniah… —volvió a llamarla, y su llanto distorsionó la firmeza de sus palabras—. Hani, estás a salvo ahora.
Automáticamente, Max volteó y buscó a Shun en la habitación, deseando que él le confirmara que ella realmente estaría bien después.
Shun encontró los ojos de su hermano y supo que, a pesar de que todo había sucedido demasiado rápido, él sentía que había sido al revés. Él había visto las cosas pasar a su alrededor con una inquietante lentitud. Tan despacio que únicamente podía percibir más de lo que quería.
La mano que Jade dejó sobre su espalda le brindó un gran consuelo. Le hizo creer que ella lo sostendría si él no podía mantenerse por sí solo.
Shun disimuló la dificultad que tuvo para respirar adecuadamente ante la aceleración de su corazón y trató de concentrarse en lo que estaba sucediendo en ese preciso momento.
Descifró lo que la mirada de Max quería transmitirle, pero se negó a contestar y se limitó a ver a Haniah.
Jade no se apartó de él, y Shun sintió que jamás había estado tan agradecido por un apoyo tan mudo como el que ella le daba. Sin embargo, se obligó a alejarse lo suficiente como para que ella dejara de tocarlo, y la miró brevemente para asegurarle que estaba bien.
Entonces se acercó lentamente hacia su hermana, y mientras más la miraba, menos podía alejar de su mente la idea de que le debía todo al Aurum por haberla ayudado cuando él no pudo hacerlo.
—¿Dónde están los demás? —escuchó a Jade preguntar mientras la veía de reojo acercarse hasta Kaoru y sostenerlo ahora a él por los hombros, apretándolos levemente para hacerle saber que estaba allí—. ¿Por qué no han vuelto con ustedes?
Shun pasó saliva, pero sus pensamientos únicamente pudieron dividirse entre la alegría de tener de vuelta a Haniah y el dolor de verla herida. El dolor de no haberla protegido. La alegría de que estuviese viva.
El pelirrojo miró a su hermana moverse ligeramente en la cama, y creyó entender lo extraña que debería resultarle la sensación de poderse mover sin que nada apresara su cuerpo.
Haniah arrugó la frente y abrió los ojos lentamente, dejando atrás las náuseas que le habían provocado el aparecer y desaparecer por segunda ocasión en tan poco tiempo y pareciendo percatarse un poco mejor de la situación a su alrededor.
Shun se detuvo al borde de la cama, y trató de sonreírle de la manera en que no había podido hacerlo antes y de ser el apoyo que no había sido.
Trató, con todas sus fuerzas, de volver a ser el hermano mayor que ella y Max necesitaban.
Shun la miró, tan rota, y trató de no romperse él.
Finalmente asintió.
—Sí, Haniah, estás a salvo ahora.

:::::

La casa se estaba cayendo sobre ellos y amenazaba con enterrarlos a todos bajo los escombros.
A Kaoz no le importaba en lo absoluto.
Incrustado en la pared y con el filo del arma en su frente, el pirata sólo podía pensar en una cosa.
La diversión había terminado.
Sus eléctricos ojos encontraron los de Isabel cuando ella le miró, y él únicamente destiló a través de su mirada la furia y frustración de alguien que no sabía perder.
Kaoz la había visto asesinar a Bleef justo después de que él mismo fuese atacado y acorralado por Luka. La había visto arrebatarle la vida a tan sólo unos pasos de él. Y simplemente no pudo ocultar la sorpresa que ese hecho le causó.
Fue una expresión fugaz en su rostro, tan veloz como lo era su poder, que le hizo lucir completamente desconcertado; exactamente como un niño al que le hacían terminar un juego abruptamente sin explicación alguna.
Kaoz desvió la mirada, tan sólo unos centímetros más allá de la mujer para poder ver el cuerpo caído de Bleef.
Y la furia que sintió hacia la neko se transfirió hacia él, porque sabía que él los habría podido matar a todos con tan sólo chasquear los dedos. Habría podido exterminar al Aurum si así lo hubiese querido.
Pero había sido lo suficientemente estúpido como para renunciar a su poder, aunque fuera por unos pocos días, sin razón aparente.
Kaoz miró nuevamente a Isabel, y quiso matarla a ella y a todos.
Y pensó en la manera en que debería hacerlo, la forma en que debería asegurarse de que sus cuerpos quedasen ocultos debajo de los escombros.
Debería empezar con manos filosas, debería atravesarlo en ese preciso momento con la réplica de su brazo. Era la oportunidad perfecta.
Y después debería matar a la neko de cabellos verdes, tomarla y finalmente romper su cabeza. Triturarla hasta que nadie pudiera reconocer ese peculiar y lindo rostro.
Y obligaría a Isabel a verlo todo. La obligaría a sentir impotencia mientras veía a sus queridos camaradas caer.
Y entonces, sólo entonces, la mataría.
Abriría su cuerpo, la haría sentir la agonía de aquel que está siendo desgarrado y despedazado en vida. Y después, sin dejarla reaccionar, tomaría su corazón. Y lo arrancaría de la misma forma en que ella había arrancado la garganta de Bleef.
No le tomaría ni un solo minuto. Acabaría con ellos antes de que la casa se desmoronara.
Y los haría pagar por la sangre derramada de su compañero.
Por la vida de su estúpido compañero que había entregado su poder sin considerar las consecuencias de ese acto. Por haberle obsequiado su valioso poder a una mujer que jamás apreciaría el regalo y…
Y ahora todo tenía sentido.
Repentinamente, Kaoz pudo entender el motivo por el que Bleef había hecho aquello.
Y esa fue la perfecta justificación para dejar de insultarlo y comenzar a alabarlo.
Estaba claro, Bleef conocía la posibilidad de su muerte, porque todos ellos podían morir en cualquier momento, con o sin poderes para protegerse. Bastaba con un único segundo en el que la suerte no estuviera de su lado, y entonces todo habría terminado.
Bleef simplemente se había desechó de una ayuda valiosa, pero la había intercambiado por la idea de convertirse en un valioso recuerdo.
Había apostado y había perdido, pero no significaba que las cosas no habían salido como él quería.
Kaoz había conocido a Bleef, había hablado con él y había llegado a entenderlo.
Sinceramente, el neko ya había logrado lo que quería lograr, y ahora sólo se dedicaba a pasar el rato y divertirse mientras tanto. Se había convertido en una leyenda, y no había nada más después de eso. Morir o vivir no haría la diferencia para él.
Pero morir y convertirse en el terror de alguien que seguiría viviendo, eso sí marcaba una diferencia.
Bleef lo había escogido así, había asegurado la dicha de volver a convertirse en la pesadilla de alguien, y Kaoz sólo podía querer aplaudir por ello.
Porque vivo o muerto, él no iba a ser olvidado.
Kaoz miró a Luka y sonrió.
Y sus eléctricos ojos lo retaron con la mirada.
Movió su cabeza un poco, únicamente lo suficiente como para poder sentir una presión más punzante en su frente, y rió.
Una risa que contrastó perfectamente con el sonido del techo mezclándose con el suelo.
—Adelante, mátame si te hace sentir mejor, pero jamás podrás borrar lo que le hicimos a Haniah —murmuró. Su cabeza se apartó y golpeó la pared detrás de él, haciendo a su frente escapar del filo del cuchillo. Alzó considerablemente la voz y esta resonó dentro de la habitación como si estuviese transmitiendo una profecía—. ¡Nos hemos convertido en los demonios de Haniah, y como tales, estaremos siempre allí, listos para atormentarla! ¡La muerte o la vida no marcarán ninguna diferencia para nosotros!
Kaoz lanzó una carcajada más después de decir aquello, y sin que él lo quisiera así, la réplica que había creado tocó la fría pared en la que yacía incrustado.
La hizo explotar por error, pero le tomó un solo segundo percatarse de que ese error no debería ser una casualidad, sino una última oportunidad.
Kaoz cayó hacia atrás, pero aprovechó el impulso para apartarse de Luka.
Le tomó dos segundos deshacerse de los cuchillos que habían en su brazo real, y dos segundos más arrancar los que se encontraban en su hombro contrario.
El hombre tocó el suelo del pasillo y desapareció.
Apareció por un breve instante cerca de la puerta.
Y los miró con la mejor de sus sonrisas.
—Sólo para que lo sepas, manos filosas, debiste cortarme otra parte del cuerpo y no el brazo. Sólo así podrías haber vengado realmente a tu princesa. Y digo tu y no mi, porque te dejaré los pedazos de ella. Como esta casa, Haniah está rota y se desmoronará. Veamos si su amada tripulación logra repararla.
Kaoz desapareció dichas esas palabras.
Y no volvió a aparecer.

:::::

Shisui no había esperado que Blue apareciera en ese momento.
Y había deseado que nunca lo hubiera hecho.
Shisui se había escuchado gritar el nombre de su mascota después de que lo viera atacar a Zero, tomando a este último tan desprevenido que se había visto obligado a retroceder.
Después se había escuchado gritar el nombre de su hermano, rogándole que no lastimara a su mascota.
Blue había tomado a Zero por los cabellos, de la misma forma en que acostumbraba tomarlo a él y a Haniah cuando no le prestaban la atención suficiente que creía merecer. Pero, un instante más tarde, la pequeña ave había clavado su pico en la frente de Zero, creándole una circular herida que formó una línea de sangre en la piel del rubio.
Shisui miró al guacamayo volar alrededor de su hermano, picándole en los brazos y esquivándole antes de que pudiese ser atrapado.
O al menos así fue hasta que Zero logró mover un brazo y lo golpeó con fuerza.
Shisui vio con preocupación la forma en que Blue perdía el equilibrio, sintiéndose levemente desorientado por el golpe que había recibido en su pequeña cabecita.
Shisui gritó otra vez, mirando a su hermano golpear nuevamente al ave, derribándole en esta ocasión.
Zero vio a Blue con un ceño profundamente fruncido, y se acercó a Shisui para liberarlo de una de las espadas.
—Ave estúpida —murmuró en el momento preciso en que un arma abandonaba el cuerpo de su hermano.
Shisui no pudo contener la mueca de dolor que la sensación le provocó, pero aun así volvió a gritar.
Zero simplemente lo estaba ignorando.
El brazo de Shisui se movió involuntariamente ahora que ya no estaba clavado contra el tronco y trató de zafar alguna otra parte de su cuerpo del filo de las espadas.
Sólo consiguió lastimarse en el proceso.
No estaba lo suficientemente concentrado como para hacer un movimiento limpio, ni tenía el suficiente tiempo ni la suficiente movilidad como para no lastimarse más con el arma que trataba de alejar de su piel.
—¡Zero, por favor, por favor, deja a Blue!
Y fue un movimiento desesperado y torpe el que realizó, y cortó su brazo entero antes de poder sacar la espada del tronco y de su extremidad.
Shisui creyó que iba a desmayarse, y entonces lo vio.
El filo cayó sobre su mascota. Se hundió sobre su pequeña cabecita.
Y él no pudo hacer nada para evitarlo.
Gritó nuevamente. Gritó y cerró sus ojos mientras maldecía a Zero. Gritó y juró que iba a acabar con él. Gritó y lloró porque sabía que no podría hacerlo aunque su cuerpo fuese liberado. Y después gritó y lloró por el sonido que había hecho la espada al deslizarse fuera del cráneo de Blue.
Entonces lo escuchó chillar, y abrió los ojos.
Shisui miró a Blue completamente bien, volando justo frente a su rostro. Y encontró a Zero a unos cuantos metros, hundido en el agua del río, poniéndose de pie después de haber sido derribado por el ave.
Shisui miró a su mascota con sus ojos completamente llorosos, y tardó en entender que todo había sido producto de su imaginación.
Blue no había muerto y él aún tenía su brazo; su miedo y desesperación le habían jugado una macabra broma en menos de un minuto.
—Blue, por favor, tienes que irte —le ordenó con voz temblorosa mientras veía de reojo a Zero salir del río.
Blue pareció no entenderlo o ignorarlo porque, de manera inocente, descendió y comenzó a jalar la chaqueta del albino con su pico, creyendo que de esa manera lograría liberarlo.
Shisui miró a Zero acercarse, y le ordenó nuevamente a su mascota que se marchara.
Blue no hizo caso y jaló y zarandeó con fuerza el bolsillo de su chaqueta.
—¿Un ave estúpida también vale más que yo, Shisui? —el cabello húmedo de Zero se pegaba en su frente y cuello también mojados—. ¿Vas a acabar conmigo? ¿Realmente cambias la vida de tu hermano mayor por la de una patética ave?
Shisui miró a su hermano, pero dirigió la misma orden a Blue, tratando de advertirle lo que Zero podría hacerle si lo atrapaba.
—¿No lo entiendes, Shisui? Tú y yo podríamos haber sido una familia de nuevo… Podría haber sido el hermano que esperabas… Habría podido olvidar todas las vidas que arrebaté y los llantos que causé… Habría podido obtener la tranquilidad que necesitaba para poder dormir. Mis pecados habrían valido la pena y habrían sido perdonados si tan sólo hubieses aceptado permanecer a mi lado.
Blue chilló, asustado al ver al rubio más cerca, y apretó la tela de la chaqueta tan fuerte como pudo para estirarla.
—Shisui, no quiero estar solo. Abandoné mi vida entera por ti y no puedo recuperar quien era sin tu ayuda. Sin ti, no hay esperanza para mí. No existe un futuro. Por eso te he pedido que me mates, porque sin ti ya estoy muerto. Viví para protegerte y continué con vida porque esperaba que regresaras algún día. Pero tú has formado una vida alrededor de otras personas. Has vuelto, pero no planeas quedarte.
Shisui miró la sangre en la frente de su hermano volver a deslizarse por el centro de su rostro, caer en el espacio libre entre ambas cejas y recorrer su nariz y después sus labios.
La cara de Zero, ante los ojos de Shisui, pareció dividirse en dos por aquella línea de sangre.
Dividida en dos como el resto de su ser.
Shisui escuchaba sus palabras, y veía al hermano que Zero quería ser, al hermano que en algún momento lo había cuidado y habría dado su vida para protegerlo.
Pero escuchaba su tono y miraba su expresión, y sólo podía encontrar al hermano que había perdido y que jamás volvería. Al hermano que lo mataría antes de dejarlo marchar.
Shisui se percató de la pelea constante entre las dos divisiones de su persona, y sintió la guerra en la que se había convertido la vida de Zero. No supo si podría hacer algo para conseguir que la guerra acabase y llegase la paz.
Entonces Blue dio un último y vano tirón de su chaqueta.
No pudo liberarlo, pero algo cayó del bolsillo interior de la prenda.
Ese algo golpeó el zapato de Shisui y rodó al suelo, obligándolo a bajar la mirada.
Encontró el anillo que había querido darle a Ayami, encima del césped como si perteneciera a ese lugar, y apretó sus labios.
Shisui recordó a sus padres, y entonces volvió a mirar a Zero.
Si Zero también los recordaba, jamás habría podido olvidar una de sus más valiosas enseñanzas.
Blue soltó a Shisui al ver por el rabillo del ojo a Zero detenerse frente a ellos, y se colocó delante de su dueño para protegerlo.
Shisui miró a Zero directamente a los ojos.
La llama del fuego creció gracias a una ligera esperanza.
—Tienes razón, hermano mío, he conseguido una nueva familia. Pero eso no significa que olvidé la que tuve antes. Recuerdo a mis padres y te recuerdo a ti. Nos recuerdo a los dos viniendo a este lugar, semana tras semana, para escondernos del mundo. Jamás podré olvidar esos tiempos, moriré con esos recuerdos formando parte de mí —aseguró—. Pero todos estamos destinados a tener más de una familia, y yo sólo puedo lamentar que tú no la hayas tenido aún. Sin embargo, no puedo disculparme por haber encontrado una segunda familia y por querer formar una tercera… Quiero tener la familia que nuestros padres nos dijeron que encontraríamos algún día.
Zero frunció el ceño, confundido por sus palabras y decidido a interrumpirlo para no tener que escucharlo más.
Shisui se apresuró a seguir hablando, sin importarle el dolor que sentía en su cuerpo y en su corazón.
—Mira hacia mis pies, un anillo ha caído de mi chaqueta. He encontrado alguien a quién dárselo y quiero pasar el resto de mi vida con ella —hizo una breve pausa al ver a Zero bajar la mirada y encontrar el anillo—. Si recuerdas a mis padres, si recuerdas la familia que fuimos tiempo atrás, entonces tú, más que nadie, debes saber lo que eso significa para mí…
Shisui supo que ya no importaría lo que dijera después de eso, puesto que Zero iba a matarlo o dejarlo ir después de esa información.
Sin embargo, no esperó una rápida reacción por parte de su hermano, y el tenerla en cuestión de segundos le tomó irremediablemente desprevenido.
La expresión de Zero fue furiosa, y las espadas abandonaron unas seguidas de otras el cuerpo de Shisui, haciéndolo desplomarse sobre el suelo delante de su hermano.
La sangre de las heridas comenzó a manchar el césped debajo de él.
Blue, asustado, voló hacia él y comenzó a chillar.
Shisui sintió la solidez del anillo hundirse cerca de su corazón.
—Zero…
—Eres tú quien intenta manipularme ahora, ¿no es así? —Zero sonó sumamente molesto—. Sé lo que una jodida familia que tú mismo eliges debe significar para ti y lo que debió significar para mí. Yo no olvido, Shisui —aseguró—. Nuestros padres nos enseñaron la importancia del matrimonio y la familia que tú mismo escogías. Uno de ellos solía decir que era una de las decisiones más importantes que se tomaban en la vida. Y el otro lo complementaba diciendo que una persona sólo podía casarse cuando, y únicamente cuando, amase tanto a esa otra persona como para estar dispuesta a dar su vida por ella. Por ende, el casarte con alguien debe significar que le amas con tal locura como para darlo todo por ella. Que tu amor es tan grande que prefieres perder tu vida antes que perderla porque, si la pierdes, sentirás la mitad de tu vida irse con ella.
Shisui lo escuchó recitar esas palabras a la perfección a pesar de la rabia, como si jamás las hubiese borrado de su mente.
Las espadas entraron nuevamente en su cuerpo, justo en las mismas heridas, pero esta vez del lado contrario por el que habían entrado minutos atrás, y Shisui se vio incrustado en el suelo.
—¿Cómo puedes atreverte a chantajearme con eso? ¿Cómo puedes esperar que aplauda el hecho de que yo tuve que dejarlo todo para que tú pudieras encontrar la felicidad? ¿Cómo puedo sentirme feliz al ver que has tenido la dicha de encontrar otra familia y de querer formar otra más cuando yo sigo estancado en la primera?
Shisui escupió sangre y notó sus puños temblando.
Su hermano lo había malinterpretado todo…
—Zero…, no lo entiendes. Dijiste que abandonaste tu vida por mí, pero yo también lo hice por ti. Acepté permanecer en el Agma Red incluso después de que la ambición te consumió. Acepté no tener una vida para seguir a tu lado. Ambos, tú y yo, abandonamos nuestras vidas por el otro en su momento. La diferencia es que, cuando me marché, sólo yo logré recuperarla.
Shisui notó a Zero agacharse frente a él, y por eso alzó la mirada.
—Yo no quiero manipularte, pero tampoco quiero morir y no quiero que mueras…
El agua en el rostro del rubio distorsionó ligeramente la línea de sangre.
—Sólo trato de decir…, que si yo pude recuperar mi vida…, tú también puedes hacerlo. Los pecados que cometiste no fueron en vano…, nos trajeron hasta este sitio de nuevo. Quizás solamente necesitamos seguir adelante… —Shisui se percató de la dificultad que tenía para hablar, mas se obligó a seguir—. Yo debo continuar con ellos y con ella… Y tú debes continuar y encontrar una nueva familia… Sólo así podrás recuperar la tranquilidad que necesitas para descansar.
Zero volvió a fruncir su ceño, y desdibujó aún más la línea en su rostro.
Sus ojos demostraron la misma rabia de antes.
—Shisui, si tienes una familia y además quieres casarte y formar otra, ¿significa que has encontrado a alguien que se llevaría la mitad de tu vida consigo si le perdieses?
Shisui pasó saliva con dificultad, pero no hubo rastro de duda cuando, después de unos segundos, habló.
—Zero, desgraciadamente, encontré a una tripulación entera.
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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por Ayashi el Lun Ago 15, 2016 8:08 am

Zeink apenas se dio unos pocos segundos para recuperar su aliento, sintiendo el cansancio hacer mella en él debido al uso constante que le estaba dando a sus poderes esa noche. Su mente registró vagamente a Kaoru colocar en cama a Haniah y la presencia del dueño de la posada en la habitación junto con Jade, Shun y Max. Sin embargo, su vista se clavó directamente en el balde de agua que permanecía en una esquina de la habitación, el agua que habían utilizado antes para Shun cuando este recién había aparecido nuevamente.
Sin pensarlo dos veces, el neko alzó su brazo en dirección al balde. De inmediato, toda el agua contenida allí salió disparada hacia su dirección en forma de largas líneas, brillantes y heladas, que pronto hicieron contacto con su mano, extendiéndose por todo su brazo como finas serpientes hasta su pecho antes de comenzar a desaparecer, difundiéndose contra él hasta que finalmente no quedó nada. Sintiendo en el acto la energía renovarse en su interior, se enderezó al notar que se había encorvado ligeramente.
Sabía que realmente necesitaría mayores cantidades de agua para recomponerse por completo, pero aquello era suficiente por ahora.
Miró entonces hacia la cama donde reposaba Haniah, notando a Max acercarse al mismo tiempo, el cúmulo de emociones y la tensión del momento reflejados claramente en el rostro del más joven de los Stallone. Su mirada se paseó brevemente por toda la habitación mientras avanzaba hacia la cama, escuchando al mismo tiempo el llanto de Kaoru.
Suspiró para sí, intentando enfocarse en su tarea en aquel momento.
No podía distraerse más de lo necesario.
Tomando lugar a un lado de Max, centró toda su atención en Haniah, sus manos moviéndose con precisión por toda la mujer mientras terminaba de cerrar todas las heridas de la mujer y curaba cualquier daño interno que percibiera en el camino.
Luego de un momento, su vista se alzó por un segundo hacia Jade en cuanto la escuchó hacer aquella pregunta para luego volver a bajarla.
Intentaba por cualquier medio no pensar en eso en aquellos instantes, sintiendo con fuerzas el peso de la preocupación por el resto al haberlos dejado atrás. Negó levemente, forzándose a terminar de curar a Haniah más rápido.
-Tuvieron que quedarse atrás – fue su única respuesta a una pregunta que no sabía bien cómo encarar.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Escuchaba de manera distante el irritante y escalofriante sonido que producía la casa mientras varios escombros caían a su alrededor, desmoronándose con rapidez debido a la destrucción que los rayos de Kaoz habían causa en la estructura.
Pero aquella era, en realidad, la menor de sus preocupaciones.
Sus ojos azules, fríos como el hielo por la furia que se reflejaba en ellos, no perdían de vista a Kaoz mientras este hablaba, burlándose descaradamente de ellos como si todo fuese un maldito chiste.
El desprecio que sentía por él no hizo más que incrementarse por sus cínicas palabras.
Por un segundo no pudo hacer más que pensar en todo el dolor y sufrimiento que habían hecho pasar a Haniah, la desesperación que debió de haber sentido la mujer en sus largas horas cautiva en aquel mugriento lugar, presa bajo las garras de unos sádicos sin corazón que tan solo querían jugar a su propia conveniencia y placer.
Imaginarse eso le hacía sentirse enfermo y rabioso, pero más que todo, increíblemente desolado, puesto que sabía en el fondo, que Kaoz tenía la razón, y que pasaría mucho para poder hacer que Haniah olvidara, aunque sea un poco, todo el daño que le habían causado, que dejara atrás las secuelas del tormento del que acaba de salir.
Apretó los dientes con fuerza y odio.
Preparó su ataque para clavar finalmente acabar con la vida del pirata cuando este comenzó a carcajearse, pero cuando la punta del cuchillo rozó la frente de Kaoz, se produjo la repentina explosión.
Aquello le desestabilizó por un momento, obligándose a echarse hacia atrás instintivamente para evitar que los trozos de pared le hirieran. Al segundo después alzo la mirada dispuesto a atrapar a Kaoz nuevamente, solo para encontrarse con el espacio vacío delante de él.
Se giró al instante, solo para ver al rubio pirata aparecer frente a la puerta.
-¡Maldito hijo de perra! –gritó, dirigiéndose rápidamente hacia él e ignorando las últimas palabras que le dirigió.
Lanzó un puñetazo que impacto directamente contra el aire, desequilibrándolo ligeramente.
-¡KAOZ, INMUNDO COBARDE! –estalló, mirando hacia todos lados en vano.
Las manos de Luka temblaron de ira, impotencia y frustración ante el evidente escape de Kaoz. Un potente grito brotó de su garganta al tiempo que su mano herida impactaba contra la pared con todas sus fuerzas. El dolor no fue nada comparado a la rabia que le invadían en aquellos instantes, apenas una pequeña molestia.
Quiso salir de ahí y perseguirlo, atraparlo con sus propias manos y terminar por romperle cada uno de sus míseros huesos hasta que no pudiese sentir nada más que dolor en todo su ser. Pero apenas dio un paso, la voz de Midori llegó a sus oídos.
-No tiene caso… no podrás alcanzarlo –la gitana se había puesto en pie a duras penas, una mano apoyada contra la pared y la otra aun sosteniendo su cabeza para detener el sangrado -. Ya se encuentra muy lejos de aquí, en cualquier momento llegará con su capitán.
Aquella revelación tan solo le generó mayor frustración. El rubio creía que en cualquier instante podría estallar de mera rabia.
Fue el sonido de la estructura de la casa ceder bajo su propio peso lo que llamó su atención. Tanto la gitana como él alzaron las cabezas para ver el techo sobre ellos ceder por distintas zonas.
Luka apenas tuvo un segundo para decidir qué hacer y olvidar su ira momentáneamente, antes de que todo se volviera un completo desastre. En un abrir y cerrar de ojos apareció junto a Isabel, sujetándola por un brazo, para luego aparecer nuevamente con Midori, tomándola por la cintura para que la gitana pudiese apoyar su peso en él.
Con una última mirada al cuerpo inerte de quien fuera su antiguo maestro, los tres desaparecieron por completo del lugar justo un segundo antes que todo se derrumbara sobre sus cabezas.

Zeink acaba de terminar de con Haniah y se había apartado de la cama para darle más espacio a la mujer, cuando los tres aparecieron repentinamente en la habitación.
Su atención se enfocó por completo en Isabel, Midori y Luka, notando al instante la cantidad de heridas y sangre que desprendían los tres tan solo con un rápido escaneo. Se movió sin que se diera del todo cuenta, acercándose en primer lugar a Isabel sin poder apartar su mirada de las lesiones en el cuerpo de la mujer.
Sin darle demasiadas vueltas, hizo sentar a la neko en la cama que estaba libre, al mismo tiempo que Luka hacia lo mismo al lado con Midori. El neko se había agachado para comenzar a cerrar las heridas de la pelirosa cuando escuchó a Luka hablar.
A pesar del evidente cansancio que desprendía, el tono confuso y urgente de su voz llamo su atención.
-¿Dónde está Ayami?
Zeink lo miró de reojo a él y Midori, notando a la peliverde fruncir levemente el ceño con incomodidad y dolor mientras miraba al capitán del Aurum.
-Fue por Shisui –murmuró.
Los ojos de Luka se abrieron de par en par.
-Pero tú dijiste que Kaoz… -se calló al instante, pensando inevitablemente en las consecuencias de eso.
Zeink soltó un gruñido, sus manos temblaron ligeramente sobre el brazo de Isabel donde estaba terminando de sanar a la neko. Cerró los ojos con fuerza, pensando rápidamente en sus opciones antes de decidir que no podía permanecer por más tiempo allí.
Sin decir nada a nadie, desapareció de la habitación.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

No estaba completamente segura de que era lo que experimentaba en aquellos momentos.
Sentía tantas cosas en sus interior, tantos sentimientos acumulados en su pecho, haciendo presión unos con otros luchando por tomar el control, que no podía separarlos del todo.
Corría con frenesí por el bosque, persiguiendo sin perder de vista a la esfera de fuego que guiaba su camino como un espectro en la oscuridad. A pesar de que ya había comenzado a amanecer, la copa de los arboles eran lo suficientemente espesas como para no dejar de pasar demasiada luz por entre sus ramas.
Ayami sentía que corría sin rumbo alguno, colocando una fe ciega en un demonio que bien sabia no debería confiar del todo. Un ser tan despreciable que, si quería, podría estar llevándola lejos de todos los que quería, alejándola de su principal objetivo tan solo por el mero placer de verla sufrir.
Pero no le quedaba más remedio que depositar su confianza en Hiei y esperar que no la engañara como había hecho en anteriores ocasiones. Por los momentos, el demonio parecía haberse olvidado de atormentarle sus pensamientos, su silencio siendo una clara indicación de que estaba concentrado en algo más importante que ella.
Lo cual le abría espacio para pensar en Shisui y lo que podría encontrarse una vez llegara con él y Zero.
Entonces logró definir que lo que más sentía era miedo, el más puro y potente de los miedos que alguna vez había llegado a sentir en su vida.
Miedo por no poder llegar a tiempo con el albino.
Miedo porque él se fuera y los abandonara a todos definitivamente.
Miedo porque la dejara a ella.
Y después simplemente sintió la ira recorrer su cuerpo.
Ira hacia sí misma, por no haber actuado desde antes.
Ira hacia Shisui, por haberse arriesgado de tal manera.
E ira a hacia Zero, por haberlos puesto en esa situación a todos, por su haberle causado tanto daño a Haniah, Shun tan solo por cumplir un plan egoísta y vengativo.
Aquello tan solo le impulsaba a avanzar más rápido, presionada por alcanzarlos, moviéndose hábilmente para evitar tropezar con las ramas y raíces que se atravesaban en su camino.
Ver la esfera desaparecer tan repentinamente y sin aviso alguno fue lo único que le obligó a parar, deteniéndose en seco en medio de los árboles sin entender porque había sucedido aquello.
Alerta, miró a su alrededor, buscando agitadamente algún indicio de que Shisui y Zero se encontraban ahí.
Pero no había nada.
-¿Qué…? Hiei que pret…
Los gritos le sobresaltaron, haciéndole girar sobre sus talones a su derecha, desde donde los estaba escuchando. A pesar de que se escuchaban lejanos y no entendía lo que decía, podía reconocer perfectamente aquella voz.
-Shisui…
Las risas de Hiei se hicieron presente apenas comenzó su avance en aquella dirección. Los gritos del albino empujándola, como una fuerza invisible, por el camino.
Se obligó a sí misma a guardar la calma a pesar de todo, a moverse con mayor precaución por el terreno, evitando hacer algún ruido que los alertara de que se estaba acercando. No tenía idea de que era lo que podía encontrarse y su lado más racional le gritaba que debía asegurarse de no dar aviso de su presencia, de no arriesgarse más de lo necesario.
Con el pulso acelerado se fue acercando, pudiendo escuchar dos voces con mayor claridad con cada paso que daba. Frunció el ceño, intentando descifrar que era lo que decían, desesperándose un poco por sentir a Shisui tan desgastado y dolorido.
Se mordió el labio con fuerzas para retener el grito que amenazó con salir en cuanto logro verlos a ambos, sus ojos abriéndose ligeramente con miedo y preocupación al darse cuenta del estado en que se encontraba su novio.
Se agachó ligeramente junto a un arbusto, mirándolos a los dos fijamente mientras pensaba con rapidez.
Apenas logró descifrar parte de las últimas palabras de Shisui, cuando finalmente se movió después de lo que le pareció una eternidad.
Empujó bruscamente a Zero hacia un lado, pateándolo en el estómago con todas sus fuerzas dos veces para alejarlo varios pasos del albino. Luego, simplemente, mandó el resto de sus precauciones de batalla a la mierda, enfocándose enteramente en Shisui.
Sus ojos morados se pasearon por todo su cuerpo, preocupándose por toda la sangre y las peligrosas heridas que le surcaban.
Se agachó junto a él, colocando una mano en la mejilla del hombre mientras que con la otra revisaba frenéticamente los bolsillos de su chaqueta donde recordaba haber guardado una de sus pócimas cuando el albino había desaparecido, sabiendo que la iba a utilizar en cualquier momento.
-Shisui, esto va a dolerte –le avisó.
Abrió con la boca el frasco al tiempo que removía las espadas y las lanzaba al río. Al segundo siguiente vertió el contenido del frasco sobre las heridas del hombre, parando inmediatamente el sangrado.
Por el rabillo del ojo, podía seguir viendo a Zero moverse en el suelo.

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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por Akane el Jue Ago 18, 2016 5:11 am

La luz del cuarto la obligó a cerrar los ojos tan pronto aparecieron.  
Echando la cabeza hacia un lado, y repentinamente aturdida por el cambio tan abrupto de lugar.
Más todo lo que ocurría en la habitación llegó a ella tan pronto volvió a abrir los ojos. Por un instante, recorrió la mirada a su alrededor un tanto perdida, con el horrible llanto de Kaoru resonando contra sus oídos y las continuas quejas de King demasiado fuertes que iban de un lado a otro por el cuarto. Tan solo había llegado a darle un vistazo a su hermano, quien se alejaba de ellos y se dirigía hacia uno de los baldes llenos de agua todavía con el cuchillo en la mano.
Si hubiese podido verlo desde antes, tal vez hubiese alcanzado a ver la expresión de sorpresa mezclada con miedo que había cruzado fugazmente por su rostro cuando recién habían llegado. Pero que había abandonado tan pronto tuvo consciencia de su reacción.
Isabel también llegó a ver tan solo un momento al resto. Aunque aun así, no había llegado a oponerse a tiempo cuando fue llevada a la cama. Y mucho menos alcanzó a decir algo cuando Zeink empezó a curarla.
Su mirada pasó de su brazo hacia el rostro del neko, habiendo empezado a apartarse para que se detuviera. Pero una vez que escuchó a Midori junto a ella, la miró de reojo en un movimiento leve pero rápido. Tuvo el repentino impulso de levantarse y volver a salir para ir a buscarlos.
Miró hacia el frente, a tiempo para ver a Zeink desaparecer del cuarto. Y lo primero que escuchó fueron las quejas de King a su lado.
— ¡¿Y ahora se fue?! – empezó a decir el sapo. Se había posado sobre el hombro de la gitana después de haber estado saltando por casi toda la habitación. Estaba parado en sus dos patas traseras, mientras que con las delanteras intentaba detener el sangrado de Midori. Su expresión solo gritaba preocupación, alarma y una increíble indignación – ¡¿Adónde se fue ese cíclope?! ¡Me alegra que se esté haciendo responsable si fue a buscar a Ayami y Shisui, pero al menos pudo detener esta catarata antes de irse! – presionó un poco más, pero la sangre ya le había cubierto las patas y empezaba a mancharlo a él también. De tan pequeño que era, fácilmente se empapaba – ¿Acaso no hay vendas por aquí? ¡Necesitamos vendas! – miró hacia atrás y llegó a ver hacia la neko – ¡¿Y a ti qué te pasó?! ¡Espero que todo eso sea pintura!
Tras aquellas palabras, Isabel finalmente tuvo realmente consciencia sobre cómo se encontraba.
Aun le dolían las extremidades, pero había notado que Zeink había sido rápido y había cerrado las cuatro perforaciones que se había ganado en el sótano. Ahora tan solo eran heridas abiertas.
Pero sentía la sangre secarse contra su piel con cada segundo que pasaba, desde su rostro hasta sus piernas. Y empezó a estar demasiado consciente que se trataba de su propia sangre y la de Bleef.
Su respiración se mantenía pausada y lenta, aunque aún estaba inquietantemente nerviosa. No se sentía tranquila. Y no estaba en lo absoluto calmada. Todo lo que había ocurrido hace tan solo unos minutos estaba demasiado presente en su mente.
Las palabras de Kaoz todavía resonaban en sus oídos. Y no podía borrar de su mente la expresión que les había dirigido antes de dejarlos allí.
El simple saber que todavía estaba afuera, en alguna parte del bosque, la hacía enfurecer. Una furia que sabía no podía seguir alimentando si estaba allí.
Miró hacia sus manos, y vio que las dos estaban a cada lado de sus muslos sobre la cama. Estaba lista para dar un impulso y levantarse para seguir su camino.
Apretaba las dos manos en un puño. Había alcanzado a clavarse las uñas, pero no por ello aflojó el agarre.
Sus nudillos se habían puesto blancos por la presión. Pero era el único gesto que podía reflejar la ira que todavía sentía y no podía abandonar del todo. El cabello le cubría la mayor parte de su rostro, y su cuerpo estaba tenso, pero parecía estar más adolorido por las heridas.
No podía calmarse. No podía sentir ningún tipo de calma.
Odiaba tener que estar allí en ese momento. Odiaba tener que haber vuelto como si fuera la única opción.
Escuchó con mayor claridad el desconsolado llanto de Kaoru, con las quejas de King mezclándose entre los sollozos del albino. Todavía exigía vendas, y criticaba enormemente la ausencia de estas.
Isabel miró por tan solo un instante hacia la cama de enfrente.
Pasó su mirada por los tres pelirrojos brevemente, sin saber muy bien qué sentir en el primer momento. Pero sabiendo que en cierta manera le aliviaba y alegraba verlos juntos, y de nuevo en la posada. Aunque era una alegría extraña. Después de todo lo que había ocurrido, no sabía muy bien qué pensar.
Era una mezcla extraña.
Bajó su mirada hacia Kaoru. Y con tan solo verlo un instante supo que ella necesitaba calmarse lo más rápido posible para poder ayudarlo.
El albino ya no podía escuchar a nadie, y tampoco sentir. No había podido darse cuenta de la presencia de Kyo, a pesar que este estuviera maullando a su lado mientras le daba pequeños cabezazos y le tocaba los brazos y piernas con la pata. Tampoco se enteró que Jade se había acercado a él, ni siquiera cuando lo sujetó por los hombros.
Él solo creía lo que su mente le estaba contando. Hasta empezar a entrar en el punto donde ni siquiera podía escucharse a sí mismo. El dolor lo carcomía por completo, y no podía dejar de llorar aun después de estar quedándose sin aire por momentos.
Isabel contuvo la respiración, y decidió por levantarse de la cama. Una vez que se reincorporó se dio cuenta que su cuerpo había empezado a ajustar cuentas con ella por haberlo forzado de esa manera después de tales heridas.
Sintió una fuerte punzada en ambas piernas, por un momento creyendo que iba a doblarse y a caerse. Pero el mareo que llegó a ella tan repentinamente la hizo dejar ese dolor en segundo plano. Tan solo eran las consecuencias por haberse forzado tanto, por haber perdido tanta sangre y no haber escuchado su cuerpo. Y decidió por ignorarlas.
Exhaló profundo, y no se detuvo en avanzar a pesar que su cuerpo se lo estaba negando. Empezó a acercarse a una de las camas del otro lado de la habitación hasta que se detuvo casi de inmediato en el centro. Su mirada se había dirigido directamente hacia el dueño de la posada, y no entendió en lo absoluto qué era lo que ese hombre estaba haciendo allí. Tampoco quería saberlo. Y no lo quería allí.
Frunció el ceño.
— Largo de aquí – su voz se escuchó más filosa de lo que tal vez debía ser, y había hablado antes de poder morderse la lengua para no decir nada – ¿O necesitas que alguien te lleve afuera?
Tan solo le dirigió una última mirada antes de empezar a ignorarlo y seguir su camino. Agarró unas mantas limpias que alguno del grupo había llevado anteriormente cuando recién había aparecido Shun. Se cuidó de no colgárselas en el brazo, ni tocarlas demasiado para manchar la menor parte posible.
Echó un vistazo a un lado, notando que Matt había empezado a limpiarse el brazo herido. Estaba sentado junto a un balde, mientras mantenía una funda cuidadosamente doblada sobre una pierna. Isabel no dijo nada, aun después de reconocer rápidamente el cuchillo que reposaba cerca de sus pies como el de ella, se mantuvo callada.
Volvió hacia la cama donde estaba Midori con King, y las echó a un lado cerca de ellos.
— Usemos esto como vendas. Servirán – cuando habló controlo su voz. Logró sonar más calmada de lo que en verdad se encontraba, y aquello se le hizo más fácil de lo que había pensado. Tal vez había sido gracias a que se sentía cada vez más débil físicamente.
King saltó enseguida del hombro de Midori hacia las mantas. Se mezcló entre ellas, intentando agarrar una para usarla como venda. Por un momento, se había quejado de la infamia que le parecía tener que usar sábanas para poder cubrirse las heridas. Pero tan pronto sintió lo suaves que eran, no tardó en decirse lo contrario. Ahora le parecía que debían usar mantas en vez de vendas. Las consideraba mucho mejor, y que seguro iban a dar mejores resultados.
Isabel ya se había limpiado como podía las manos con una esquina de la sábana, y ahora cortaba manualmente la manta al tener en cuenta que era demasiado grande como para poder improvisar bien una venda.
Miró de reojo a King dar vueltas, su pequeño cuerpo no le estaba permitiendo hacer demasiado para ayudar. Hizo una leve mueca con los labios, y se apuró en rodear sus cuatro heridas con los distintos pedazos que había cortado. Una vez las tuvo cubiertas con la venda improvisada bien sujeta, se acercó al sapo.
Apartó con una mano las sábanas de arriba de él, y miró a Midori un tanto preocupada.
— ¿Te ayudo?


Última edición por Akane el Lun Sep 19, 2016 8:33 am, editado 1 vez
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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por susie el Dom Ago 21, 2016 4:28 am

Haniah quería evitarlo, pero no podía: Le resultaba imposible encontrar un equilibrio entre sus pensamientos divididos y la situación a su alrededor.
El alivio inicial que las palabras de sus hermanos y la compañía del Aurum le habían provocado seguía presente, pero en ese momento era tan pequeño que no era capaz de notarlo. Sin embargo, sí había sentido el desgaste de esa sensación mientras Zeink se encargaba de cerrar sus heridas y escuchaba el ruidoso llanto de Kaoru, pero había abandonado por completo el reconocimiento de ella casi un instante después de que Zeink se apartara.
El agradecimiento que quiso darle al neko por ayudarla fue interrumpido por la llegada de los demás. Y Haniah logró mirarlos ligeramente a la vez que sentía que el llanto de Kaoru le rompía el corazón. Creyó, por un segundo, que el llanto de su amigo era el suyo propio.
Haniah intentó incorporarse, asustada por lo poco que había logrado ver desde su posición y por lo rápido que su mente había pensado en lo peor.
Su expresión no se mantuvo calmada, pero ella trató de que así lo fuera cuando sintió los delgados dedos de Max sostener con mayor fuerza los de ella, como si él hubiese notado la tensión que su cuerpo había liberado.
Tardó unos segundos en suponer que Max la había tomado mejor por un reflejo involuntario después de mirar a los recién llegados y, al igual que ella, imaginar lo peor.
Haniah se sintió cansada y débil mientras escuchaba el llanto de Kaoru y las voces de los demás. Pero se dio cuenta de que, aunque no le gustaba lo que escuchaba, quería seguir escuchándolos porque la presencia de ellos era lo único que le indicaba que sus hermanos tenían razón. El tenerlos allí le aseguraba que realmente estaba a salvo.
Pero a salvo no significaba estar bien, y ella sentía esa falta de bienestar en su inminente cansancio y en lo poco que lograba percibir.
Haniah creyó que no era posible sentirse tan fatigada como lo estaba, pero supo que se sentía así porque, a pesar de que había permanecido inconsciente la mayor parte del tiempo en las últimas horas, le parecía que habían pasado días sin que sus ojos se cerraran.
Haniah logró sentarse, y se sintió increíblemente sofocada y agotada por esa acción, así que soltó a Max y usó ambas manos para sostenerse mejor. Las sostuvo delante de ella, justo en el espacio que había entre sus dos piernas separadas y, por un pequeño instante, miró la suciedad y la sangre seca que manchaba su piel. Entonces el terrible pensamiento de que parecía más sangre y suciedad que ella misma le provocó que el nudo en su garganta se volviera más fuerte. Sintió que no parecía una persona y que mucho menos parecía una mujer.
Acto seguido su mirada se alzó a la vez que notaba por el rabillo del ojo un movimiento que identificó como Max cuando parte de la cama a su costado se hundió levemente.
Sus ojos encontraron inmediatamente a Isabel, a Luka y a Midori, pero ya no alcanzaron a ver a Zeink en la habitación. Sin embargo, había podido oír claramente la breve interacción que el neko había mantenido con el rubio.
Como respuesta a eso ella intentó moverse; sintió las manos de Max, una en su espalda y otra en su brazo, sostenerla ligeramente mientras trataba de hacerlo.
Haniah notó la preocupación y la gentileza en el suave tacto de su hermano, y se preguntó internamente cuánto habría tenido que soportar él sin que ella o Shun estuvieran allí para ayudarlo o cuidarlo.
No pudo dejar de mirar a los demás, y sus ojos se detuvieron brevemente en Kaoru y después en Luka a la vez que recordaba que ambos habían escuchado a Bleef cuando había dicho que ella era su hija.
Recordó que Jacob también lo sabía, y se preguntó automáticamente en dónde estaba y si estaría bien.
Dejó la mirada en Luka por un breve momento, todavía escuchando a Kaoru llorar y sintiendo que necesitaba abrazarlo para tratar de calmarlo, pero después miró a Isabel y a Midori. Identificar las heridas en sus cuerpos fue mucho más sencillo ahora que había conseguido sentarse sobre el colchón.
Controló una mueca, y le costó controlarla más de lo que realmente debería, y entonces notó que Matt también había sido herido.
Tomó consciencia de todo ello y agregó el hecho de que Shisui se había marchado, de que Ayami estaba detrás de él y de que Kaoz podía encontrarlos a ambos.
Y sintió que era demasiado para que pudiese soportarlo en ese momento.
Verlos heridos, escuchar el llanto de Kaoru, notar la preocupación en su pequeño hermano y saber que todavía podían lastimar a sus amigos simplemente fue demasiado.
Y sentir que era su culpa lo volvió peor.
Haniah trató de encoger sus piernas y pensó en que había demasiada información que debía asimilar y que su mente no estaba preparada para hacerlo.
Se dio cuenta de que había dejado de llorar en algún momento, así que supuso que había sido después de saber que Max y Shun estaban con ella.
Miró a Isabel mientras ella caminaba por la habitación y creyó por un instante que habría podido evitar sus heridas, de la misma forma en que habría evitado las de Midori y Luka, si hubiese muerto antes de que la encontraran.
Y el pensamiento la hizo sentirse completamente culpable.
Culpable por no tener ninguna herida en su cuerpo mientras que ellos todavía las tenían; culpable por escuchar el llanto de Kaoru siendo que ella ya no estaba llorando y; culpable por estar allí, a salvo, mientras Zeink y Ayami seguían buscando a Shisui, expuestos al riesgo de encontrar a uno de sus agresores en el camino.
Haniah sintió que se mareaba y miró hacia abajo.
Logró captar la voz de Max diciéndole que se recostara si no podía mantenerse, y el cariño y la preocupación empleados en su tono aumentaron su culpa.
Miró nuevamente la sangre y la suciedad en su cuerpo, y supo que se veía deplorable.
Y estuvo segura de que Max la veía así.
Deplorable, maltratada y frágil.
A diferencia de Isabel, Midori y Luka, ella no llevaba los restos de una batalla.
Ella sólo llevaba los restos de una tortura.
Y Max, su pequeño hermano, podía verlo.
Y sabía que en ese momento no le importaba si los demás le miraban de esa manera, pero ella no quería que él la mirara así. No quería que viera la sangre ni la suciedad en su cuerpo, no quería que mirara su ropa desgarrada ni su expresión desolada. No quería que viese el contraste entre ella y los demás: la valentía de sus amigos y la cobardía de ella o la fuerza en ellos y la debilidad en ella.
Volvió a alzar la mirada, y notó a Shun de reojo dirigiéndose hacia ambas nekos y al rubio.
Trató de levantarse.
Fue torpe y rápida, y Max la sostuvo mejor cuando ella estuvo a punto de caer.
Shun se detuvo a mitad de la habitación y volteó a verla.
Haniah escuchó el sonido de la puerta abriéndose y cerrándose pero no supo que se trataba del dueño de la posada marchándose.
—Haniah —oyó la voz de Shun. La preocupación y recelo en su tono le causó dolor de cabeza—, ¿qué crees que estás haciendo?
Max repitió la pregunta, pero fue un poco más dulce que Shun.
Haniah cerró sus ojos brevemente y terminó de abandonar la cama.
No se sintió lo suficientemente fuerte como para mantenerse de pie sin ayuda, pero hizo el intento y se apartó de Max.
—Lo lamento… —murmuró ella, sabiendo que sus palabras sonarían como un débil capricho y que no demostrarían la necesidad que verdaderamente sentía—. Sé que estamos en un lío todavía, sé que Shisui puede marcharse si Ayami y Zeink no logran alcanzarlo pero…, pero realmente necesito tomar un baño…
Haniah no miró la expresión desconcertada que cruzó por el rostro de Max, pero sí miró la de Shun.
Lo leyó en sus ojos, había desaprobación total.
—Haniah, lo que necesitas es descansar…
Max asintió dándole la razón, y ella volteó a verlo.
Se arrepintió casi al instante.
No quería que Max la mirara así.
—Lo lamento…, en serio…, en serio lo necesito.
Haniah trató de caminar y se dio cuenta de que el Aurum podría notar que tenía cierta dificultad para hacerlo. Su sospecha fue confirmada cuando Shun se acercó y le murmuró que tan agotada como estaba únicamente debería recostarse.
Haniah escuchó a Jade, todavía sosteniendo a Kaoru, apoyar a Shun.
Entonces ella pensó en que no entenderían por qué aquello le resultaba importante si no lo explicaba pero, aunque resultaba algo muy fácil de poner en palabras, sabía que no podría expresarse sin parecer más débil de lo que ya debería parecer ante los ojos de Max.
Haniah se apartó unos pasos y supo que probablemente la mayoría en la habitación estaba creyendo que era irracional.
Pero esa era la menor de sus preocupaciones.
Haniah apartó la mirada, encontró a Luka y quiso pedirle ayuda automáticamente, justo como lo había hecho años atrás pero, en cambio, volvió a mirar a Shun.
Notó que los labios de él se movían a punto de lanzar una réplica y se apresuró a repetir:
—Lo necesito, Shun.

:::::

Ayami tenía razón. Aquello había dolido.
Shisui agachó la cabeza cuando las espadas volvieron a abandonarlo y un extraño líquido cayó sobre sus heridas. Sus dientes se apretaron en un intento de contener un quejido, pero aun así un leve gruñido se escapó de su garganta.
Respiró hondo en un intento de sofocar el dolor y se obligó a volver a mirar hacia arriba.
Por el rabillo del ojo encontró a Zero levantándose lentamente, pero su preocupación se dirigió hacia Ayami, todavía sorprendido por verla en ese lugar.
El tacto que la mano de ella había ejercido sobre la mejilla de él le resultó tan encantador como doloroso. Encantador porque él siempre había apreciado la compañía de ella sin importar el momento, pero doloroso porque en ese preciso instante, él no quería que ella estuviera allí.
Simplemente no quería ponerla en peligro y tampoco quería que le mirase en ese estado, no después de haberle prometido que lo solucionaría todo.
—Ayami, no deberías estar aquí —murmuró con una pequeña y casi invisible sonrisa, pero se sintió desgraciado por decirle esas palabras precisamente a ella, a la persona que él siempre creyó que podría estar a su lado, incluso en sus peores momentos.
Shisui apartó la mirada, observó a Zero y supo que él se había percatado de la forma en que su miedo había crecido de un segundo a otro, volviéndose más intenso a pesar de que había llegado a pensar que no sería posible.
Estuvo seguro de que Zero había logrado identificar con tan solo un pequeño vistazo lo que Ayami significaba para él.
En ese punto en el que Shisui no sabía si eso era bueno o malo, sólo pudo temer.
Temer por Ayami y temer por Zero, temer por ver que uno atacara con furia y el otro se defendiera hasta conseguir que alguien saliera lastimado o, peor, muerto.
Shisui definitivamente quería evitar eso.
Sus ojos demostraron una petición muda hacia su hermano mayor, una petición que parecía una rendición y una súplica deprimente.
Un ruego de que no la hiriese a ella y de que no le hiriese a él mientras ella estuviese allí. Un ruego de que se marchara porque, si Ayami había logrado encontrarlos, el resto del Aurum también podría hacerlo.
Zero se limitó a mirarlos, su ceño frunciéndose por la ligera confusión que la sigilosa llegada de la mujer le había provocado y por la manera en que ahora podía notar su presencia con tan sólo ver los colores que desbordaba a su alrededor y que no había podido notar antes.
Zero no dejó pasar ese detalle por alto pero sí llevó su concentración hacia otro rumbo.
Mirando a su hermano menor en ese momento, creyó recordar la manera en que había visto sus sentimientos dirigirse hacia Haniah años atrás, mas esta vez sintió una diferencia abismal entre la intensidad de los primeros y de estos últimos.
Hubo tanto amor rodeando a Shisui que Zero únicamente pudo sentirse frustrado.
Y lo descifró en un instante.
No había manera de que pudiese alejar a Shisui de esa mujer sin arruinarlo para siempre.
Si había llegado a ignorar esa posibilidad con anterioridad, ahora simplemente no podía.
Porque este era el amor que sus padres les habían enseñado.
Este era el amor que podría arrebatarte la mitad de tu vida.
Pero Shisui, quien tenía a esa mujer y a una tripulación entera que amaba con tanta fuerza, podría perder más que la mitad.
Podría perderlo todo.
Zero miró a Ayami con precaución y se sintió furioso por su interrupción. Sus ojos reflejaron un mar inestable al saber que ella era una de las razones que evitarían que pudiera volver a tener un lazo de hermandad incondicional con Shisui.
Incluso si él se convertía en el hermano que había sido alguna vez, Shisui jamás podría recuperarse de la pérdida de su nueva familia.
Jamás volverían a ser los de antes.
—Ayami… —murmuró él, repitiendo el nombre que había escuchado por parte de su hermano con anterioridad, pero mirándolo a él mientras hablaba—, ¿qué es lo que pretendes al venir aquí? ¿Matarme y llevar a Shisui de regreso o dejarme escapar después de lo que le he hecho a tus amigos? —dijo, escupiendo sus palabras como si fuesen veneno—. No puedes matarme, Shisui no quiere que hagas eso. Simplemente no puedes convertirte en la asesina de su propio hermano porque, sin importar lo que he hecho, él sigue encontrando a su primera familia en mí. Y tú, su novia, ¿crees que eres capaz de arrebatarle eso? ¿Crees que podrás acabar conmigo frente a él y evitar que el peso de ello caiga sobre su relación? —Zero miró la sorpresa que rodeó a Shisui conforme él hablaba, mas logró entenderla a la perfección únicamente en el momento en que terminó esa frase. Una sonrisa amarga se escapó de sus labios—. Shisui, creo que te conozco mejor de lo que tú te conoces. Siempre he sabido cuáles son las consecuencias exactas de cada situación a la que podrías enfrentarte. De no haberlas sabido, ¿crees que te habría podido proteger durante tanto tiempo? Evité que atravesaras por situaciones que te destrozarían totalmente. Las atravesé yo solo para que no lo hicieras tú —sus brazos se extendieron hacia los costados y se sintió exaltado—. Sé que, en este preciso momento, podría destrozarte. Y te aborrezco porque al verla a ella aquí sé que, incluso si soy tu familia, he sido reemplazado por otras personas. Y quiero hacerte daño porque no puedo dejar de pensar en ello como una traición. Y mi rabia crece porque, después de haber sido traicionado casi una vida entera, pensé que tú serías la única persona que jamás lo haría.
Shisui trató de moverse y Zero sintió la impotencia de no poder acercarse a él sin representar una amenaza para la pirata de cabellos plateados.
Zero sintió el coraje de no poder formar parte de la vida de su hermano tal como ella y el Aurum entero lo hacían.
Estuvo dispuesto a continuar cuando vio a Shisui apartarse ligera y lentamente de Ayami ante sus palabras, ocultando una mueca por el esfuerzo utilizado en realizar esa acción. Sin embargo, tuvo que guardar silencio cuando se percató de una repentina presencia cerca de él.
Giró la cabeza con evidente sorpresa, pero justo antes de que terminara de voltear, un rayo había atravesado el lugar y había obligado a Ayami a apartarse de Shisui, golpeando en el pequeño espacio que el albino había creado entre ambos.
Zero encontró a Kaoz, y rápidamente tomó conciencia de las heridas que recorrían su cuerpo. Controló una expresión confundida al notar que se acercaba hacia él utilizando únicamente un brazo y la réplica del otro que había perdido.
—Vaya, vaya, esto no me lo esperaba… ¿Cómo es que las cosas terminaron así? —inquirió Kaoz después de analizar los huecos en el cuerpo de Shisui.
Zero se sintió momentáneamente desconcertado.
—No pensé que lograrías escapar.
Kaoz sonrió.
—Bueno, mi brazo, como puedes ver, no logró escapar. Pero el resto de mí está aquí listo para irnos. Bleef, desgraciadamente, no tuvo la misma suerte. Y Raphael, no te atrevas a preguntarme por él, ese pequeño bastardo… —recorrió la mirada por el lugar y se detuvo brevemente en Ayami—. Por cierto, no veo a Daván por aquí. Nos ha traicionado, ¿cierto? Supongo que no debería sorprendernos.
Zero no pudo evitar recibir la información del rubio y no relacionarla con el último ataque que había hecho hacia el Aurum siendo todavía el capitán del Agma Red. Involuntariamente, recordó la muerte de sus compañeros y la manera en que había tenido que tomar una rápida decisión para salvar a aquellos que quedaban.
Fue imposible no sentirse presionado ante el recuerdo y ver que la situación se estaba repitiendo. Le resultó irónico el entender que sólo podría salvar a Kaoz, la persona más leal que había conocido en su vida, si abandonaba a su hermano nuevamente.
Zero se encontró a sí mismo hablando en voz alta antes de que pudiera entender que es lo que quería decir, pero también se encontró completamente consciente de que, cualquier cosa que sucediera, debía suceder en los próximos minutos.
No había tiempo.
—Shisui…, sinceramente, pensé que seríamos tú y yo para siempre, sin importar lo que hiciera el otro.
Shisui trató de levantarse y Zero notó que el filo en las espadas había tocado partes esenciales de su cuerpo. Repentinamente pareció darse cuenta de que había sido él quien había creado esas heridas.
Le resultó increíblemente doloroso saber que, después de haberlo protegido durante años, había sido él quien lo había terminado lastimando.
Miró los ojos rojizos de su hermano y creyó que, si el albino no volvía a llorar en ese momento, era porque Ayami estaba allí.
—Zero, sé que quieres hacerme daño por todo el daño que yo te he causado. Pero sé que también quieres protegerme de la misma manera en que yo quiero protegerte. Y tú mismo lo has dicho, me conoces mejor de lo que yo me conozco. Si quieres herirme o no, sabes cómo hacerlo.
Zero hizo una mueca, y supo que no quería tomar una decisión ahora porque sabía que sólo conseguiría vivir con más arrepentimientos.
Porque él no quería alejarse de su hermano y tampoco quería obligarlo a ir con él.
—Pero yo también te conozco —Shisui continuó y, aunque no lloraba, se veía agitado—. Te conozco más de lo que nadie te conoce en este mundo y sé que sólo necesitas una segunda oportunidad. No eres una mala persona, no importa lo que hayas hecho, jamás has sido una mala persona —dijo aquello y olvidó cualquier intención de levantarse, dándose finalmente por vencido—. Sé que jamás conseguiremos perdonar al otro, sé que has acumulado demasiado por años, y sé que te será difícil continuar. Pero sé que podrás y, una vez que lo hagas, cada error cometido habrá valido la pena.
Zero lo miró hacer una pausa como si le costase pronunciar una palabra más y, a pesar de que su hermano se veía más joven que nunca ante sus ojos, sintió que era el único que se había convertido en un adulto.
Fue entonces que entendió que ese adulto ya no era, en lo absoluto, el hermano menor que había cuidado durante años.
Shisui había crecido gracias a esa tripulación con la que se había marchado.
Y él, desgraciadamente, quería seguir siendo el hermano mayor de un niño que ya no lo necesitaba.
Zero sintió nuevamente la presión del tiempo sobre él y miró a Kaoz.
Kaoz también lo miró, confuso por las palabras de Shisui, y Zero entendió que Kaoz, al menos en ese momento, sí lo necesitaba.
Porque Zero no podía renunciar a su vida sin conseguir que Kaoz tomase una elección que lo llevase a la tumba.
Zero supo que estaba siendo obligado a elegir nuevamente la vida de otra persona por encima de la de su hermano. Y se sintió frustrado y furioso.
Regresó la mirada hacia Shisui.
—Es tu desesperación la que habla, hermano —Shisui se apresuró a negar, pero él continuó—. Sin embargo, parece que confías ciegamente en lo que dices.
Shisui notó que las manos de Zero temblaban ligeramente mientras se daba la vuelta.
El peso de los años se vio reflejado en sus hombros cansados.
Shisui lo miró acercarse al río, pero no pudo ver la expresión que cruzó por su rostro cuando el agua le mostró su estado actual.
Zero observó la sangre en su ropa húmeda y en su piel.
Y entró al río y tomó las espadas.
Shisui sintió la impotencia de no poder acercarse a él.
—Está bien, hermano… Supongo que al final uno de nosotros tiene que irse.
—Zero, por favor, no te atrevas a…
Y las espadas cayeron unas detrás de otras dentro de su funda, interrumpiendo la oración de Shisui.
Zero se giró y lo encaró, todavía dentro del agua.
—Durante la mayor parte de mi vida me convencí de que me necesitabas. Pero, ¿crees que sea posible que fuese yo quien te necesitaba a ti? —cubrió su rostro por un instante, cansado e irritado de tan sólo escucharse hablar—. Después de pasar por tanto eras lo único que podía mantenerme cuerdo. Sólo tú podías impedir que cayera en la locura —su mano se apartó de su rostro, borrando el resto de la línea de sangre que había bajado de la herida en su frente. Shisui creyó que jamás había visto esa faceta tan demacrada de su hermano—. Escucha, Shisui, he visto la crueldad de este mundo y sé que esto no es lo peor que alguien podría hacerle a otra persona. Pero no quiero ser yo quien te haga esto a ti. Sé que te destrozaría totalmente si tuvieras que elegir entre ellos y yo. Lo haría, ¿verdad? Porque a pesar de todo, también soy importante para ti, ¿cierto?
Zero salió del agua, acercándose a su compañero, quien parecía completamente molesto.
—Está bien, Kaoz. Es hora de marcharnos.
Kaoz resopló y dirigió una furiosa mirada hacia Shisui.
Él no sabía demasiadas cosas, pero sabía lo que Shisui significaba para su capitán y el dolor que le causaría irse sin él.
Kaoz quiso atacar a Shisui por hacer sufrir a Zero.
Y se dio cuenta de que ya estaba preparando su ataque cuando volvió a escuchar al mayor de los Benrod.
Se detuvo automáticamente al reconocer el esfuerzo que el hombre estaba haciendo para empujar las palabras fuera de sus labios.
Entendió que quedarse y luchar no era una opción.
—Shisui, si amas a alguien tanto como para llamarle tu familia, yo no puedo arrebatarte eso…
Zero fue sincero, pero no pudo ocultar un atisbo de rencor debajo de su tono.
Kaoz lo miró y creyó que él estaba luchando consigo mismo como si supiera que ceder ahora sería algo que jamás podría perdonarse. Kaoz creyó, sinceramente, que él estaba rindiéndose ante lo que realmente quería y, por ir perdiendo, estaba odiándose.
Kaoz no se equivocó.
Zero sintió que, a pesar de lo que estaba diciendo, en cualquier momento se arrepentiría e iría a colocar una espada en las pálidas manos de Shisui y le obligaría a matarle.
Pero también sintió que lo amaba lo suficiente como para dejarlo ir.
Su mirada fría demostró un reproche y dolor oculto.
Y Shisui, mirándolo fijamente a los ojos, sintió el dolor de su hermano como si fuese el suyo propio.
Zero mordió nuevamente su mejilla hasta que percibió el sabor de la sangre.
Tomó la mochila que en algún punto había abandonado en el césped y dirigió una última mirada a su hermano.
Era una despedida para la que jamás había estado preparado.
—Que el Aurum te cuide, Shisui, porque yo ya no podré hacerlo.
Zero se alejó junto a Kaoz y ambos desaparecieron entre los árboles en cuestión de segundos.
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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por Ayashi el Dom Ago 21, 2016 10:52 pm

Conforme pasaban los segundos, Luka comenzaba a sentirse más frustrado.
El alivio que sentía con tener finalmente a Haniah y Shun a salvo, los dos fuera de las garras de sus enemigos, era aplacado con facilidad por la certeza de saber que nada había terminado en realidad. Tan solo le bastaba con mirarlos a todos para entender que la gran mayoría se encontraba lejos de estar bien.
Era demasiado que asimilar, mucho por asumir, y no iba a ser nada fácil dejar todo lo vivido y visto las últimas horas atrás.
El saber también que Kaoz seguía vivo en alguna parte le revolvía con odio y repulsión en su interior, sentimientos que se ligaban con la preocupación de imaginarse que el rubio pirata posiblemente pudiese enfrentarse en su camino a Ayami y Zeink si estos lo encontraban primero antes que a Shisui.
Todo le parecía un completo error. Nadie estaba completamente seguro, al menos emocionalmente hablando. El llanto de Kaoru era una clara muestra de ello.
Luka hubiese querido reconfortarlo de alguna manera, pero entendía que nada podría hacer por él albino en ese momento por lo que no se acercó. Si ni siquiera Jade había logrado ayudarlo, él tendría menos posibilidades.
Su atención se vio puesta entonces en King, haciendo una mueca ante los incesantes reclamos que el sapo elaboraba. A pesar de irritarse un poco, no dijo nada, entendiendo la preocupación del sapo rey por el resultado de la batalla. Después de todo, Isabel y Midori habían llevado la peor parte de la lucha.
Mientras rasgaba su camisa y se envolvía la mano perforada para detener el sangrado, miraba intercaladamente a Isabel y Midori, la primera moviéndose por la habitación en busca de algo y la segunda intentando calmar a King infructuosamente. La aparente calma y cordura que demostraba la gitana con todo el asunto no dejaban de sorprenderlo, más aún cuando la mujer bien que aún tenía una desagradable herida en la cabeza que parecía no afectarle, o al menos fingía que no le afectaba.
Debía de doler a horrores, estaba seguro pues notaba la palidez en sus facciones, pero la peliverde tan solo sonreía levemente con serenidad mientras que con una mano intentaba ayudar a King con las improvisadas vendas que Isabel había traído.
Luka estuvo a punto ir a ayudarla, pero pronto Isabel se le adelantó.
-No te preocupes. Ve con Kaoru, lo necesita más que yo. –fue la respuesta de Midori, dirigiéndole una sonrisa agradecida antes de tomar las vendas en la cama y ágilmente vendarse la cabeza con varias vueltas, cubriendo efectivamente la herida abierta. Luego tomó otra sabana y comenzó a limpiarse la sangre que tenía en el rostro y las manos lo mejor que podía-. Sapito, tranquilo, te dará un infarto por el estrés… –dijo entonces, mirando al rey.
Aunque la gitana siguió hablando, Luka dejó de prestarle atención, girándose sobre sus talones en cuanto escuchó a Shun hablar. Pronto sus ojos azules se enfocaron en Haniah, frunciendo el ceño con evidente preocupación cuando la vio abandonar la cama.
La confusión llegó a él una vez escuchó la extraña petición, sin estar muy seguro a que venía todo eso. Sin embargo, bastó con mirarla por un momento directamente a los ojos para entender que la mujer realmente lo necesitaba, había tanta angustia y desesperación en su mirada que al pirata se le hizo imposible obviarlo.
Era algo importante para ella en ese momento, y aunque estuvo en parte de acuerdo con Shun en que necesitaba descansar más que nada, la conocía muy bien para saber que nada podría hacerla cambiar de opinión.
La escuchó hablar nuevamente, expresando su necesidad, y supo que simplemente no podía quedarse allí sin hacer nada.
Antes de que se diese cuenta ya se había movido de su posición, impulsado por la preocupación y la necesidad de ayudarla. Se colocó a su lado en un instante, sujetándola contra él para que pudiese apoyarse y no realizara tanto esfuerzo. La miró por un instante antes de dirigirse a Shun.
-Yo la ayudaré –exclamó, sin dejar lugar a replicas -. Estará bien, seguiremos en la posada de cualquier forma.
Y sin dejar que alguien más pudiese hablar, desapareció junto con Haniah de la habitación.
Aparecieron en el interior del baño de la posada. El rubio dio tiempo a Haniah para recuperarse del efecto de la aparición antes de hablarle.
-¿Qué necesitas? –inquirió mientras la miraba, sin saber muy bien como querría proceder la mujer en ese momento.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Decir que estaba preocupada no hubiese sido más que resaltar lo obvio.
Ayami se sentía terriblemente angustiada del estado en que se encontraba Shisui, percibiendo su dolor como si fuese suyo cuando lo escucho quejarse. La mujer apretó los dientes con fuerza, repasando una vez más las heridas del albino, intentando definir que tanto daño habían causado los ataques de Zero.
Sintió unas inmensas ganas de llorar que combatió con todas sus fuerzas, parpadeando varias veces para alejar las rebeldes lágrimas antes de que alguna se escapara.
Lo miró a la cara en cuanto escuchó a hablarle, negando un par de veces como respuesta a sus palabras. Ella simplemente no podía haberse quedado atrás sentada, rezando por la mejor de las soluciones. No era su manera de actuar y Shisui lo sabía.
Su mano permaneció donde la había dejado, pero sus ojos se movieron por todo el terreno, viendo a Blue volar cerca de Shisui, hasta enfocarse nuevamente en Zero, devolviéndole la mirada con recelo y precaución. Habían pasado muchos años desde la última vez que había visto al antiguo capitán del Agma Red y realmente no podía decir que había cambiado mucho desde entonces.
Su ceño se frunció levemente antes sus palabras, sin entender de dónde venían todas las preguntas que le estaba soltando, puesto que él no la conocía de nada y mucho menos podía siquiera entender sus propias razones para venir allí en busca de Shisui, que ciertamente no eran ninguna de las que él estaba mencionando.
Permaneció en silencio a pesar de todo, sin inmutarse siquiera ante alguna de sus palabras y centrándose nuevamente en su novio al sentir la incomodidad crecer en él. Quiso decirle algo, pero no supo que, y lo dejo ir en cuanto noto que intentaba apartarse de ella, sin saber muy bien que era lo que pretendía hacer.
Entonces escuchó a gruñir a Hiei y su cuerpo reacciono por instinto ante eso, echándose hacia atrás justo para ver un rayo impactar contra en el suelo entre Shisui y ella. Antes de que voltease, ya sabía quién había llegado y logró ocultar bien su sorpresa ante la repentina aparición de Kaoz.
Se mantuvo agachada en suelo durante todo el intercambio, su vista enfocada directamente en Kaoz puesto que percibía en él la mayor amenaza, mientras que entre sus dedos jugaba con varios hilos invisibles, preparándose para saltar a defenderse en caso de algún ataque.
Las palabras de Shisui le trajeron un amargo sabor a la boca. Como pirata y causante de muchas desgracias en la vida de otras personas a lo largo de su vida, entendía lo difícil que era desprenderse de la pesada imagen que a veces era puesta por ella misma y por otros. La de alguien desalmado y terrible.
No todos los piratas eran malas personas, no al nivel de Daisetsu o Bleef al menos, pero eso no borraba lo que habías hecho.
Sintió entonces cierta simpatía por Zero cuando lo vio sumergirse en el rio y guardar sus espadas, entendiendo de pronto la posición en que se encontraba el hombre, teniendo que abandonar al último miembro de su familia que le quedaba, por el que había sacrificado todo durante años.
No le perdonaba por haber lastimado a Shisui, Haniah y Shun, de ninguna manera, pero si, le entendía.
Ayami se tensó de pronto al notar que Kaoz se preparaba para atacar. No pudo relajarse después de eso, ni siquiera aun cuando Zero dirigió sus últimas palabras a Shisui como despedida.
Mantuvo su vista fija en el punto por el que habían desaparecido ambos, intentando convencerse así misma de que el peligro había pasado. Lo que le pareció una eternidad no fueron más que unos pocos segundos hasta que finalmente logro retomar el control de su cuerpo y moverse.
Se acercó a Shisui nuevamente, esta vez con más cuidado, sabiendo que el hombre debía de estar profundamente conmocionado por lo que acaba de suceder.
Paso un brazo por sus hombros, intentando ayudarlo para que se incorporara con cuidado del suelo. Mordió con fuerzas sus labios por un momento.
-Lo siento, Shisui –murmuro.
Y realmente lo sentía, porque nada de esto debía de haber sucedido, porque Shisui no debía de haberse visto forzado a tomar una decisión tan dolorosa, porque no había podido apoyarlo mejor, porque todo esto seguramente había drenado emocionalmente al albino a tal punto que iba a ser difícil superarlo.
Permaneció en silencio luego de eso, revisando las heridas del albino con el mayor cuidado posible y verificando constantemente a Blue, como para asegurarle que todo saldría bien.
No fueron sino hasta minutos después que escuchó los ladridos.
Akamaru apareció de entre los arboles repentinamente, ladrando y olfateando el lugar de manera aprensiva. Se acercó a los tres en cuanto los notó, sintiéndose aliviado de que finalmente los había encontrado. Segundos después apareció Zeink también, su expresión molesta y seria mientras escaneaba con la vista la zona. No tuvo que hacer demasiado esfuerzo para adivinar que Zero y Kaoz habían escapado del lugar.
Se enfocó entonces en Shisui y Ayami, cuestionando a la mujer con la mirada mientras se acercaba a ambos.

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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por Akane el Miér Ago 24, 2016 7:40 am

No podía respirar.
Daba grandes bocanas, pero no sentía el aire. Sus pobres intentos para recuperar el aliento no parecían funcionar. Era como si lo estuviesen intentando asfixiar.
Le dolía la garganta, y cada vez más sentía como si se la estuviesen presionando.
No podía escuchar lo que ocurría a su alrededor. Cualquier voz o ruido lo esquivaba. Ni siquiera podía oír sus propios gritos. No importaba cuánto jadeara o exclamara, solo su mente podía confirmarle que lo estuviera haciendo. Pero aquello solo podía hacer que pensara que lo que estaba ocurriendo estaba muy lejos de lo que alguna vez pudo haberse imaginado. De lo que podía darse cuenta.
No podía entender por qué ya no podía oír. Sus oídos parecían querer jugarle una mala pesada. Atormentarlo con el silencio y el desconocido.
Y estaba realmente confundido.
No sabía quiénes eran los que estaban a su alrededor. Intentó recordar, pero imágenes e ideas se mezclaban en su cabeza y ya no podía entender. El dolor que sentía no lo dejaba pensar claramente. El dolor que sentía tan sólo quería terminar de hundirlo.
Lanzó un grito que no pudo escuchar.
Se inclinó un poco más sobre sí mismo y hacia el suelo. No distinguía dónde se encontraba o en qué posición estaba. Si habían vuelto al sótano, o en realidad nunca se habían ido de allí. Si todavía seguían atrapados en un temible juego del que solo iban a salir vivos aquellos piratas. O si era verdad que ya estaban a salvo en la calidez de la posada.
Las lamidas de su gato pasaron demasiado desapercibidas, como si en verdad todo lo que estuviera ocurriendo a su alrededor no estuviera existiendo y estuviese atrapado en otra realidad. Una realidad mucho más dolorosa que solo estaba esperando pacientemente para terminar de destrozarlo.
No podía moverse de su lugar. A pesar de no haber intentado hacerlo, no lo hubiese podido hacer. No podía sentir su cuerpo. Era como si aquella realidad fuese tan solo un vacío y él estuviese flotando hasta perderse y alejarse de cualquiera a quien amó.
Temblaba, y temblaba mucho. Con cada segundo que pasaba, parecía que tenía menos posibilidades para quedarse quieto, o al menos apaciguar el llanto lo suficiente como para detener las lágrimas. Ni siquiera sentía realmente que él estaba llorando. Ya lo había dejado de sentir y de creer.
Hubo varios momentos en lo que su mente pareció querer contarle lo que en realidad sucedía. Mostrarle que no era tan malo como él sentía. Pero eran instantes tan fugaces que ni siquiera podía llegar a darse cuenta de ellos. O siquiera considerarlos como la verdad.
Volvió a inclinarse hacia delante, con unas fuertes arcadas y unas terribles nauseas.
De repente, su alrededor que tanto había ignorado pareció convertirse en un agujero negro que solo daba vueltas. Quiso abrir los ojos, tuvo la fuerte intensión de hacerlo. Pero ya no sabía cómo hacerlo. Y la idea de que realmente se encontraba en un espacio vacío y oscuro pareció ser más coherente en ese instante.
Aunque una vez más, no pareció inmutarse más de lo que su consciente quería demostrar. No podía comprender del todo qué era lo que ocurría o qué había ocurrido. No sabía cuánto tiempo había pasado. Y ya no sabía ni siquiera a quién estaba llamando. Ya no era solamente que no podía escucharse, ya no sabía qué era lo que él quería decir o hacer.
Poco a poco, parecía que el dolor y la tristeza que estaba sintiendo lo estaba comiendo desde adentro.
Una mano un tanto húmeda se acercó a su rostro, se había posado contra su frente. Pero Kaoru no pudo sentirla. Sucedía lo mismo a cuando había intentado respirar. Un instante que ya había quedado olvidado y que ni siquiera parecía haber ocurrido en verdad.
Exhaló profundo. Fue como un suspiro mezclado con un resoplido.
Y más tiempo pasaba, el dolor que lo había llevado a ese tipo de aturdimiento empezó a sentirlo cada vez más.
Sintió un terrible dolor en su pecho y en su corazón. El dolor en su garganta se hizo igual de presente, sintiendo cómo se había lastimado con tantos gritos que él por un momento había creído que no había llegado a soltar.
Sus ojos le empezaron a arder cada vez más, hasta sentirlos como en realidad estaban después de tantas lágrimas. Pero aun así no quiso abrir los ojos.
La realidad que el aturdimiento le había ayudado a evitar, empezaba a golpearlo. Y sintió demasiado miedo. El terror que había estado sintiendo, era mucho más presente esta vez.
Pero los sonidos y los ruidos había podido volver a escucharlos. Era un impacto que lo hacía sentirse demasiado perdido. Todo parecía encontrarse mucho más tranquilo de lo que por un instante había creído. Y la mano en su frente la recibió sin miedo una vez se dio cuenta de su presencia; era cálida y suave. Desprendía una energía cariñosa y buena. Parecía hacerle más bien que mal, y no quiso alejarse.
Los segundos pasaban volviéndose minutos, y el peso que sentía en su cuerpo lo había empezado a abandonar. Comenzaba a sentirse cada vez más liviano, como si todos sus dolores no hubiesen estado allí en primer lugar.
Sintió a alguien lamerle las manos, y no reaccionó de inmediato. Dudaba, todavía dudaba. Pero esta vez se sintió más valiente que hace unos minutos, y abrió levemente los ojos para alzar un poco la cabeza y ver quién era el responsable. Se encontró con la pequeña carita de su gato, el cual lo miraba con sus enormes ojos llenos de preocupación. Y no pudo entender el por qué.
Su ceño se frunció levemente ante la confusión. Y notó que alguien lo ayudaba a sentarse con mucho cuidado y hasta con cariño. Aunque realmente él no sentía estar moviéndose, si no que alguien lo estaba moviendo.
No alzó la mirada, todavía con la vista fija en su gato. Kyo todavía lo miraba atentamente desde su lugar, aunque una vez lo vio reincorporarse levemente espero solo unos momentos para seguirlo y echarse en su regazo.
Kaoru lo miró un poco más, sin moverse al todavía no entender demasiado qué ocurría. Pero la situación ya no parecía ser amenazante. Kyo no parecía ser peligroso. Y que él lo tocara no parecía conllevar a ningún peligro.
Lo acarició un poco, y no fue hasta después de otros largos minutos que alzó la mirada. Y tan solo porque todavía sentía como alguien lo estaba sujetando. Ese agarre tampoco parecía ser una amenaza.
Se encontró con unos ojos azules. Y por un momento ese azul le recordó al color del cielo en su mejor día.
- ¿Cómo te encuentras, Kaoru?
La voz femenina la pudo reconocer. Y tras aquella voz tan familiar, pudo reconocer quién era la neko enfrente de él. Le estaba esbozando una sonrisa amable, aunque parecía estar ocultando una preocupación innata de la que él no pudo darse cuenta todavía de ello.
Kaoru no reaccionó ante las palabras de Isabel. La miraba todavía un tanto perdido pero aún más ausente. Su mente todavía no estaba del todo ordenada. Podía reconocerla. Tal vez también podría reconocer al resto si los veía. Pero todavía no sabía qué hacer o qué decir, ni siquiera qué pensar.
El dolor que lo había estado carcomiendo por tanto tiempo, ahora había desaparecido casi por completo. Y solo decía casi porque no le había prestado atención de nuevo a su estado. En realidad, parecía que lo habían salvado de una realidad de tormento para sumirlo a una mucho más dulce.
Isabel le acaricio la mejilla con la yema del dedo, mirándolo con atención con un poco de miedo de haberle hecho más mal que bien y no haber podido ayudarle. Pero más lo veía, más creía que por suerte había funcionado. Parecía encontrarse en un estado mucho mejor que al que lo había encontrado.
Ya no lloraba y parecía estar escuchándola. Incluso se había dado cuenta de la presencia de Kyo y lo había acariciado. Todo ello lo veía como buenas señales. Tan solo parecía encontrarse todavía un poco ausente, pero sabía que era una reacción común después de haber usado su poder en él. Solo necesitaba un poco de tiempo para poder volver a la normalidad.
Alzó la mirada para verlo a los ojos, y notó que Kaoru ya se había dado cuenta de Jade junto a ellos. No le había dirigido la palabra, tan solo le había regalado un poco de su atención al mirarla antes de volver a a mirar hacia su gato. Pero a pesar que no había hablado todavía, de nuevo lo considero como una buena señal que hiciera aquello.
Contuvo un suspiro de alivio, y se acercó un poco a él para darle un suave beso en la frente. Notó que había llamado su atención, al estar recibiendo de nuevo la mirada de sus ojos grises, pero tan solo aprovecho ese momento para esbozarle una sonrisa tranquilizadora.
Kaoru pareció estar más calmado, y Kyo no fue ni lento y perezoso como para notar esto y también aprovechar ese instante. Se apuró para acomodarse sobre el pecho de su dueño, logrando que el mismo lo atrapara antes de que se cayera y poder darle un abrazo.
Isabel lo miró por un instante, agradándole la acción del pequeño gato y la reacción de Kaoru. Pero no quiso alejarse todavía de él, aún estaba en un fino equilibrio entre terminar de recuperarse y volver a cómo se encontraba.
A unos metros de ellos, Matt había terminado de limpiarse la herida y se había vendado con la funda. Se había parado y alejado unos pasos del balde de agua; un agua que ahora parecía estar teñida de rojo después de hacer sido usada primero por él, y luego por Isabel al limpiarse las manos y el rostro antes de acercarse a Kaoru. El cuchillo seguía en el suelo, justo al lado de la silla.
El morocho miraba hacia la dirección donde su hermana se encontraba. Aunque parecía ser que veía detrás de ella. Su expresión no demostraba lo que estaba pensando, pero no se había contenido para ver cómo se encontraba Kaoru después de la atención de Isabel.
De fondo podía escuchar claramente a King hablar todavía con Midori, más no le prestó atención.
El sapo no se había querido alejar de la gitana en ningún momento. Ni siquiera cuando finalmente había visto que estaba bien vendada y ya no tenía el rostro empapado de sangre. Le hablaba con mucho más entusiasmo, a pesar de estar todavía un tanto preocupado por la condición de la gitana y la situación de los demás, parecía estar mucho más animado.
- ¡E insisto! – exclamó - ¡Estas sábanas seguro darán mejores resultados que una venda común y corriente! ¡Me pregunto de qué estarán hechas!


Última edición por Akane el Lun Sep 19, 2016 8:38 am, editado 1 vez
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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por susie el Miér Ago 24, 2016 10:25 pm

La ayuda había sido inmediata y, sinceramente, no la había esperado.
Haniah simplemente no pudo ocultar la sorpresa que le causó tener a alguien que la apoyara en ese preciso momento ante una petición que, ella sabía, debía parecer solamente un capricho completamente irracional.
No miró a Luka cuando él habló, pero sí logró mirar a Shun fruncir el ceño, preparado evidentemente para oponerse a la ayuda que el rubio quería ofrecerle.
Sin embargo, ambos desaparecieron del lugar antes de que pudiera escuchar a su hermano replicar nuevamente.  
Haniah cerró sus ojos por inercia en el instante en que aparecieron en el baño de la posada y, un segundo después, pasó saliva como consecuencia del mareo que había acudido a ella.
Mientras volvía a estabilizar sus sentidos, recargó involuntariamente su cabeza sobre el pecho de Luka y pensó en que, incluso si hubiese preferido evitar volver a sentirse de esa manera, acortar el camino y, por ende, el esfuerzo agotador de ir, había sido una buena elección.
El efecto de desaparecer y aparecer en su estado actual comenzó a deteriorarse en poco tiempo y, tras un breve momento, pudo ignorarlo.
La voz de Luka llegó a sus oídos y creyó percibir ansiedad y preocupación en su tono. Entonces, sin que ella lo quisiera así, visualizó perfectamente la imagen de los obsequios que él le había dado hechos pedazos sobre el suelo de aquella sucia y oscura habitación.
Haniah abrió sus ojos casi inmediatamente, dándose cuenta de que realmente no había logrado dejar de pensar en ello en ningún momento y que, ante la presencia de Luka, solamente conseguía tener la imagen más presente ahora de lo que la había tenido minutos atrás.
Tuvo que obligarse a mandar el pensamiento a un segundo, tercer y posiblemente cuarto plano una vez más para poder concentrarse en lo que sucedía a su alrededor.
Procesó la pregunta de Luka y finalmente se percató del suave, pero firme, y atento tacto que él ejercía con una mano sobre su cintura.
Haniah se sintió sumamente agradecida con él tanto por el cuidado que tenía con ella como por la ayuda que le estaba brindando.
Se separó del hombre al cabo de unos segundos y tardó otros cuantos segundos en notar que había tomado la mano de él para hacer que le soltara antes de alejarse.
Miró a un costado y luego al otro, examinando brevemente el baño de aquella posada en la que no había entrado más allá del primer piso.
Al encontrar la bañera a un costado de ellos, hubo un pensamiento que le hizo sentirse inquieta e insegura.
No consideró lo difícil que le resultaría hacer aquello hasta que estuvo allí, parada en el centro del lugar pero apenas pudiendo mantenerse en pie ella sola sin la ayuda de alguien.
Haniah apretó sus labios con indecisión puesto que supo exactamente que no tenía la fuerza suficiente como para asegurar que lograría realizar aquello por su propia cuenta. Realmente, ni siquiera podía asegurar que sus piernas no iban a fallarle en cualquier momento.
Se percató de que había un nudo en su garganta cuando trató de volver a hablar y se sintió frustrada por el simple hecho de que creía que así como no podía controlar el cansancio de su cuerpo, tampoco podía controlar la potencia de sus emociones.
—Yo… —murmuró sin voltear a verlo, su mano soltándolo después de un breve instante de resistencia—, sólo necesito que te quedes conmigo.
Y, aunque sus palabras eran verdad porque necesitaba que alguien estuviera allí en caso de que sus músculos cedieran, sintió que también lo pedía porque no deseaba estar sola.
No dijo más y terminó de apartarse de él, dándole la espalda en todo momento y creyendo que, a pesar de todo, no debería pedirle que permaneciera allí.
Porque, incluso si ella quería su compañía, aquello le resultaba incómodo.
Haniah trató de no pensar en ello e intentó ponerse en el lugar de Luka.
Reconoció un poco de confortamiento en su interior al saber que tenerlo cerca en ese momento le hacía tanto bien a él como debía hacerle a ella.
Y trató de alejar la incomodidad de la situación y la inseguridad que percibía en su propia tensión.
Haniah enredó sus delgados y todavía pálidos dedos alrededor de su blusa, exactamente en los sitios en los que Kaoz había rasgado la tela.
Se dio cuenta de que sus muñecas temblaban ligeramente ante el recuerdo de Kaoz y terminó relacionándolo con la incomodidad que estaba sintiendo.
Entonces cerró sus ojos una vez más, respiró hondo y trató de controlarse con un único pensamiento.
Confiaba en Luka.
Y precisamente porque confiaba en él, no había razón para que esa incomodidad persistiera.
Haniah comenzó a quitarse la ropa con demasiada lentitud y, mientras lo hacía, sintió que se quitaba un peso de encima. Desprenderse de aquellas prendas, por más patético e ilógico que pareciera, fue como apartar la sensación de las manos de Kaoz de su cuerpo. No el recuerdo, pero sí la sensación.
Haniah abrió sus ojos y dejó el agua de la bañera correr. Entonces, después de unos segundos, y con mayor cuidado que antes, entró en ella.
Pudo sentir sus huesos tensarse una vez más cuando el agua helada cayó sobre su piel. Sin embargo, en esta ocasión su cuerpo se sintió agradecido.
Agachó la cabeza y consideró la opción de sentarse, pero la descartó rápidamente al saber lo difícil que le resultaría levantarse después.
Mientras miraba el agua caer sobre sus brazos, Haniah pensó en Shisui y en los demás.
Aunque sabía que no quería seguir llorando, hubo una sofocante sensación de alivio implantándose en su interior al saber que, si comenzaba a llorar frente a Luka en ese momento, estaría bien.
Supuso, por un pequeño momento, que ese era el efecto que el agua provocaba en ella.
En el agua se sentía segura, y en el agua sabía que podía llorar sin culpa porque sus lágrimas podían confundirse fácilmente con simples gotas.
Tras pensar en ello, Haniah se preguntó si realmente había querido darse un baño para lograr que Max no pudiera seguir mirándola en ese estado.
Y, entonces, se dio cuenta de que había sido también por ella. Porque aunque no quería, necesitaba llorar.
Haniah llevó una mano a su cabeza y consiguió un mechón que se había caído por culpa de Bleef pero que se había enredado en una parte de su cabello.
Recordó a Bleef y sintió temor, pero también se sintió egoísta por preocuparse por ella cuando sus amigos todavía estaban corriendo peligro.
Y nuevamente sintió la culpa de haberlos visto lastimados y sintió el terror de saber que Shisui y Ayami e incluso Zeink, que había agotado sus energías por curarla a ella, aún podían ser heridos.
Haniah sintió el nudo en su garganta de nuevo y acto seguido supo que había comenzado a llorar.
Entonces volteó hacia Luka y no pudo evitar romper el silencio.
—Perdón —murmuró—, no quería que te arriesgaras por mí. Pedí tu ayuda sin pensar porque estaba asustada, pero no quería que pelearas por mí —admitió—. No quería que te hirieran por mí, ni a ti ni a nadie.
Haniah no realizó en que estaba siguiendo un impulso y en que estaba diciéndole al hombre algo que él no tardaría en negar de la misma manera en que los demás podrían negar más tarde. Ella sabía que, incluso si no lo hubiese pedido, ellos habrían ido a buscarla, y sabía que ella habría hecho lo mismo por cada uno de ellos así como sabía que habría hecho mucho más si alguien se hubiese atrevido a hacerles lo que le habían hecho a ella. Y también sabía que, a pesar de lo débil que era, habría soportado mucho más para evitar que alguien los lastimara. Ella sabía que, si Shun hubiese permanecido a su lado, habría callado por más tiempo y habría aceptado cualquier cosa, lo que fuera, para que no pudieran tocarlo a él.
Pero no podía soportar, al menos no en ese momento, la idea de que más de uno había sido herido para protegerla.
No podía tolerar el hecho de que Shisui se había marchado para protegerla.
—No valía la pena que lo hicieran —continuó, su voz temblando debido a la inestabilidad que ella misma era—. No vale la pena.
Cortó la poca distancia que había entre ella y Luka y lo abrazó. Sus brazos se cerraron alrededor de la espalda de él mientras que su cabeza se hundía en su pecho.
—Debí protegerme yo sola, pero no pude hacerlo porque soy débil —sabía que eso no era completamente cierto, pero no podía evitar sentirse así en ese instante— ¿Por qué ustedes deben arriesgarse para protegerme? ¿Por qué no puedo ser como ustedes? Si hubiesen muerto por mi culpa... —se interrumpió y negó—. No quiero ser débil, no quiero ser lo que ellos me dijeron que era. Son ustedes quienes están heridos en este momento, entonces ¿por qué soy yo quien está llorando?
Y en ese segundo, mientras decía aquello y trataba de resguardarse en Luka, Haniah se sintió más rota que nunca.

:::::


La atención de Max se concentró únicamente en Kaoru después de que su hermana y Luka desaparecieron de la habitación.
Él, al igual que Shun, no había encontrado prudente lo que Haniah quería hacer. Sin embargo, había conseguido quedarse más tranquilo al saber que Luka se había ofrecido para ayudarla.
Dejarla ir no le pareció tan mala idea cuando se percató de que la habitación era un completo desastre.
Heridas, llanto y mucho movimiento fue lo que Max miró en cuanto dejó de tener a su hermana frente a él.
Y, mientras paseaba su vista por el lugar, sus ojos terminaron por enfocarse en su amigo albino.
Max sintió que se le revolvía el estómago al verlo. Y sintió que Kaoru estaba mucho más afectado de lo que cualquiera de ellos podía estarlo.
Quiso acercarse a él al ver que Jade comenzaba a llamarlo sin éxito alguno, mas se detuvo cuando miró a Isabel ganarle el paso.
Observó de lejos y notó a Jade mantenerse en su lugar, negándose a apartarse de Kaoru a pesar de que la neko estaba haciendo algo para solucionar el malestar de él.
De reojo, Max se percató de que Shun tomaba asiento en el borde de la cama y le pareció verlo increíblemente cansado pero también inquieto por tener a su hermana lejos.
Trató de decirle algo, pero entonces vio con asombro la manera en que Isabel lograba calmar a Kaoru. Al ver la diferencia que había logrado en el hombre en tan poco tiempo se preguntó cómo había podido hacerlo.
Y quiso pedirle que lo hiciera con todos pero también quiso pedirle que se recostara y descansara.
Sus heridas y las de Midori eran particularmente llamativas y él sólo podía pensar en lo mucho que deberían doler.
Max mordió sus labios ligeramente y, como consecuencia de tomar conciencia de las heridas que sus amigas tenían, pensó automáticamente en Shisui, Ayami y Zeink. Los dos primeros le preocuparon más que el último por haber estado más tiempo fuera.
Max esperó con fuerza abrumadora que sus amigos volvieran pronto, sanos y salvos.
Entonces recordó que Haniah había abandonado la habitación tan rápido que ni siquiera había buscado un cambio de ropa y, aunque supo que Luka podría volver y buscarlo por ella, él no quería que su hermana se quedase sola ni un segundo.
Así que él fue por la mochila de Shun, aquella que habían traído al lugar minutos atrás para buscar una camiseta de él y se agachó para buscar.
No sabía dónde estaba la mochila de su hermana, pero realmente ni siquiera sabía si estaba allí, por lo que agradeció internamente que ella, al igual que él y Shun, tuviesen la extraña manía de guardar sus cosas en las mochilas de los otros dos.
Max encontró fácilmente un cambio de ropa para Haniah, la tomó con cuidado y notó que su hermano lo estaba mirando con una interrogante en su rostro.
El menor de los pelirrojos se levantó y le sonrió antes de acercarse a la puerta.
—Iré a darle esto a Haniah…, volveré pronto.

:::::

Shisui creyó que el esfuerzo que hizo para ocultar el dolor era simplemente inhumano.
Si bien notó una gigantesca sensación de alivio en él al entender que Zero realmente se marcharía, no pudo conseguir que la opresión en su pecho se detuviese.
Sus ojos permanecieron clavados en su hermano hasta que lo perdió de vista y, contra toda lógica, deseó poder levantarse e ir por él.
Shisui no quería que las cosas terminasen así.
El odio y la tristeza que percibió en Zero cuando sus ojos lo encontraron por última vez, mezclado con el cariño y sinceridad que logró encontrar en esa peculiar frase, le hizo sentir que su corazón se rompería.
Shisui supo que Zero estaba guardando sus mejores deseos para él pero que a la vez jamás iba a poder superar ese rencor hacia su persona.
«Que el Aurum te cuide, Shisui —había dicho—, porque yo ya no podré hacerlo.»
Y cuanto significado había encontrado en esas palabras.
Shisui pudo asegurarlo, Zero había depositado una esperanza en el Aurum, dándole el beneficio de la duda al ver la confianza ciega que él mismo tenía hacia ellos y creyendo que podría estar seguro bajo el cuidado de la tripulación. Sin embargo, Shisui también sabía que Zero jamás dejaría de verlos como las personas que le habían arrebatado a su hermano menor, a su única familia.
El rencor que guardaría hacia el Aurum y hacia él estaría presente para siempre incluso si lograba formar una vida.
Shisui se percató de que Ayami estaba nuevamente a su lado y se forzó para no comenzar a llorar frente a ella pero, aun así, sus ojos no pudieron ocultar el cúmulo de emociones que lo estaban consumiendo.
Milagrosamente, se dio cuenta de que había logrado tomar el anillo en su puño antes de que ella tratara de ayudarlo a incorporarse.
Y la escuchó y trató de sonreírle.
No lo consiguió y su sonrisa se deformó.
Él pensó que su propio control era sorprendente cuando notó que había logrado dejar de temblar sólo para tratar de no preocuparla más.
Lo que fueron minutos le resultaron más bien segundos y, mirándola y escuchando a Blue, supo que los pensamientos dentro de su cabeza estaban apagándose o, más bien, agrupándose para ser encerrados dentro de una caja imaginaria antes de ser cerrada con llave.
En ese momento no quería pensar en Zero ni en el Aurum, sólo quería pensar que todos estarían mejor después de eso.
Pero el peso de aquella caja fue tan grande que se sintió agotado, y no pudo definir si fue un agotamiento físico o emocional.
Shisui escuchó a Akamaru y giró la cabeza sólo para encontrar a Zeink aparecer detrás del canino.
Sintió que debía una gran explicación pero que no quería darla. Pero entre querer y deber había una gran diferencia y, en ese instante, el deber pesaba más.
Porque si las cosas hubiesen resultado como él quería y no como debían, su hermano seguiría allí, sus amigos estarían bien y él no sentiría que los había traicionado al dejar escapar al que había encabezado aquel macabro juego.
La caja se abrió por un segundo y el pensamiento fue depositado allí.
Shisui miró la expresión en el rostro de Zeink cuando él terminó de acercarse.
Y apretó el anillo dentro de su mano.
Sintió que estaba delante de un desconocido y no del hombre que había visto día a día durante años, pero entendió que era porque él mismo se sentía como un desconocido para ellos.
—Lo lamento, capitán, pero los he dejado escapar —decidió expresarse con sinceridad. Su espalda se irguió con un poco de esfuerzo y se alejó levemente de Ayami como si quisiera dejar en claro que era él y solamente él el responsable y que la mujer únicamente había respetado su decisión—. Sé que puede parecer que mi lealtad ha sido hacia Phamton y no hacia el Aurum, pero no es así…
Shisui se sintió mareado al decir aquello, así que miró a Ayami porque mirarla podía hacerle sentir mejor. Sus ojos encontraron los de ella y trató de concentrarse en ese peculiar color morado que tanto adoraba.
Entonces se percató de lo cerca que había estado de alejarse de ella después de prometerle que podría solucionarlo todo. Había estado a punto de marcharse para siempre sin terminar de hacerle saber cuánto la amaba.
Shisui se inclinó hacia ella y, aunque se sintió torpe, cansado y adolorido, logró detenerse a pocos centímetros de ella, su cabeza quedando a un costado de la de la mujer y sus labios cerca de su oído.
Su mano buscó la de ella por inercia cuando supo que las horas corriendo y acumulando sentimientos negativos, sumadas a las heridas recientes, le iban a provocar un desmayo.
No lo quiso así, pero el anillo descansó en la mano de ella.
Entonces registró superficialmente que allí, sobre la piel de Ayami, el anillo parecía haber encontrado su lugar.
Se dio cuenta de que no iba a soportarlo más y de que los pocos pensamientos que había permitido rondar libremente en su cabeza lo abandonaban.
Sintió que sus sentidos se apagaban y habló por instinto y porque no sabía qué sucedería después.
Un leve susurro escapó de su mente hacia sus labios sin que él lo pudiera detener.
Fue totalmente diferente a las palabras que había ensayado durante meses.
Fue breve y conciso.
—Te amo y quiero casarme contigo, Ayami.
Unos segundos más tarde, el peso del cuerpo de Shisui cayó sobre el de ella.
Finalmente quedó inconsciente.
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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por Ayashi el Vie Ago 26, 2016 11:43 pm

Luka esperó pacientemente a que la mujer contestara mientras que aprovechaba el momento y la analizaba detenidamente, intentando descifrar que era lo que pasaba por su cabeza en ese momento, como se sentía.
Dejó que se separara sin decir nada, dándole tiempo para decidir y, cuando por fin le contestó, tan solo sonrió levemente y asintió.
Estuvo al pendiente de ella mientras ingresaba a la bañera para asegurarse de que podría sostenerse bien por sí misma y finalmente, cuando la mujer comenzó a desvestirse, apartó la mirada hacia un lado, intentando darle la mayor privacidad posible. Al menos lo que permitía aquella situación.
Se metió las manos los bolsillos, percibiendo brevemente los bordes rotos de su pantalón y los hilos deshechos. Bajó entonces la cabeza para darle un vistazo a sus ropas, notando por primera vez el estado en que se encontraba, la suciedad y la sangre seca en él. La imagen en si no le causó mayor impresión puesto que estaba bastante acostumbrado a sentirse y verse así, demasiadas batallas había luchado ya en su vida.
Pero, a pesar de eso, sintió que el peso de este enfrentamiento con más fuerza de la normal. La sensación de victoria no era más que un sentimiento amargo en su interior puesto que Kaoz aún seguía con vida y, muy en su interior, sabía que posiblemente Zero se marcharía también sin pagar por lo que había hecho.
Se obligó a sí mismo a apartar aquellos pensamientos de su cabeza después de unos segundos, decidiendo que aquel no era el momento ni el lugar de dejarse consumir por la rabia.
Haniah le necesitaba ahora, y eso era lo único que debía importarle.
Cuando escuchó a la mujer hablar fue que noto que había cerrado los ojos, por lo que los abrió nuevamente, frunciendo el ceño al darse cuenta de lo que había dicho.
La volteó a ver, enfocándose directamente en su rostro, dándose cuenta de inmediato en que estaba llorando. Tuvo el impulso de negarle todo, explicarle que lo hubiese hecho mil veces de haberle dado a elegir, que hubiese podido dar mucho más de haber tenido la oportunidad.
Pero se forzó a quedarse callado, sabiendo que Haniah simplemente necesitaba expresarse, sacar lo que podía.
Y cuando ella le abrazó, sus brazos se movieron automáticamente para envolverla también y atraerla hacía él, una mano sujetándola alrededor de la espalda y la otra reposando detrás de su cabeza. Se concentró en sus palabras, notando apenas que se estaba mojando en el proceso.
Se sintió inútil por no poder apartar todo su sufrimiento, borrarlo y hacer que olvidara.
Eventualmente, más allá de acompañarla y darle su apoyo, sabía que no podría hacer mucho para calmar los tormentos de su interior.
-No eres débil, Haniah, nunca lo has sido –murmuró luego de unos segundos -. Si acaso, eres una de las personas más valientes que he conocido en toda mi vida. Muchos ni siquiera hubiesen podido aguantar ni la mitad de lo que tú en circunstancias como esas… -negó levemente, más para sí mismo que ella -. Si tienes que llorar, estas en todo tu derecho. Eso no te convierte ni de cerca en alguien débil o frágil. Al final, todo esto te volverá más fuerte de lo que ya eras.
La apretó un poco más contra sí.
-Tú lo vales ¿Me oyes? Tú vales mucho más de lo que puedas pensar –apoyó su mejilla sobre su cabeza -. Vales mucho para la tripulación, para tus hermanos… para mí –aseguró -. Y si, salimos heridos, pero eso solo porque no podíamos soportar la idea de perder a alguien que era tan valioso para nuestras vidas. Y lo volveríamos hacer, una y otra vez de ser necesario, así como sabemos que tú lo harías por nosotros de la misma manera.
Puede que no podría callar todo su pesar, pero al menos, lo intentaría.

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Midori terminó por subirse por completo a la cama una vez Luka y Haniah desaparecieron, sentándose con las piernas cruzadas debajo y en dirección a los demás para poder verlos mejor. En el proceso había terminado por levantar a King de la cama y sujetarlo entre sus manos, sabiendo que el sapo no podría calmarse del todo hasta que no la viese libre de heridas y que el resto volviese sanos y salvos.
-Seguro si le preguntas al dueño donde sacó las sabanas te lo dirá –le sonrió al rey, estando completamente segura de sus palabras y olvidando momentáneamente todos los problemas que le habían traído al mencionado hombre, problemas que seguramente no lo dejaban a ninguno en una buena posición.
La gitana paseo su mirada por el resto, alegrándose de ver a Kaoru más tranquilo y que finalmente había reaccionado a lo que tenía a su alrededor. Ella, por su parte, seguía un tanto confundida, pero se debía más al desorden de voces en su cabeza y el palpitante dolor en su sien.
Llevaba rato intentando alcanzar a descifrar que sucedía con Shisui, Ayami y Zeink, ya que estos eran los que se encontraban lejos aún, pero por más que se forzaba no lograba escuchar más que meros murmullos y palabras entrecortadas. Tan solo podía colocarse en la misma situación que el resto y esperar porque volvieran pronto.
Se fijó entonces en Max, notando lo que iba a hacer antes de que saliese por completo del lugar.
-Toca la puerta antes de entrar –alcanzó a decirle, sonriéndole abiertamente.

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Ayami y Zeink se mantuvieron la mirada por lo que a la mujer le pareció una eternidad, ninguno de los dos cediendo ante lo que parecía una pequeña guerra. La peliplateada podía percibir perfectamente el enojo y la frustración en el neko a medida que este se acercaba, cuestionándola y demando explicaciones con cada paso que daba, seguramente por sus acciones las últimas horas.
Sin embargo, no dijo nada una vez estuvo a su lado, y en cambio se giró a mirar a Shisui, su expresión cambiando a algo que Ayami no supo descifrar. Se sintió repentinamente nerviosa ante Zeink, sin saber que era lo que pensaba el hombre de toda la situación y lo que sucedió.
Se tensó visiblemente en cuanto las palabras de Shisui salieron de su boca, sintiendo como si un balde de agua fría le hubiese caído encima repentinamente. No le gustó que se colocará semejante peso encima, ni la manera en que se había expresado, mucho menos le agradó la mirada que le dirigió Zeink luego eso.
Volteó a ver al albino de inmediato, queriendo reconfortarlo de alguna manera.
Por el rabillo del ojo notó a Zeink alejarse de ellos hacía el río luego de soltar lo que ella creyó se trataba de un leve gruñido, pero no le dio demasiadas vueltas a ese detalle puesto que su concentración se vio puesta por entero en su novio.
Lo vio directamente a los ojos, sin saber que era lo que pretendía.
-Shisui…
Cualquier cosa que fuese a decir fue interrumpida por el repentino movimiento del hombre.
El brazo con el que lo sujetaba se movió instintivamente con él, sintiendo que en cualquier momento Shisui caería por el esfuerzo y el cansancio.
Quiso decirle que se quedara tranquilo, que descansara.
Le preocupaban enormemente sus heridas y las secuelas de lo que acaban de vivir. La idea de llamar a Zeink y apresurarle a que viniera se hizo presente, queriendo liberar de alguna manera de Shisui del dolor que debía de estar sintiendo, volver rápido con los demás y dejar todo atrás por los momentos.
Sin embargo, sus pensamientos fueron reemplazados por una profunda confusión al percibir la mano de Shisui sobre la suya.
Su mano se cerró involuntariamente sobre el pequeño objeto que fue depositado en ella, sin poder comprender del todo de que se trataba.
Nada ni nadie pudo haberla preparado por completo para lo siguiente que escuchó.
Sus ojos se abrieron de par en par de asombro, su corazón dio un vuelco tan repentino que por un momento pensó que se le iba salir del pecho.
Sostuvo rápidamente al hombre en cuanto sintió el peso de este caer repentinamente sobre ella, usando todas sus fuerzas y estabilidad para no caer al suelo junto con él. En algún lado de su mente registró el hecho de que Shisui había quedado inconsciente, pero la preocupación por este hecho apenas y pudo alcanzar la superficie del cúmulo de sentimientos que le estaban invadiendo.
Sin saberlo, había comenzado a abrazar a Shisui con todas sus fuerzas, su rostro oculto en el cuello del hombre mientras temblaba sin control.
“Te amo y quiero casarme contigo, Ayami”
Una cálida sensación se instauró en su interior, un estremecimiento que nunca creyó podría sentir por alguien con tanta intensidad como lo estaba percibiendo en aquel instante.
El amor que sentía por el hombre entre sus brazos era gran y sobrecogedor que simplemente no tenía palabras para expresarse, aún si lo hubiese querido.
No supo por cuanto tiempo estuvo en aquella posición, tan solo logro salir de su aturdimiento cuando sintió una mano posarse tierna pero firme sobre su hombro.
Con resistencia alzó la cabeza, encontrándose a Zeink a su lado. El neko le devolvió la mirada con calidez, su expresión demostrándose una calma y quietud que contrastaba enormemente con la fiereza y actitud desafiante que había demostrado en su llegada al claro.
Si el neko había escuchado algo no lo dijo y ella tampoco preguntó, pero era visible que algo sabía.
-Necesito revisarlo –murmuró.
Ayami tardó un poco en entender a qué se refería, pero finalmente asintió no sin cierta renuencia.
Entre ambos movieron a Shisui para que quedara boca arriba, recostado sobre la mujer, de manera que sus heridas quedaran visibles a la vista.
Sin decir nada, Zeink comenzó a trabajar en curar las heridas del albino.
Mientras el neko trabaja, en silencio y con cierto temblor, Ayami alzó la mano que había mantenido cerrada hasta ese momento y la abrió.
Sintió un nudo en su garganta al ver el anillo reposar sobre su palma, brillando levemente contra su piel.
Akamaru se acercó de pronto, acostándose detrás de ella y acercando su cabeza a la de ella para acariciarla. Ayami no pudo evitar dirigirle una pequeña sonrisa a su fiel compañero, alzando la mano hacia él para que mirara el anillo.
-Es hermoso ¿No crees? –susurró.
Ante toda respuesta, el perro le lamió ligeramente la mejilla.

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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por Akane el Dom Ago 28, 2016 1:56 am

Miró a Max cuando este habló. Inclinando su cabeza levemente, y llevando su atención al pelirrojo.
Le dio solo un vistazo a Midori cuando ella habló antes de volver a ver hacia la puerta, perdiendo de vista al menor cuando este terminó de cruzar el umbral de la puerta y desapareció por el pasillo.
No habló ni comentó al respecto, pero volvió a recorrer la mirada por la habitación un tanto indecisa. Alcanzó a mirar de nuevo a Shun, y al verlo sintió ganas de ir hacia él. Aunque, realmente no sabía muy bien qué decirle.
Contuvo un suspiro y pensó esta vez en Haniah. Tan pronto la pelirroja se había levantado de la cama, había tenido que contenerse para no ir hacia ella. Hubiese sido un tonto impulso al no estar en el estado emocional ni físico para poder ayudar a su amiga.
Y cuando la escuchó a hablar, no le pareció en lo absoluto alocado o desubicado lo que quería hacer, no importaba la razón que en realidad tenía para ello. Bañarse y borrar los rastros físicos de lo que había ocurrido le parecía una decisión inteligente.
De todos modos, al principio no supo qué pensar cuando Luka se marchó con ella. Pero ahora que lo volvía a tomar en cuenta, le agradaba saber que el rubio estuviera acompañándola. Confiaba en él, y tal vez hasta era el más indicado para estar con ella en ese instante.
Volvió a darle un rápido vistazo a la puerta antes de ver a Shun. Iba a decir algo, pero King habló antes que ella.
- ¡Voy a necesitar un buen baño después de esto! ¡Uno donde pueda relajar mis huesos y músculos! – exclamaba mientras se acomodaba la corona sobre su cabeza, de tanto movimiento que había hecho se le había caído – Primero tendré que bañarme, y luego hablar con el dueño. Un rey necesita estar más que presentable en las reuniones. Aunque antes de eso, espero que todos ustedes también se den un baño de inmersión. – los miró a todos con los brazos cruzados - ¡Estoy esperando a que el trío dinámico vuelva para darle los turnos! ¿O debería ser quinteto dinámico? Ese enorme perro y el pájaro azul también faltan.
Isabel lo miró hablar, y decidió mantener silencio.
Contuvo la respiración y giró la cabeza para mirar a Kaoru.
Al principio tan solo lo miró sin ver, intentando pasar por desapercibido la fuerte punzada de inquietud que le había pegado tras solo escuchar a King hablar. Desde el principio, no le había agradado saber que ellos todavía estaban en alguna parte del bosque, pero había logrado dejar sus emociones en segundo plano para poder ayudar a Kaoru hace un momento.
El problema es que ahora volvía a tener demasiado presente el impulso que todavía no quería irse. El impulso de salir a buscarlos; un impulso que posiblemente no serviría para nada.
No saber si se habían encontrado con alguno de aquellos piratas, o si al menos habían alcanzado a Shisui. No saber qué era lo que estaba ocurriendo con ellos, y esperar mientras solo pudiera desear por lo mejor la dejaba demasiado nerviosa.
Empezaba a darse cuenta que estaba más preocupada de lo que al principio creyó, notando que el enojo que había mantenido era en realidad inferior a este sentimiento. Y realmente espero que al menos, no importaba qué era lo que había o estuviera ocurriendo, pudieran volver pronto y a salvo.
No quería perder a ninguno.
Sintió de pronto cómo alguien le estaba tocando la pierna, y bajó la mirada al instante un tanto sobresaltada. Notó que solo era Lukas, intentando llamar su atención con su nariz y lo miró por un momento. El pobre conejo había reaccionado de la misma manera que ella al no haberse esperado que la neko volteara a verlo tan repentinamente.
Isabel lo acarició un poco detrás de las orejas como signo de disculpa. Y esperó tan solo un instante para volver su mirada a Kaoru, esta vez prestándole atención.
Seguía abrazando a Kyo al mismo tiempo que lo acariciaba levemente en la cabeza. No había hablado todavía, pero por su expresión notaba que estaba mejorando. Al menos por el momento.
Tenía mejor color, y la tonalidad rojiza que había aparecido tras romper en llanto estaba empezando a desaparecer.
Se inclinó levemente al mismo tiempo que con la otra mano lo despeinaba un poco como juego. Logró llamar su atención, y aprovechó ese momento para esbozarle una sonrisa.
- Qué atractivo te ves, Kaoru – decidió por bromear. – Ese rojo te agrega un poco de color, y el cabello lo tienes revuelto. Te queda bien – amplió su sonrisa mientras lo despeinaba un poco más con la mano.


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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por susie el Vie Sep 02, 2016 10:47 pm

Aunque las palabras de Luka sonaron como una verdad ante sus oídos, Haniah no encontró consuelo en ellas porque no pudo creerlas.
E incluso si llegó a creerlas, no pudo entenderlas.  
Haniah negó ligeramente mientras sentía que el agua helada detrás suyo lograba congelarla más ahora de lo que había hecho minutos atrás cuando había estado completamente sumergida en ella. Tembló involuntariamente y, en un intento de alejar ese frío que incrementaba el dolor y la sensación de cansancio en su cuerpo, se aferró más, sólo un poco más, a Luka.
Entonces detectó mayor consuelo en la protección corporal del hombre que en las cosas que decía.
Quiso pedirle que se mantuviera así, que no apartara la mano de su cabeza, que no detuviera la gentil caricia que hacía sobre su cabello y que no dejara de sostenerla por la espada.
Quiso pedirle que no se alejara nunca.
Pero no lo hizo.
—No soy valiente, sólo finjo serlo. Soy cobarde hasta los huesos, Luka —susurró—. ¿Qué está mal conmigo? ¿Por qué soy de esta manera? —sus ojos ardieron por el incesante llanto y notó un punzante dolor en su cabeza—. Sé que podría darlo todo por ustedes pero no quiero que ustedes den nada por mí…
Haniah trató de ahuyentar los últimos recuerdos que había conseguido antes de que la rescataran y la llevaran de regreso con sus hermanos, mas únicamente consiguió pensar con mayor fuerza en la imagen de Shisui marchándose después de asegurarle que todo estaría bien.
La mujer escuchó su propio llanto y, con las palabras del albino rondando en su cabeza, creyó, al menos por un instante, que no volvería a estar bien.
Las inseguridades que había almacenado durante años habían sido confirmadas e incrementadas en una sola noche y se sentía destrozada.
Cerró sus ojos, sabiendo que no era el momento indicado para ello pero delegando a segundo plano esa inquietud, e intentó vaciar hacia el exterior todos sus pensamientos.
Fue entonces que notó que la estabilidad en su voz se había desvanecido por completo y que, precisamente por eso, no podía continuar hablando.
Un poco de frustración la recorrió al entender que, aunque tratara, no iba a ser capaz de poner en palabras lo que quería expresar.
Sus manos se cerraron en puños brevemente antes de volver a abrirse, temblorosas, y aferrarse nuevamente a la espalda de Luka.
Su cuerpo no estaba ejerciendo la fuerza necesaria para mantenerse de esa manera junto a él.
«¿Cómo alguien que jamás ha sido fuerte puede fortalecerse con algo como esto? —pensó, y añadió apresuradamente—. ¿Y por qué alguien como yo es valiosa para ustedes?»
A pesar de todo, inmediatamente realizó que no era la primera vez que formulaba esa última pregunta. Sin embargo, esta vez se sintió como si la hubiese dicho en voz alta.
Haniah no reparó en el hecho de que ninguna palabra había salido de sus labios así que trató de explicarse antes de obtener una respuesta por parte de Luka.
No pudo decir nada pero lo pensó todo.
Pensó en la manera en la que había intentado alejarlos a todos durante los primeros meses después de volver al Aurum, tratándolos como si hubiese olvidado todo por lo que habían pasado y lo que habían hecho por ella. Pensó en el momento en el que había entendido que no quería hacerlo pero que tampoco podía evitarlo; el instante en el que se había dado cuenta de que no podía ser con ellos como había sido antes porque antes no había temido perderlos, separarse de nuevo, pero que ahora eso le aterraba. Pensó en la primera vez que se habían alejado y en lo mucho que había dolido. Y pensó en que lo había soportado porque creía que era fuerte pero que, tras la muerte de su madre, se había dado cuenta de que realmente no lo era. Pensó en la manera en que se había desmoronado después de perderla y en la forma en que había creído, al volver a verlos, que no soportaría perderlos a ellos también.
Pensó en la ilusa convicción que había tenido meses atrás, en la cual había llegado a creer que si los trataba diferente y lograba convencerse de que no la necesitaban en sus vidas, entonces ella no los necesitaría en la suya.
Y pensó, irremediablemente tras las palabras de Luka, en que no había funcionado y en que no iba a funcionar; en que no quería que volvieran a alejarse porque sabía que no podría soportarlo.
Pensó en lo mucho que quería que Shisui regresara y volviera sus palabras realidad.
Quería que todo estuviera bien, tanto para ella como para el Aurum.
Haniah notó el mismo sentimiento desgarrador que había tenido después de la muerte de su madre instaurarse en ella, pero esta vez fue mucho peor de lo que había sido antes.
Así que se aferró con vehemencia al único consuelo que podía encontrar.
Se aferró a Luka sin importarle que probablemente perdería la conciencia en sus brazos.
Fue la primera vez en años que se permitió mostrarse tan vulnerable frente a él.
Y, al menos en ese momento, no le importó.
Superficialmente registró el sonido de unos golpes contra la puerta.
Se negó a abrir sus ojos incluso después de que el llamado se repitiera con un poco más de intensidad.
No se alejó de Luka porque no quiso, pero sí se obligó a llorar en completo silencio.
—Haniah, soy Max —escuchó la voz de su hermano menor contrastando firme y fuerte contra el repiqueteo del agua cayendo—. Te he traído un cambio de ropa puesto que Luka y tú abandonaron la habitación tan rápido que olvidaron traerlo ustedes…
La mujer no supo si Max había permanecido allí el tiempo necesario como para lograr oír algo de lo que ella y Luka habían dicho pero simplemente esperó no haber sollozado lo suficientemente fuerte como para que él hubiese podido escucharla.
Haniah no escuchó a Max durante unos segundos más. Sin embargo, cuando él volvió a hablar, estuvo segura de que algo había escuchado.
No se equivocó.
Las paredes del baño eran tan delgadas que Max había sido capaz de identificar parte de lo que sucedía adentro.
Él supo que habría esperado pacientemente si no hubiese estado ansioso por regresar con su hermano pero también supo que le habría dado espacio a su hermana y habría vuelto más tarde si hubiese tenido la certeza de que, regresar a la habitación con la ropa en sus manos, no habría hecho que Shun se preocupase aún más por el estado de Haniah.
—No quiero interrumpirlos —añadió él con un tono ligeramente avergonzado—, así que dejaré esto aquí afuera…
Max depositó la ropa en el suelo frente al baño y miró a la puerta mientras lo hacía.
Al levantarse, tuvo que contener el impulso de decirle algo más a Haniah y vagamente agradeció que ni ella ni Luka pudiesen ver la expresión de preocupación que había en su rostro.
Max se limitó a creer que Haniah no deseaba escucharlo en ese momento porque no quería sentirse débil ante él, así que mordió sus labios y se dio la media vuelta.
Sabiendo que no podría hacer nada por ella pero confiando en que Luka sí, Max caminó por el pasillo para regresar a la habitación.
Si no podía estar con Haniah en ese momento, no podía desperdiciar el tiempo.
Tenía que estar con Shun.
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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por Ayashi el Jue Dic 22, 2016 9:02 am

*Al día siguiente*


Curiosamente, lo primero que sintió al despertar no fue otra cosa que un punzante dolor en la base del cuello, lo cual le detuvo de realizar cualquier movimiento brusco para apartarse del molesto brillo que se colaba por la ventana y le daba directamente en el rostro.
Se tomó un minuto más en recobrar la completa consciencia y ajustarse a lo que sucedía a su alrededor, que no era mucho, a decir verdad. El rubio llevo una mano a su cuello para masajearse la zona antes de estirarse por completo, sintiendo todos los huesos de su columna tronar mientras se ajustaban nuevamente en su posición natural después de una larga noche durmiendo en lo que cualquiera llamaría una incómoda posición.
Para Luka, después de todo lo que había pasado, aquello era lo de menos.
Abriendo finalmente los ojos se permitió recorrer toda la habitación la mirada, dándose tiempo de intentar recordar el preciso momento en que había sucumbido finalmente al sueño.
Vio entonces a Kaoru aún dormido en la cama de al lado, sujetando a un despierto Kyo entre sus brazos. Al estirar un poco más el cuello, el rubio logró vislumbrar la cabellera azul de Jade junto al albino. Como no notar ningún movimiento, supuso que también seguía dormía.
Volteó entonces a ver hacia la cama que encontraba en frente, notando de inmediato que solo Ayami permanecía aún acostada, sin rastro de Shisui por ningún lado. Permaneció un momento más observándola, recordando de pronto la extraña expresión que cargaba la mujer el día anterior al volver junto con Zeink y Shisui. No sabía que había sucedido, pero estaba seguro que algo debió de haber conmovido profundamente a la mujer. Sin embargo, no había tenido tiempo de hablar con ella, puesto que él no se había separado de Haniah en ningún momento, y ella había hecho lo mismo con Shisui.
Viéndola ahora dormir al igual que Kaoru y Jade, esperaba que el resto hubiese obtenido el mismo descanso.
Soltó un suspiro, ajustando su posición ligeramente para poder mirar entonces hacia Haniah, recostando la cabeza contra la cama de la mujer para poder observarla mejor.
La expresión de la pelirroja reflejaba un mejor estado que el día anterior, un poco más serena y menos atormentada. El hombre había supuesto que se debía a alguna pesadilla, pero no podía estar del todo seguro, lo cual le había limitado a simplemente sujetar la mano de la mujer y esperar que cualquier tormento interno pasara sin más.
Que ahora aparentase estar más tranquila le hacía sentir ligeramente mejor, más ligero.
Mientras observaba a Haniah, no pudo evitar preguntarse que sería del grupo a partir de ahora. Como se desenvolverían todos con el peso de lo que había pasado. Pensó que todo era demasiado injusto e irrazonable; que el destino era caprichoso y el mundo demasiado cruel.
No por primera vez, sintió un dejo de rencor y pesadez hacia su modo de vida, irritado ante el hecho de limitarse simplemente a sobrevivir.
Sonrió entonces con cierta amargura, recordando que años atrás, esta situación no le hubiese importado en lo absoluto, que habría dejado todo atrás de tratarse de otra persona la que hubiese sido secuestrada, que habría olvidado todo y continuado con su vida sin penas ni remordimientos.
Que incluso se habría burlado de la mala fortuna del otro.
¿Y ahora?
Simplemente no podía echar a un lado e prominente dolor en el fondo de su pecho y la preocupación que le asaltaba cada que volteaba la mirada y notaba algún peligro acechar a sus compañeros.
Las cosas ya no eran las mismas… él había cambiado, su vida había dado un vuelco y ya no había vuelta atrás.
Tan solo esperaba ser lo suficientemente para poder ayudar a Haniah y el resto a superar esta etapa.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Había un silencio sepulcral por los alrededores, un ambiente anormalmente tranquilo y lúgubre que proporcionaba un aura desagradable en toda el área. No había siquiera rastro alguno de animales en la zona, como si estos de alguna forma supiesen no adentrarse mucho en aquel terreno, quizás por miedo e instintiva precaución por lo que había acontecido allí la noche anterior.
Lo cierto es que los mismos escombros que quedaban de lo que alguna vez fuese un buen hogar de familiar no albergarían ahora más que un trágico recuerdo de una tortura que no debió haber ocurrido.
La brisa que se colaba de entre los arboles hacía mover algunas piedras y trozos de madera pequeños por la tierra y los restos de la casa, arrastrándolos por el suelo y regándolos por la zona. Aquel detalle simple detalle fue lo primero que notó Zeink al llegar nuevamente a lo que él consideraba ahora los restos de un campo de batalla.
El neko recorrió todo el lugar con la mirada, dejando que su mente revivir los últimos días con una nueva perspectiva, más descansa y fresca. Mas calculadora y detallada.
Se sentía tranquilo y en control a pesar de las circunstancias, meditando lo sucedido y evaluando sus próximos pasos con la misma soltura del que ha pasado por más de una desgracia y entiende que se ha de seguir, aún en contra del propio pesar y cansancio que azota el cuerpo.
Parado frente a los restos de aquella casa, comenzaba a entender que ahora el camino sería mucho más duro para muchos en la tripulación. Que aquello era una dura estocada contra la moral de sus compañeros y que costaría mucho para que la recobraran, que cargarían con aquel peso por mucho tiempo.
Como pirata, consideraba esto como una simple piedra en el camino, un obstáculo más de entre los muchos que te encuentras en el camino de la supervivencia; y de tener una tripulación enteramente pirata hasta las entrañas, podría confiar en que dejarían todo atrás.
Pero aquel no era el caso.
Lideraba una un grupo que apenas comenzaba a conocer las desgracias que el mundo ofrecía, y tanto sus hermanos como él, que habían vivido el infierno en tierra y mar, que comprendían mucho más lo oscuro de su realidad, estaban tan afectados como el resto por el cariño y empatía que sentía por los demás.
Tomando asiento en el frío suelo, no pudo evitar darle la razón a Bleef por un segundo.
Las cosas eran más fáciles cuando, como piratas, no tenías ataduras sentimentales con el resto del mundo.
Los lazos compartidos complicaban todo aún más, el trauma vivido era una herida fresca en la mente todos y las emociones simplemente nublaban el juicio hasta del más experimentado guerrero.  
Se preguntó entonces que debía hacer, como debía proseguir a partir de ahora puesto que, como mero pirata, no podía ofrecer el suficiente confort que tanto necesitaba su tripulación.
La verdad era que, no le quedaban demasiadas opciones…

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Los ladridos de Akamaru y sus fuertes pisadas sobre la grama y las hojas caídas de los arboles le brindaban cierto alivio y distracción de la ola de pensamientos y voces que llegaban a su cabeza, le distraían. Y los dioses sabían que distracción era lo que más necesitaba en aquel momento.
Hacía mucho que la gitana no pasaba por una situación como la de ayer, años tal vez de la última vez, y aunque no estaba especialmente perturbada por lo ocurrido, su lado más natural y libre le exigía con fuerzas alejarse, aunque fuese por unos minutos, de todo el drama y tensión emocional.
Por eso, cuando al despertar había visto a Akamaru caminar inquieto alrededor de la posada, supo que aquella era la oportunidad perfecta. No le tomó mucho convencer a King de acompañarla, sabiendo que el rey sapo necesitaba al igual que ella un break de todo el drama.
Y ahora que veía a Akamaru corretear a un montón de ardillas por el suelo hasta que subían a los árboles, se sentía un poco más en paz.
-¡ARDILLA! –el grito del perro resonó por todo el claro, al tiempo que el enorme animal salía disparado hacia un costado, donde cinco ardillas se habían reunido a recolectar nueces.
Los animalitos, al ver al perro, se dispersaron en busca de un escape. Una de ella no tardó en llegar hacia donde se encontraba Midori, subiendo despavorida por su pierna, cintura y torso hasta llegar finalmente a su hombro, donde justamente se encontraba King.
-¡Mira sapito rey, una nueva amiga! –exclamó la peliverde, encantada de ver a la ardilla sobre ella.
Al segundo siguiente, la mujer estalló en profundas carcajadas cuando la ardilla, en su intento por continuar escapando de Akamaru se escabulló por entre las patas de King, causando que el sapo quedara sentado sobre ella y, por consiguiente, fuese llevado a la fuerza en pleno escape hacia un árbol cercano.
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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por Akane el Sáb Dic 24, 2016 7:29 am

No había sido demasiado difícil convencer a King, aun después de aquel abrupto despertar de madrugada. Para empezar, el pequeño sapo no tenía ni el más mero deseo de quedarse solo o de alejarse de alguno de los miembros de aquel extravagante grupo de raros piratas. Mucho menos de Midori, que por más que la gitana demostrara una independencia que muchos carecían, le preocupaba dejarla sola después de lo ocurrido. Además, le tenía un cariño especial.
Sin embargo, tal vez tuvo que habérselo pensado un poco mejor antes de acompañarlos. No importara dónde fuera Midori, siempre ocurría alguna locura. Y esta vez no había sido la excepción.
Por un momento, se había sentido en calma. Estaba tan cómodo como si estuviese sentado sobre un lecho de rosas en vez del hombro de la gitana. La brisa de la mañana lo adormecía, logrando que pusiera la mente en blanco. De todos modos, aun sabía que Akamaru estaba correteando ardillas, pero no alcanzó a imaginar que fuera a ahuyentarlas hacia ellos.
Tan solo alcanzó a sujetarse la corona con una pata cuando la ardilla intentó pasar por debajo de él. Cayó en el lomo del animal en una extraña posición para un sapo, como si la estuviese cabalgando al revés. Miró la cola de la ardilla, y luego más allá hacia Midori carcajeándose.
- ¡Detente! – exclamó en cuanto recuperó el habla - ¡Ardilla, te estoy hablando! ¡Detente! ¡¿Cómo te atreves a llevar a tu rey de est-…?!
No pudo seguir hablando. La pequeña ardilla ignoró lo que decía, aunque más bien tal vez solo no lo había entendido, y se apresuró a subir por el tronco del árbol poniéndose en una posición vertical demasiado peligrosa para alguien que estuviera sobre ella. King se sostuvo como pudo del pelaje, pero sus patas no estaban hechas para agarrarse y se deslizó con suavidad pero demasiada rapidez como para poder encontrar una vía de escape.
Cayó de cara al suelo, justo entre dos raíces del árbol. King no reaccionó enseguida, pero en cuanto lo hizo, se movió lentamente para sentarse en el lugar al mismo tiempo que sostenía con sus dos patas delanteras la corona sobre su cabeza. Carraspeó molesto. Y alzó la mirada hacia el árbol en busca de la ardilla.
- ¡Por algo como esto, por lo que hiciste, mereces estar detrás de los barrotes por más de una década! – habló. A pesar de su tamaño, tenía una voz potente que se hacía escuchar a más distancia que muchos seres humanos - ¡Criminal!
Ya no podía ver a la ardilla. Seguramente se había escondido en alguna de las ramas más altas. Pero sabía que lo iba a escuchar. O más bien, iba a hacer que lo escuchara. No se lo iba a perdonar nunca en la vida. A pesar de su compostura, lo que había pasado recién había sido una total vergüenza.
Se acomodó la corona sobre su cabeza para proseguir en sacarse la tierra del cuerpo y su preciada capa. Posiblemente ni con patas más grandes podría sacarse todo el polvo de encima.
Volvió a carraspear, y saltó para posarse sobre la raíz que encontraba más alta. Miró hacia Midori y Akamaru con los brazos cruzados, pero no habló. Tan solo los siguió observando, esperando a que alguno de ellos reaccionara primero, como si ya estuviese por sabido lo que tenían que hacer en una situación como aquella.

______


Esa mañana despertó un poco más temprano de lo que acostumbraba, pero aun así sintió su cuerpo mucho más descansado y su mente más tranquila después de unas buenas horas de sueño. No se molestó cuando no encontró a nadie más en el cuarto, a excepción de su sobrina que todavía seguía durmiendo profundamente en la cama, sin pistas de despertarse demasiado pronto. Y si lo pensaba un poco, aun superficialmente, prefería que fuera así. El silencio de la habitación le daba una sensación de privacidad que tanto disfrutaba.
No se apresuró en cambiarse ni en peinarse. Lo hizo con calma y lento, pensando en nada y todo a la vez. Usualmente se bañaba antes de vestirse con la ropa del día, pero el sonido del agua proveniente del fondo del pasillo le hizo saber que el baño estaba ocupado. Y fue algo que dejó pasar, y tal vez esa acción pudiera ser lo que podía llamarle la atención a otro sobre su actitud. Él era alguien que difícilmente cambiaba el orden de su rutina, y esta vez lo estaba haciendo por razones desconocidas.
Se sentó en la cama para ponerse las botas, primero la derecha y después la izquierda. Y su mirada pasó vagamente hacia la puerta por un momento. No se detuvo a observarla, y se levantó de su lugar para salir del cuarto.
Miró por sobre su hombro hacia dentro, por pura inercia y sin ninguna otra razón en particular, antes de cerrar la puerta tras de sí.
Esta vez su mirada se detuvo con un poco más de atención a la puerta de la otra habitación que ellos estaban usando. Se preguntó en lo más lejano de su mente, si el resto ya se había levantado o siquiera despertado. No era como si él hubiese empezado el día hace mucho, pero creyendo conocer al resto, pensó que ya iba a haber bastante movimiento desde muy temprano.
No se quedó en el pasillo por mucho más tiempo. Decidió pensar en qué podría desayunar para mantener la mente ocupada, y si le podrían permitir llevar algo de comida de nuevo arriba.
Bajó las escaleras con la misma velocidad con la que se había cambiado, escuchando de a poco cómo las voces en el bar iban oyéndose cada vez más con cada paso que daba. Todavía no había demasiado barullo, y si ignorabas lo que había ocurrido el día anterior, hasta parecía casi acogedor.
En cuanto dio pie al bar, se sintió un tanto extraño por no haberse cruzado con nadie de la tripulación todavía. Pero mientras pensaba que tal vez aquello era lo mejor, notó a Shisui sentado en una de las mesas del lugar. Su reacción inmediata fue fingir que no lo había visto, presintiendo que el hombre iba a hacer lo mismo si llegaba a verlo a él también.
Se acercó a la barra, y se sentó en un asiento libre. Notó que el dueño estaba ocupado con alguien más que él no conocía, y esperó pacientemente a que le prestara atención. Su cuerpo estaba relajado, y su expresión era la misma de siempre, pero en sus adentros se sentía un tanto incómodo. Aunque era una incomodidad que con el tiempo era fácil de ignorar.

______


Seguramente había sido uno de los últimos en despertar. Y en los primeros minutos pareció ser el mismo Kaoru de siempre.
No abrió los ojos enseguida, todavía medio dormido y creyendo que aún estaba soñando. Pero de a poco pareció estar despertándose, dejando atrás el sueño pero no la pereza. Abrió un poco los ojos, mirando hacia donde podía con una expresión dormida. Ubicó a medias a Luka cerca de la cama y a Haniah todavía recostada en la suya. Pestañó solo una vez, y sintió sin previo aviso el hocico húmedo de Kyo contra su mejilla. Tal gesto hizo que hiciera una mueca de nene berrinchudo y volviera a cerrar los ojos, al mismo tiempo que apartaba el rostro y abrazaba a Kyo, como si se tratara de un peluche, aunque con el objetivo de apartarlo. Parecía que solo le faltaba decir “cinco minutitos más”.
De nuevo quieto en su lugar, suspiró por la nariz al poco tiempo. Fue un suspiro somnoliento, casi molesto. Por un momento, pareció que se había vuelto a dormir.
Abrió los ojos segundos después, pero no se levantó de la cama. Se acomodó mejor en su lugar, con la nariz de frente al techo y lo observó con una mirada un tanto dormida, pero el suficiente tiempo como para hacer pensar que realmente había algo interesante para mirar. Se le había quitado el sueño, y no parecía tener demasiadas intensiones de moverse de la cama.
Tenía mejor color que ayer, y se notaba a leguas que el descanso le había venido muy bien a su persona. Sin embargo, todavía no parecía estar al cien por ciento a pesar de su actitud de recién levantado. Una vez empezó a abandonar el sueño y a caer en la realidad, su expresión dejó de estar tan somnolienta. Pero ahora se le mezclaba con una palidez que lo hacía ver desde enfermo hasta asustado. Dependiendo cómo quería alguien verlo.
Había perdido la almohada en algún momento de la noche, se había caído entre la pared y la cama. Y aunque se había dado cuenta que ya no la tenía, no pareció incomodarle tener la cabeza sobre el colchón. Kyo se liberó del abrazo de su dueño, y camino con cuidado hasta llegar al lado de su hombro. Se estiró en el espacio que tenía, y volvió a acostarse, sus ojos mirando con atención a Kaoru, el cual no opuso resistencia a la acción de su gato y lo empezó a acariciar en el lomo con una mano una vez el minino se quedó quieto.
Solo después de un buen rato, volvió a mover la cabeza y miró hacia Haniah. Demasiado dormido como para reaccionar demasiado, pero lo suficiente despierto como para sentir una fuerte opresión en el pecho y notar que tan pronto le prestara atención a sus pensamientos, le iba a costar a hablar.

______

El silencio reinaba en la habitación.
Era un silencio tenso e incómodo, con solo una persona presente para presenciarlo y acompañarlo. Demasiadas cosas parecían estar siendo dichas, y muy pocas cosas parecían ser comprendidas.
Jacob no se había movido de su lugar desde hace un largo rato. Su respiración era lenta y al compás.
Estaba sentado sobre la cama, con la espalda levemente apoyada contra el respaldo y encorvado sobre sí mismo. Las rodillas le ocultaban parte del rostro, pero el cabello que caía hacía la mayor parte del trabajo. Las mantas estaban revueltas y desperdigadas en la otra punta y parte del suelo, así como la almohada estaba echada a un lado juntando polvo.
No fue hasta que había sido dejado solo que había cambiado a aquella posición. Principalmente porque hasta hace un momento no había podido.
Había despertado temprano, pero más tarde de lo que acostumbraba a levantarse cuando llegaba a dormirse. Solamente, que en cuanto se despertó, no había podido mover ni un músculo hasta un rato después. Había pasado menos tiempo de lo que había creído, los minutos le habían parecido décadas. Y no decidió en hacer el esfuerzo de moverse hasta que lo hizo inconscientemente, olvidándose de la inmovilidad que había sufrido por solo unos momentos en cuanto su mente le ganó a su cuerpo.
Se había sentido extraño. No acostumbraba a dormir tanto, y mucho menos tan profundamente como había dormido esa noche. Y mucho menos sin sueños, no había tenido ni siquiera uno. Era una situación difícil de asimilar, especialmente si era algo tan poco usual que ni siquiera parecía seguir existiendo en tu vida. No entendía por qué había pasado.
Pero aquella duda no parecía seguir teniéndola a pesar de no haber sido contestada. Dormir aunque sea solo esas horas, le había despejado más la mente en comparación al día anterior y a los otros. Y en vez de recibirlo como una bendición, lo sintió como una maldición.
Recordaba mucho mejor todo lo que había ocurrido. Desde antes de haberse desmayado en el callejón, hasta todo lo sucedido después de que despertara. Tenía mucho más claro lo que había pasado, a pesar que él no estuviese metido en medio del asunto.
No quería pensar sobre ello, ni en uno ni en el otro. Pero así como en muchas otras situaciones, él no podía evitarlo. Tenía todas esas imágenes grabadas, que ahora acompañaban a las mismas de siempre, y no podía sacárselas de la cabeza. No podía poner la mente en blanco, y se sentía sofocado.
Sentía el cuerpo vacío pero al mismo tiempo muy tenso, tanto como si se estuviese rompiendo a pedazos. Tenía los ojos bien abiertos, pero no había soltado ni una lágrima, y no parecía tampoco querer llorar. Sorprendentemente, ni siquiera tenía el ceño fruncido. Su expresión solamente denotaba vacío, un vacío que ocultaba un terrible y profundo dolor. Tal vez, en otras condiciones, se hubiese puesto a temblar.
Lo único que parecía estar haciendo era respirar; pausado y lentamente por la nariz. Mientras su mente seguía torturándolo con demasiadas cosas que no quería recordar ni pensar, era una mezcla con el pasado y el presente, y hasta con lo que quería parecer ser el futuro. Demasiado acostumbrado a lo que le estaba ocurriendo, pero demasiado dolido como para aguantarlo.
Se llevó una mano al rostro, y se apartó el flequillo de la cara mientras apoyaba el codo sobre su rodilla. Recorrió la mirada por la habitación, hasta donde su campo visual en ese momento le permitía. Los rayos del sol de la mañana entraban a raudales por la ventana, era una luz apagada pero que aún conservaba su brillo.
Apartó su mirada, y esta vez la llevó hacia el lado opuesto hasta detenerse a mirar la nada en frente de él. Abandonó la posición que había conservado hasta ese momento, bajando las rodillas y aflojando los brazos mientras subía la cabeza levemente. Sus movimientos parecían los de un niño perdido, y que recién despertaba para encontrarse en un lugar desconocido.
Se levantó de la cama al mismo tiempo que se llevaba una mano a la nuca, y no volvió a pasear la mirada por su alrededor. Ni siquiera para fijarse si todavía estaban sus cosas donde las había visto la última vez, o para buscar su calzado. Avanzó hasta la puerta con pasos lentos y cortos, casi arrastrando los pies. Pero más se acercaba, más nerviosa y menos acompasada su respiración se volvía.
Escuchó con mayor claridad el agua proveniente del baño, y abrió la puerta para encontrarse con una luz mayor que le hizo entrecerrar los ojos. Salió al pasillo e intentó ignorar las otras puertas bien cerradas, y los pequeños sonidos que podían o no provenir de adentro.
Siguió avanzando, y más avanzaba más rápido iban sus pasos. Sus pies descalzos no habían recibido bien el frío del suelo, pero no le había prestado atención, pasándolo casi desapercibido.
Bajó las escaleras con tal vez demasiada rapidez, y el sonido del bar, a pesar de no ser demasiado, lo aturdió por un momento haciendo que bajara la cabeza y apartara la mirada hacia algún lado vacío mientras seguía avanzando hacia la puerta. Aun fuera de la posada, y lejos de la gente, siguió sintiéndose aturdido.
Primero avanzó hacia un lado, pero se detuvo casi de inmediato para mirar hacia donde sus pies lo estaban dirigiendo. Frunció un poco el ceño, con un deje de confusión, y miró hacia sus dos lados mientras, sin darse cuenta, se llevaba una mano al cabello.
Dudó tan solo unos segundos hasta que volteó sobre sus tobillos y avanzó hacia el lado contrario al que se había dirigido en primer lugar. Y no se detuvo desde entonces, yendo con pasos veloces a pesar del frío del suelo contra las plantas de sus pies. Hacia el bosque. Hacia ningún lugar.

______


El agua resonaba contra sus oídos, golpeando su nuca y mojándola de pies a cabeza.
Cuando recién había entrado al baño, se había tomado su tiempo para desvestirse y bañarse. No se había fijado hacia dónde echaba la ropa, y ahora esta estaba esparcida por el suelo del baño, aunque este no fuese demasiado grande. Se había enjabonado y enjuagado con suavidad y lentitud, como si se tratara de una tradición a cumplir.
Pero de esto a ahora, había pasado ya un rato. El suficiente como para no preocupar a nadie, pero también para poder estar consigo misma sin que nadie la escuchara.
Había dejado que el agua de la bañera se llenara a su gusto, mientras desde la ducha se seguía mojando e interrumpiendo cualquier tipo de pensamientos que tal vez podría llegar a tener. Su cabello rosa caía como una lluvia sobre su pecho y hombros, y con la cabeza gacha parte de su pelo le tapaba el rostro.
Sentía el cuerpo pesado y cansado, e incluso le dolía un poco. Tal vez porque no había descansado esa noche después de lo ocurrido y todavía seguía demasiado abrumada, o porque había pasado demasiado tiempo usando su poder para darles una noche de paz. O tal vez por ambas cosas.
Sin embargo, no se arrepentía de ello y no hubiese hecho nada distinto. Sabía que su descanso podría venir después. Un poco más tarde, pero un descanso al fin y al cabo.
Ahora mantenía los ojos cerrados, notaba que sus manos temblaban un poco pero ignoró esto siendo que nadie la veía. Tal vez si estaba demasiado abrumada. Se sentía como en la calma después de la tormenta. Pero a pesar que parecía que todo había terminado y ahora solo debían aguantar las secuelas, sentía que nada había acabado y todavía algo peor iba a ocurrir. Tal vez todavía estaba demasiado nerviosa.
Le dolió la garganta, y se mordió el labio desde adentro. Se quedó quieta por unos largos segundos hasta que subió la cabeza de a poco, se detuvo cuando el agua de la ducha empezó a caer sobre sus parpados. Había comenzado a llorar, y a pesar que el agua apaciguaba cualquier sollozo que podía escapársele, no abrió la boca y se quedó en silencio tan solo por si las dudas.
No calculó cuánto tiempo había pasado, pero no creía que había sido mucho cuando volvió a echar la cabeza hacia delante y se apartó el cabello de la cara con ambas manos. Abrió los ojos con dificultad, siendo que hasta hace tan solo un instante había tenido el rostro empapado de agua cubriendo las lágrimas. Pero en cuanto miró hacia abajo, una expresión de tristeza y de pesadez le cubría el rostro.
Miraba fijamente hacia sus piernas, con el agua llegando peligrosamente hasta el borde de la bañera. Y no supo demasiado bien qué era lo que sentía en ese momento, y tampoco pensó demasiado en ello para descubrirlo. Un tanto temerosa sobre lo que podía ser.
Con movimientos lentos y suaves, llevó una mano hacia la pared y la otra la extendió hacia un lado. Deslizo la mano contra la pared hasta quedar de rodillas en la bañera, e impulsándose con la otra mano que sostenía el borde, volteó para quedar de frente a la ducha aunque ahora recostada en el agua. Se soltó y se llevó ambas manos a la boca al mismo tiempo que inspiraba aire y lo contenía para hundirse por completo.
Y allí dejó que sus manos flotaran a sus lados bajo el agua y su cabello se esparciera alrededor de su cabeza.


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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por susie el Lun Dic 26, 2016 8:11 am

Exhaló únicamente para poder ver el vapor que su aliento formaba debido al fresco aire de ese helado amanecer.
Siguiéndole el paso a su hermano a través de las calles del pueblo, Max finalmente comenzó a temblar producto del frío que su cuerpo sentía.
El pelirrojo deseó haber tomado un poco más de ropa o, al menos, haber dormido con prendas menos ligeras antes de abandonar la posada. Se molestó por no haber pensado en que, tan pronto como despertase, iba a tener que correr detrás de su hermano para no perderlo de vista. Y también se molestó ligeramente con Shun por ni siquiera haberle dado el tiempo necesario para cambiar lo que llevaba puesto por algo que le abrigara lo suficiente ahora que las sabanas no le arropaban ni protegían del frío.
Max se cruzó de brazos para intentar mantener un poco más de calor corporal y miró de reojo a su hermano mayor. Este, en completo silencio, había adelantado unos pasos más que él durante la breve distracción que sus pensamientos le habían provocado.
Shun se detuvo entonces y giró levemente para poder mirarlo.
Max creyó que el hombre iba a decirle algo, pero al verlo girarse nuevamente y seguir caminando supo que se había equivocado.
Tuvo que contener una exclamación de profunda decepción y resignarse a alcanzarlo una vez más.
Posicionándose a su costado, Max pensó que inclusive un extraño podría notar que algo no estaba marchando bien con Shun.
El menor había descartado rápidamente la posibilidad de encontrarse errado, puesto que sabía que cualquier integrante del Aurum que hubiese permanecido cerca de su hermano durante un corto tiempo, se había percatado de lo mismo que él.
Desde el día anterior, hubiese preferido no notarlo, había una agobiante inquietud dominando a Shun.
Max intuía que Shun trataba de ocultar la forma en que se sentía, sin mucho éxito en realidad, para no preocuparle. Pero a él le resultaba imposible no ver como la mirada del mayor iba de un lado a otro inclusive al estar dentro de una habitación cerrada.
Los ojos de Shun seguían el ruido repentino con oculta paranoia y, ocasionalmente, también seguían el silencio cuando este se prolongaba demasiado.
Max lo había visto adoptar esa actitud desde el momento en que se había enterado de que, de alguna u otra manera, sus captores habían logrado escapar. Y estaba seguro de que Shun buscaba disimuladamente a sus alrededores porque no se sentía tranquilo y porque pensaba en la posibilidad de que alguien todavía lo acechaba a él y a los demás.
Max trató de calmar su inquietud en más de una ocasión, pero Shun siempre negó encontrarse alterado.
Y mirándolo ahora, lejos del resto de la tripulación, Max sintió con mayor fuerza el descontrol del hombre.
El menor suspiró y trató de no pensar en que Shun creía que en cualquier momento voltearía a mirarlo y no lo encontraría más a su lado.
Se sintió cansado y frustrado por tener que lidiar con ese tenso sentimiento que le provocaba estar cerca de él.
Max lo miró y pensó nuevamente en que quería respuestas, pero supo cuan inútil y desastroso sería pedirlas a alguien que no parecía estar dispuesto a darlas.
El pelirrojo sabía que debía tragarse sus dudas, por mucho que le pesara, hasta que Shun estuviese un poco más calmado.
Max notó una pequeña mueca en el rostro del mayor y observó cómo sus ojos seguían el sonido de algo rompiéndose.
Mirando hacia donde Shun lo había hecho, Max encontró los pedazos de una pequeña maceta sobre el suelo y a una mujer agachándose para limpiar el desastre que el objeto había hecho al quebrarse.
Max se fijó en Shun de reojo, impaciente por verlo ir a ayudar a la mujer tal y como haría normalmente. Sin embargo, únicamente lo vio fruncir el ceño durante unos segundos para después terminar por ignorar lo sucedido y continuar su camino.
Mordiendo ligeramente su labio, el pelirrojo menor evitó replicar y decidió seguirlo, sin poder evadir la vergüenza por no haberse quedado a ayudar.
—Shun —dijo en voz alta tras alcanzarlo una vez más. Los ojos de Shun le buscaron inmediatamente—, ¿qué estamos haciendo aquí? ¿Por qué estamos dando vueltas por este pueblo en lugar de estar en la posada con Haniah y los demás?
Max apenas notó la diminuta y un tanto forzada sonrisa que Shun hizo ante sus palabras y frunció su ceño al verlo comenzar a quitarse la chaqueta que llevaba puesta.
—Ten —respondió el mayor, extendiendo la prenda hacia las manos de su hermano—. Estás temblando.
Max tomó la chaqueta por inercia antes de que esta cayera después de que el mayor la soltara.
Reconoció un gesto protector en la acción de Shun pero a la vez detectó una evasión clásica de Haniah.
Se sintió desconcertado y molesto por ello.
—Responde lo que te pregunté, Shun.

::::

Si hubiera podido escoger, habría preferido no mirar a Jacob marcharse de la posada.
O mejor aún, haberlo encontrado tan pronto como decidió ir detrás de él.
Shisui apresuró el paso a través de las calles, y al no encontrarlo inmediatamente se reprochó por el breve instante de duda que había tenido antes de elegir abandonar su asiento y levantarse para seguirlo.
Comenzando a desesperarse con rapidez por no encontrarlo, Shisui trató de calmarse al recordar que no era la primera vez que Jacob se alejaba solo y desaparecía por unas horas antes de regresar.
Sin embargo, no tuvo éxito en ello y notó su exasperación ir en aumento al no hallar ni un rastro que le indicara hacia dónde dirigirse para localizarlo.
Shisui supo que no debería preocuparse de la manera en que lo estaba haciendo, pero no podía evitarlo en esa ocasión. Y evitó la maldición que trepó por su garganta al entender que estaba relacionando patética e injustificadamente la falta de rastro de un amigo con Daván. Se sintió estúpido por mezclar dos acontecimientos que en ese momento no podían estar relacionados.
Daván realmente se había marchado y Jacob siempre solía desaparecer de esa manera.
Daván no lo estaba ocultando como había hecho con Shun y Haniah y él era un idiota por pensar en ello a pesar de saber que las posibilidades eran completamente nulas. ¿O acaso era aún más idiota por creer que las posibilidades eran realmente nulas?
Shisui subió a un techo únicamente para poder buscar más fácilmente al castaño.
Mientras subía, pensó en lo aturdido que le había parecido percibir a Jacob al momento de verlo abandonar el lugar con bastante rapidez. Y pensó en que todavía no sabía qué tanto se había involucrado su compañero con lo sucedido el día anterior.
Esperó que no hubiese sido demasiado.
Deseó que hubiese sido completamente nada.
Shisui recordó la manera en que Haniah había relacionado a Alex y a Ayami con lo que Zero les había hecho. Y se preguntó torpemente si Jacob, siendo el hermano de Alex, había llegado a relacionarlo también.
Y volvió a desear que el castaño se hubiese mantenido completamente al margen de lo que Zero había causado.
Shisui se detuvo al borde del techo y pasó al siguiente al no poder ver a Jacob desde su posición actual.
Tratando de concentrarse únicamente en encontrar a su compañero, empezó a ahuyentar el resto de los pensamientos.
Pero ahora, tras una noche de entero descanso, su mente se encontraba más activa de lo que había estado el día anterior. Debido a ello le resultaba difícil vaciar su mente.
Pensó que habría sido más fácil quedarse dormido en lugar de levantarse de la cama.
O que habría sido mejor hablar con Ayami antes de irse a tratar de hacer algo, por más mínimo que fuera, para sentir que no estaba siendo una molestia.
Para sentir que podría compensarlos a todos por el desastre que había provocado.
Notando la frustración crecer en su interior por no encontrar a Jacob, Shisui se detuvo una vez más.
Se preguntó si Ayami estaría despierta para ese entonces. Y poco después se cuestionó si era justo que él hubiese logrado conciliar el sueño existiendo la posibilidad de que los demás no hubiesen podido hacerlo.
Shisui llevó una mano al bolsillo de su chaqueta y se sintió como un extraño al no encontrar el anillo dentro.
Recordó el iluso momento en el que, al despertar el día anterior, creyó que lo había perdido.
Automáticamente sintió la vergüenza de haber arruinado lo que tanto había planeado con anterioridad. Y, encima, sintió la vergüenza de no haberse encontrado lo suficientemente estable para aclarar el asunto con Ayami tan pronto como la había visto.
Shisui avanzó a un último techo antes de encontrarse en la necesidad de rodear o de bajar para poder pasar al techo del próximo callejón.
Suspiró sabiendo que a esas alturas no podría encontrar a Jacob.
Pero insistió en calmarse con la idea de que nadie iba a hacerle daño.
Nadie iba a hacerle lo mismo que a Haniah y a Shun.
Finalmente, cuando sus pies tocaron el suelo de la calle, Shisui soltó una maldición.
Se sentía terriblemente irritado por la forma en que su mente estaba siendo atiborrada de pensamientos que entraban y salían sin orden alguno.
Él sabía que tenía que ordenarse un poco. Y no sólo para ayudarse a sí mismo, sino también para no volverse una molestia hacia los demás.
Shisui miró por sobre su hombro el camino por el que había venido y pensó en que, si tenía que dar explicaciones, debía darlas ahora.
Primero a Ayami y después a los demás.
Primero a Ayami.
Regresó a la posada y esperó que Jacob regresara pronto también.
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Re: Rol Pirata: Season 2

Mensaje por Ayashi el Lun Dic 26, 2016 9:12 pm

La gitana cubrió su boca con la mano en un intento por dejar de reírse, sabiendo que el sapo rey terminaría por enojarse aún más de continuar la burla. Por otro lado, la risa le había servido para relajarse un poco más, liberando algo de tensión contenida.
Por el rabillo del ojo pudo notar que Akamaru ya había reanudado su juego con las ardillas, correteando por el claro como si nada particular hubiese pasado.
Percibiendo la mirada King encima suyo, decidió que era el momento de hacer algo positivo por el pobre rey que le había acompañado de tan buena manera al bosque aquella manera.
Sus orejas se movían de un lado a otro mientras avanzaba hacia él, logrando captar el sonido del agua correr en los alrededores, lo que le hizo suponer que debían de estar cerca del río.
-Estás sucio, sapito –exclamó, resaltando lo obvio -. Hay un rio por aquí ¡Podemos bañarnos allí! –dijo, al tiempo que tomaba a King entre sus manos y comenzaba a caminar en dirección donde escuchaba el agua.
Akamaru, al verlos alejarse, se apresuró en seguirles el paso, llevando consigo a algunas ardillas que habían subido a su lomo y cabeza.
-¿Dónde van? –preguntó.
-¡Al río! Estamos sucio, Aka, tenemos que bañarnos – respondió con obviedad. Sin embargo, al darse cuenta que no habían llevado nada para aquella tarea, se detuvo en seco -. ¡Toallas y jabón! ¡Sapito, no avisaste que teníamos que traer eso! –le reclamó a King, como si este hubiese tenido que saber que iban a terminar bañándose a mitad del bosque -. ¡Iré a buscar eso! Aka, quédate aquí. Sapito, vigila a las ardillas.
Apenas terminó de hablar colocó al sapo sobre la cabeza del enorme perro, para luego salir corriendo a todo lo que daba en dirección al pueblo.
-¡Te traeré toallas de seda, sapito! –fue lo último que gritó antes de desaparecer entre los árboles, dejando a Akamaru y King varados en aquel lugar, rodeados de innumerables ardillas.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Sentía pesadez en su cuerpo, todavía con cierta somnolencia y apatía por levantarse a pesar de que llevaba despierta por un largo rato. El sueño le había abandonado casi por completo en cuanto había sentido que se encontraba sola en la cama, la ausencia de Shisui evidente en la habitación.
Sin embargo, no había encontrado la suficiente voluntad para levantarse en aquel instante, entrando y saliendo del sueño cada pocos segundos luego de eso, pero sin llegar a volver a dormirse por completo.
En algún punto, supo que Shun había entrado a la habitación puesto que lo escuchó a hablar con Jade, más no entendió del todo lo que decían. Cuando escuchó la puerta abrirse nuevamente, fue que abrió los ojos por primera vez, alzando ligeramente la cabeza tan solo para alcanzar a ver a la peliazul salir de la habitación.
Volvió a recostarse luego de eso, sintiéndose demasiado cansada como para ir a averiguar si había ocurrido algo. Había dormido bien, demasiado bien en comparación a las ultimas semanas, puede que meses; pero aún no estaba lista para levantarse aquella mañana. No aún.
Después todo, si algo hubiese ocurrido, ya los hubiesen avisado ¿No?
No supo cuánto tiempo pasó luego de eso, Ayami tan solo permaneció quieta en un lado de la cama, sumida en sus pensamientos mientras pensaba en todo y en nada a su vez.
No fue sino hasta que escuchó a Luka hablar, su voz ligeramente ronca por el sueño, que concluyó que era el momento de enfrentarse al día.
-Eh, Kaoru ¿Qué tal el sueño? –inquirió el hombre -. ¿Dormiste bien? No sé tú, pero yo caí como un bebé –sonrió ligeramente, mientras le miraba.
Había notado de inmediato el momento en que el albino se había despertado, siguiendo sus movimientos por el rabillo del ojo hasta que finalmente se había detenido. No supo distinguir a ciencia cierta la emoción que cubría el rostro de Kaoru cuando este posó su mirada sobre Haniah, pero al rubio no le inspiró nada bueno, por lo que decidió intervenir al momento, intentando alejarle de cualquier pensamiento negativo que pudiese asaltarle.
En ese momento Ayami se incorporó colocando los pies fuera de la cama, en el frío suelo, mientras pasaba una mano por sus cabellos. Curiosamente, en aquel momento cayó en cuenta que estos ya habían comenzado a crecer nuevamente, sintiéndolos más largos y ligeramente disparejos en las puntas. Aquello, en cierta manera, le hizo sentir el peso del tiempo con más fuerza.
Su mirada se cruzó brevemente con la de Luka, ambos intercambiando ligeras y rápidas sonrisas de saludo, antes de continuar mirando a su alrededor. No se le pasó por alto el hecho de que Jade se encontraba nuevamente allí y sintió curiosidad por lo que había sucedido anteriormente con Shun.
No mencionó nada al respecto, y en cambio terminó por levantarse, teniendo como único objetivo ir en busca de Shisui, sintiéndose repentinamente ansiosa por no verlo.
Escuchó a Luka decirle algo más a Kaoru a modo de broma sobre que estaba asfixiando a Kyo, antes de que terminará de salir de la habitación.
Se sobresaltó enormemente cuando iba a mitad del pasillo, siendo que precisamente Zeink apareció de la nada en el lugar, lo que causó que la mujer tropezará con él.
El neko fue rápido en tomarla de brazo para estabilizarla y evitar que cayera.
-Lo siento –murmuró.
-No hay problema –respondió, su vista se fijó entonces en la enorme bolsa que llevaba el hombre. Ayami arqueó una ceja ante eso -. ¿Andabas de compras acaso?
Zeink le soltó entonces.
-Algo así… supuse que ninguno había desayunado aún –dijo, revisando los contenidos de la bolsa.
Ayami no pudo evitar sonreír mientras observaba al neko. Su expresión era seria y resguardada como siempre, pero para alguien como ella que le conocía muy bien, era evidente la preocupación que se reflejaba en su mirada. No le sorprendería el saber que el neko seguramente llevaba horas meditando que hacer y cómo actuar. La comida era solo una muestra de ello.
Zeink le extendió dos recipientes, por lo cual ella le miró extrañada.
-Vas en busca de Shisui ¿No es así? –afirmó el mayor.
La mujer se sonrojó ligeramente antes de asentir y aceptar la comida. Sin decir nada más, Zeink entró a la habitación donde se encontraban los demás. Ayami continuó de largo también, bajando las escaleras hacia el bar en busca del albino.
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